Shira ame ni hashirikudaru ya take no ari
Lluvia vespertina:
Las hormigas bajan corriendo
de los bambúes.
Jôsô
El toque de Zen aquí está en lo inexpresado y, por consiguiente, en el sentimiento más conmovedor de la unidad de nuestra vida con la de la naturaleza. Esto se siente en el atropellado descenso de las hormigas por los troncos de los bambúes, las mismas hormigas que parecían haberse pasado el día subiendo por ellos.
Ari nagasu kodo no ôame to nari no keri
Arrecia más la lluvia,
arrastra
las hormigas.
Kuson
Más que una expresión de piedad por las hormigas, es una descripción de la lluvia de verano. Podemos decir lo mismo, incluso de la siguiente por Gyôdai:
Yukue naki ari no sumika ya satsukiame
No hay dónde ir…
El nido de las hormigas
bajo la lluvia estival.
Haari tobu ya fuji no susono no koie yori
Vuelan hormigas aladas,
desde la casita,
hasta el pie del Monte Fuji.
Buson
Este puede ser una reminiscencia de los comienzos de Sôshi. Las hormigas aladas, una casa pequeña, el Monte Fuji: he aquí una graduación del tamaño, una relatividad que muestra el sentido de la mera cantidad. En estos versos hay un misterio semejante al de Alicia en el país de las maravillas, pero no tan obvio.
Fuente:
R. H. Blyth: Haiku. Vol. III. Hokuseido, Tokyo, 1962.
versión libre: JB






