Category Archive: Por orden cronológico

Senryu de Año Nuevo

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Hace dos siglos, el pueblo de Edo llevaba una vida social y familiar plenas, en armonía con las estaciones y las correspondientes labores humanas. Cada evento u ocasión tenía su sabor, al cual el senryu añade su sazón especial. Podemos decir que quien ve y aprecia la vida anual del pueblo con ese ojo amorosamente malicioso, lo conoce mucho mejor que lo que él se conoce.
Aún existe en Japón la costumbre de trabajar tan poco como sea posible en Año Nuevo y tampoco discutir, reñir o apesadumbrarse en este día.

ANÓNIMO

Ganjitsu ni naku wa nanasai miman nari

El que grita en Año Nuevo,
aún no ha cumplido
los siete años.

***

ANÓNIMO

Ganjitsu no kogoto nama yoi nareba nari

¡Refunfuña
en Año Nuevo!
Aún está medio borracho.

***

ANÓNIMO

Ganjitsu ni ikeshâshâ to yamigaeri

Día de Año Nuevo:
el descarado
resucitó.

Cierto hombre simplemente no podía pagar sus deudas el 31 de diciembre, así que se fingió muerto. El acreedor no pudo cobrarle a la mujer que estaba simulando los alaridos. Pero al día siguiente, Año Nuevo, se encontraron y el acreedor gritó: “¡Pensé que estaba muerto!” “¡Así fue, pero resucité hoy!” Esta parece una historia improbable, pero tomando en consideración que ocurre en el período Edo y conociendo las costumbres de Año Nuevo, así como el carácter de los japoneses, no es del todo increíble.

***

ANÓNIMO

Ebisukô shigonichi hone wo shaburaseru

Fiesta de Ebisu.
Tendrán que chupar huesos
por varios días.

El 20 de enero, en las tiendas japonesas celebran la festividad de Ebisu, el dios de los negocios. Los tenderos hacen una fiesta para sus conocidos, familiares, clientes y criados. El amo no debe reñirles a éstos últimos en esa jornada. Durante los cuatro o cinco días que siguen a la fiesta, los criados tienen que comer las sobras de la comida.

Fuente:
R. H. Blyth: Japanese Life and Character in Senryu. Hokuseido Press. Tokyo, 1960
Traducción y selección: JB

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Milagros

Walt Whitman

Hace unos días, la entrañable haijin Mercedes Pérez publicó este mensaje en El Rincón del Haiku: Os comparto este poema de Whitman. Seguro que lo conocéis, pero no está de más recordarlo. Creo que tiene ese espíritu afín con el haiku. Os dejo el enlace de la página donde lo he leído.

Gracias, amiga, por compartir un texto tan hermoso.

***

MILAGROS

Por que hacer tanto alboroto por un milagro?
Yo sólo conozco milagros,
ya sea que camine por las calles de Manhattan,
o mire hacia el cielo por encima de los techos de las casas,
camine por la playa con los pies descalzos al borde del Mar,
o permanezca de pie, debajo de los árboles del bosque…
Observe a las abejas volando en torno de la colmena en el verano,
o a los animales que pastan en las praderas,
o las aves o la maravilla de los insectos en el aire,
o la maravilla de la puesta del sol,
o de las estrellas que resplandecen tan calladas y brillantes,
o la exquisita curva delicada de la luna nueva en primavera.
Estos y los demás, todos, son milagros para mí.
Todo está vinculado y sin embargo, cada cosa es diferente y ocupa su propio lugar.

Para mí cada hora de luz y oscuridad es un milagro,
cada centímetro cúbico de espacio es un milagro,
cada metro cuadrado de la superficie de la tierra contiene lo mismo;
cada fragmento de su interior bulle con lo mismo.

Para mí el mar es un milagro continuo,
los peces que nadan, las rocas, el movimiento de las olas,
las barcos y sus navegantes.
¿Es que existen milagros más extraños?

Walt Whitman
(1819 – 1892)

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Ya no está con nosotros Juan Carlos Flores

juan c flores 2

por Pablo Rigal

Ya no esta con nosotros Juan Carlos Flores, no era un poeta común, no solo escribía, vivia en la poesía como una orquídea rara y se adentraba en ella “como se adentra un santo en el nirvana, como se adentra un cuerpo en otro”. Poseía esa paradojica mezcla de lucidez y locura, que le daba un porte quijotesco, podía vivir en la conversación o en el silencio, pero siempre habia un verbo amenazando con salir y salir sin detenerse.

Su idea de la poesía es lo mejor que podemos compartir como una amable despedida, sin duelos ni tristezas, le sobrevive su poesía, era un ser humano singular del tipo que sabemos de paso, del que seguimos, donde quiera que esté.

Idea de la poesía

Tomada sea la muy púdica
no pedida sino tomada.
Convertida en cuerpo, en espejo,
es dos un hombre que se mira.
Convertida en árbol,
han de luchar la serpiente y el pájaro.
Convertida en relámpago, en muelle,
un niño tira de un cordel a la luna,
viene la madre y corta con tijera el cordel.
Si ascendemos la máscara, si descendemos el túnel.
No me encuentro, me busco, estoy ahumado.
La poesía en el duermevela
como el ave de la resurrección
a cada instante nace, se aniquila.
La palabra una mitad, el silencio la otra.
El poeta en una orilla, el escucha en la otra.
El poeta es el escucha, el escucha el poeta.
El acto poético es amor
y presupone una fe y una más allá,
sillar, isla que no se alcanza.
Adentrarse en la poesía.
Como se adentra un santo en el nirvana,
como se adentra un cuerpo en otro.
La libertad, timón hacia la poesía,
la poesía, timón hacia la libertad.
Agua y tierra y viento y fuego
es el poeta, es el escucha.
El sueño y la realidad dialogan, se rechazan
se engendran, se aniquilan:
una bocanada de luz, una paletada de tierra.
Intuimos a Dios y comenzamos a morir,
intuimos a la mujer y queremos la inmortalidad.
Me intuyo, luego soy poeta.
Te intuyo es una puerta, un vaso, si lloviera.
Qué cansancio en los ojos de perro,
una herida en el muslo y nos creemos dispuestos
para habitar nuevamente el paraíso.
Tomada sea la muy púdica
no pedida sino tomada.

El cadáver de un rey flota en el pasto.
Fuente: Cubaliteraria

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Azoro

Manuscrito_8

Tremendous trifles.
Chesterton

Cubre a tus hijos, parda palomita
silvestre y quieta y con tu ser entero
abrígalos del áspero aguacero
que si no estás, corriendo te los quita.
Temblando abres las alas y marchita
te estrechas a tu bien perecedero
mientras él pasa rápido y grosero
y a puñados la muerte precipita.
Qué sabe el dios del agua de tu pena,
de tu tibio, minúsculo tesoro
que más trémula guardas que serena.
Y allá va el regio, eterno meteoro
ciego en su majestad que es tan ajena
a la enorme minucia de tu azoro.

Eliseo Diego

Fuente:
Inventario de asombros, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1982.

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Hormigas

Ant on a Stone Mill

Shira ame ni hashirikudaru ya take no ari

Lluvia vespertina:
Las hormigas bajan corriendo
de los bambúes.

Jôsô

El toque de Zen aquí está en lo inexpresado y, por consiguiente, en el sentimiento más conmovedor de la unidad de nuestra vida con la de la naturaleza. Esto se siente en el atropellado descenso de las hormigas por los troncos de los bambúes, las mismas hormigas que parecían haberse pasado el día subiendo por ellos.

Ari nagasu kodo no ôame to nari no keri

Arrecia más la lluvia,
arrastra
las hormigas.

Kuson

Más que una expresión de piedad por las hormigas, es una descripción de la lluvia de verano. Podemos decir lo mismo, incluso de la siguiente por Gyôdai:

Yukue naki ari no sumika ya satsukiame

No hay dónde ir…
El nido de las hormigas
bajo la lluvia estival.

Haari tobu ya fuji no susono no koie yori

Vuelan hormigas aladas,
desde la casita,
hasta el pie del Monte Fuji.

Buson

Este puede ser una reminiscencia de los comienzos de Sôshi. Las hormigas aladas, una casa pequeña, el Monte Fuji: he aquí una graduación del tamaño, una relatividad que muestra el sentido de la mera cantidad. En estos versos hay un misterio semejante al de Alicia en el país de las maravillas, pero no tan obvio.

Fuente:
R. H. Blyth: Haiku. Vol. III. Hokuseido, Tokyo, 1962.
versión libre: JB

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Asombro

eliseo-diego

Me asombran las hormigas que al ir vienen
tan seguras de sí que me dan miedo
porque están donde van sin más preguntas
y aunque asomos de vida son perfectas
si minúsculas máquinas que saben
el dónde y el adónde que les toca
y a la muerte la ignoran como a nada
si no fuese tan útil instrumento
con que hacer de lo inerme nueva vida.

Pero aunque agrande su minucia viva
el azoro redondo en que las miro
y me apena que no se sepan nunca
tal como son en su afanarse oscuro
ya tan inmemorial como la Tierra

más me asombra mi pena y me convence
de que saberse el ser bien que la vale
aun cuando el precio sea tan alto como
el enorme silencio de allá afuera.

Eliseo Diego

Este poema forma parte del libro Aquí he vivido, Ediciones Especiales, Instituto Cubano del Libro, 2000.
Eliseo Diego: (La Habana, 2 de julio de 1920 – México D.F, 1 de marzo de 1994). Poeta, escritor y ensayista cubano, considerado uno de los más grandes poetas de Latinoamérica. Fundador de la Revista Orígenes. Realizó traducciones y versiones de las más importantes figuras de la literatura infantil en el mundo. Obtuvo en 1986 el Premio Nacional de Literatura por el conjunto de su obra y recibió, en 1988 y 1989, el Premio de la Crítica. En 1992 la Universidad del Valle, en Cali, Colombia, le otorga el Doctorado Honoris Causa. En 1993 recibe Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo.

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Hierbas al sol

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Hierbas al sol
Un frailecillo pía,
el otro escarba

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Abbas Kiarostami

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Anteayer falleció el director de cine iraní Abbas Kiarostami (Teherán, 22 de junio de 1940-París, 4 de julio de 2016). Entre las muchas facetas de su quehacer creativo escribió breves textos, asombros en los que se transparenta una profunda afinidad con el haiku japonés. Como homenaje a este gran ser humano, susurremos esta selección de sus poemas, publicada hace ya varios años en El Rincón del Haiku:

Un potrillo blanco
viene de la niebla
y desaparece
en la niebla

Los polluelos de un día
experimentaron
la primera lluvia de primavera

Salta y se posa
se posa y salta
el saltamontes
en una dirección que sólo él sabe

Seis monjes bajos
caminan
entre altos plátanos

La voz de los cuervos

La araña
ha empezado su labor
antes de la salida del sol

La alfalfa esconde en sí
el rocío matutino

Las moscas
giran en torno a la cabeza de la yegua muerta
cuando se pone el sol

Ni este
ni oeste
ni norte
ni sur
Aquí mismo donde estoy de pie

En los juegos entre el niño y la abuela
siempre pierde
la abuela

En un templo
de hace mil trescientos años
la hora
siete menos siete

Mi sombra
me acompaña
en la noche de luna

La bignonia
se llena
de lluvia primaveral

El gusano deja
la manzana agusanada
por una nueva manzana

Las coloridas frutas
en el silencio de los vestidos de luto

Pensándolo bien
no comprendo la razón
de tanta blancura de la nieve

Fuente original:
Abbas Kiarostami: Compañero del viento. Ediciones del oriente y del mediterráneo. (Madrid, 2006)

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El cuidador de rebaños (1)

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                              XXV

Las pompas de jabón que este niño
juega a sacar de una pajita
son, translúcidamente, toda una filosofía.
Claras, inútiles y pasajeras como la Naturaleza,
amigas de los ojos y de las cosas, son eso que son
con una precisión redondita y aérea,
y nadie, ni siquiera el niño que las suelta
pretende que sean más de lo que parecen ser.

Algunas apenas se ven en el aire luminoso.
Son como la brisa que pasa y apenas roza las flores
y que sólo sabemos que pasa
porque algo se hace más ligero en nosotros
y acepta todo más nítidamente.

                  Alberto Caeiro

Fragmento de El cuidador de rebaños
Fuente: Ordoñez, Andrés. Fernando Pessoa, un místico sin fe. Editorial Arte y Literatura. La Habana, 2004.

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El espíritu de la naturaleza

RWEmerson

Para ser francos, pocos adultos son capaces de ver la naturaleza. La mayoría de las personas no ve el sol. Al menos, tiene una visión muy superficial de él. El sol ilumina únicamente el ojo del hombre, pero resplandece en cambio en el ojo y en el corazón del niño. El amante de la naturaleza es aquel cuyos sentidos interiores y exteriores aún siguen amoldados verdaderamente el uno al otro; aquel que ha conservado en su madurez el espíritu de la infancia. Su comercio con el cielo y con la tierra se vuelve parte de su diario sustento. Pese a sus reales tribulaciones, en presencia de la naturaleza, lo recorre un salvaje deleite. La naturaleza dice: He aquí mi criatura, y a pesar de sus impertinentes aflicciones, conmigo estará contenta. No sólo el sol y el verano, sino cada hora y cada estación del año rinden su tributo de goce; pues cada hora y cada cambio, desde el sofocante mediodía hasta la noche tenebrosa, corresponden a un distinto estado mental y lo avalan. La naturaleza es un escenario que se adapta igualmente bien para una pieza cómica o trágica. Cuando uno está sano, el aire es un licor de increíbles virtudes. Cruzando sobre la nieve fresca un campo despoblado, bajo un cielo nuboso y crepuscular, y sin que me viniera a la mente ningún augurio particularmente bueno, sentí una exaltación perfecta, un contento lindante con el temor.

Ralph Waldo Emerson
El espíritu de la naturaleza

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