Un buen día otoñal:
el humo de algo
subiendo al cielo.
Shiki
Hay un misterio en el humo. Ese -imagino- es uno de los placeres de fumar tabaco. A medida que asciende hacia el cielo otoñal su leve color azulado -el color del infinito y de la eternidad- nuestra mente se eleva con él. Pero hay un misterio tambien en su origen. ¿Qué es eso invisible que arde? ¿Quién lo hace arder?
Fuente:
R. H. Blyth: Haiku. Vol. III. Hokuseido. Tokyo, 1962
versión libre: JB
Tras apearme del caballo,
pregunto el nombre del río:
viento otoñal.
Shiki
Estos versos parecen un fragmento de un poema chino. Los japoneses, sin embargo, tienen el genio de ver que la parte es a veces más grande que el todo. Pero se necesita cierta dosis de preparación física y mental si se trata, por ejemplo, de aprehender algo de la naturaleza del viento otoñal. Cabalgando por el campo, el poeta llega a un río caudaloso. Se baja del caballo y lo guía para preguntarle a un hombre cuál es el nombre del río. Se lo dicen, pero lo que le impresiona no es el nombre o la persona que se lo dice, sino el viento que sopla por la orilla del río, rizando el agua y ondulando la crin y la cola del caballo parado mansamente. Ese es el viento de otoño.
Fuente:
R. H. Blyth: Haiku. Vol. III. Hokuseido. Tokyo, 1952
Versión libre: JB
El Valle Encantado es una zona de la Reserva Forestal de Valle Nuevo y del Parque Nacional Juan B. Pérez Rancier, en la Cordillera Central de República Dominicana, relativamente cerca de la ciudad de Constanza. Muchas cosas se dicen de este lugar, entre estas que allí las personas pueden desaparecer.
Valle Nuevo en realidad son dos valles cubiertos de pajones y rodeados de bosques de pinos y altas montañas, donde un cielo regularmente azul domina un surtidor de niebla.
Lugar sagrado de la cultura taína, era residencia de Yocahú, el cemí más venerado, cuando cada 300 años venía a visitar a su pueblo.
Hay cosas maravillosas en el Valle Encantado. Pero también es suficiente con la travesía a pie para llegar, el bosque, la temperatura, los senderos y antiguos caminos, el río Nizao que allí nace y el silencio en cuyo firmamento los sonidos adquieren un matiz extraordinario.
En sucesivos viajes al lugar he escrito los tankas que hoy les presento.
*
Voces de pinos
desde las altas cumbres
llenan el bosque.
Como guía en la senda
restos de una fogata.
*
De esta agua clara
de un río que no suena
entre pajones,
déjenme disfrutar
bajo el límpido cielo.
*
En algún sitio
más allá de la niebla
y el gran frío,
canta, canta el jilguero
sin que nadie lo vea.
*
Flauta de niebla
han llamado al jilguero,
en el verano
su cantar es prodigio,
su silencio también.
*
En el silencio
de una noche apacible
de vez en vez
del arroyo cercano
el rumor del agua.
*
Valle Encantado.
Esencias del pinar
llenan mi vida
y este silencio vivo
como agua que no suena.
*
A mis cincuenta
y ocho años visité
Valle Encantado.
Ay, volver a sentir
el olor de sus pinos.
Sobre la hoja de loto,
el rocío de este mundo
se distorsiona
Issa
Aquí se expresa la visión que tiene Issa de la vida, su visión del mundo. Por su naturaleza, el rocío es perfecto; mas cuando cae sobre la hoja de loto, pierde su esférica belleza y yace retorcido y deformado. Este es el concepto o, mejor dicho, la intuición fundamental del Budismo Mahayana, según la cual la bondad del hombre es original, no con el tiempo, sino en esencia, por su propia naturaleza.
Fuente:
R. H. Blyth: Haiku. Vol. III. Hokuseido. Tokyo, 1962
Versión libre: JB
En el altar,
en el sitio de honor,
chirría el grillo.
Issa
El tamadana es una especie de anaquel que se coloca frente al altar budista en el tiempo de Ullabon, el Día de Todas las Almas. Una estera junco se despliega y sobre ella se colocan, como ofrendas, distintas hierbas de otoño.
Por casualidad, hasta allí saltó un grillo y, una vez ocupado el lugar principal, está chirriando sosegadamente, para sí mismo. Issa sabía que el gritar de los grillos y el chirriar de los hombres son lo mismo: también sabía que son diferentes. Es en esta región donde la identidad es diferencia, en esta diferente identidad, donde yacen la religión y la poesía.
Fuente:
R. H. Blyth: Haiku. Vol. IV. Hokuseido. Tokyo, 1951.
Versión libre: JB