Un mango entre hojas secas

Un mango entre hojas secas

Hoy las hormigas

llegaron antes

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Balance anual

Balance anual.

Tras el discurso austero,

la recholata.

 

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Día de las Madres


Día de las Madres
Susurro esa canción
que le gustaba
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Tertulia de literatura y artes plásticas

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Haikus de Adviento

A la iglesia voy a cerrar los ojos. A esperar. El canto de los pájaros es aquí tan claro… Las puertas abiertas… pero ¿de dónde viene realmente?

Una llovizna que va y viene, mezcla de agua y nada.

Todo este silencio que guarda la bóveda de piedra. Tenue luz. La soledad de mi corazón que aguarda… ¿qué esconden? ¿con quién hablan los pájaros cuando callan?

Adviento. Con los ojos cerrados la claridad de una luz que se acerca. La mañana. El abrazo primero de un amigo que llega, de un hermano. El primer “te quiero” de quien ya me esperaba sin yo saberlo…

Quisiera gritar. Al aire libre, sin producir sonido alguno. Con todas mis fuerzas.

Pienso de pronto. Pienso sin saber por qué.

Encontrar en la soledad de todos mi propia soledad. Que su silencio sea mi silencio.

Haikus de mis amigos. Una lejana llovizna que cala sin mojar, hasta el tuétano. Mezcla de nada y silencio.

Recuerdo un haiku del entrañable Jorge Braulio

 

La luz del alba…

Un cuerpo que encontró

ya su silencio

 

Primer haiku de un calendario de adviento extraño y salvaje.

 

Felix Arce Araiz Mømiji

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Desde arriba

Desde arriba,

solo eso se construye:

trincheras, pozos…

Kaishi

 

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Haiku en Ítaca

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Taller de haiku: Senda del Sur

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Quedan pocos días para Ser Fuego-Luz

Recordatorio:

La fecha límite de envío al Concurso Ser Fuego-Luz es el 30 de junio de 2018 a las 12 de la noche.

Abrazos desde Alamar.

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El niño de las flores

En la montaña hay un niño loco que anda descalzo entre las piedras y el fango. Nadie sabe su nombre, si tiene familia o amigos. Se le puede ver entre las flores, zunzuneando en silencio, como perdido en su olor, en su tiempo. El tiempo de las flores es un no-tiempo, es un abismo dulce al que el niño loco le encanta asomarse y a veces dejarse caer. Dicen que anda con una libreta debajo del brazo y entre sus hojas rayadas guarda las flores que encuentra y cree que ha descubierto. Aunque ya existían la Rosa y la Hortensia desde hace miles de años, el niño de las flores cree que las ha encontrado por primera vez, que han nacido para él, y como buen descubridor les ha puesto nombres: Hortensia y Rosa.

Nadie por aquellos lugares se explica cómo hace el niño para nombrarlas, sin saber, con sus nombres. Él se queda un rato mirando las Orquídeas, se deja caer en el tiempo-abismo de las flores y les dice muy bajito: “se llamarán Orquídeas.” Entonces arranca una de ellas y la guarda en su libreta, como si le tirara una foto.

Va por la montaña el niño de las flores, descubriendo y nombrando maravillas. Se le ha visto caminar descalzo por Viento Frío, Dios Ayuda y Patana Abajo. Se despierta a esnifar gotas de rocío y come semillas de Cundiamor. Ha descubierto y nombrado las Dalias, las Azucenas, las Margaritas, los Marpacíficos, las Aves del Paraíso, las Magnolias y los Nomeolvides.

Y así se le ve entre los montes, inventando nombres que ya existen, saltando descalzo sobre las piedras del río, hundiéndose en el tiempo-abismo, descubriendo la vida entre las flores.

Isabel Cristina López Hamze

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