He aquí una habanera compuesta por Miguel Matamoros, músico genial que nació en Santiago de Cuba el 8 de mayo de 1894. Tras su deceso, el 5 de abril de 1971, nos legó obras que forman parte indisoluble del imaginario poético y musical de los cubanos.
***
Mariposita de primavera,
alma con alas que errante vas
por los jardines de mi quimera
como un suspiro de amor fugaz.
Cuando te alejes a otras regiones
llévale un ruego de adoración
a la que un día me dio ilusiones
que se trocaron en decepciones
que hoy llevo dentro del corazón.
Yo quiero verla para besarla
como esos besos que, tú a la flor,
das cuando quieres la miel robarle
para embriagarte cual yo de amor.
Mariposita de primavera,
alma con alas si es que la ves
dile que torne mi compañera
a los jardines de mi quimera
donde no vuelvas jamás tal vez.
El largo día
no le basta a la alondra
que canta y canta…
Bashô
La alondra no canta siguiendo las normas del Sindicato. Este es el Zen de la alondra, visto por un niño, en una vaca:
A la vaca rojiblanca,
amo con el corazón:
me da toda la nata que puede
para el pastel de manzanas…
Desde el claro amanecer que oculta las estrellas hasta la noche púrpura que las revela una vez más, la alondra canta, canta. Su avidez por cantar está expresada en estos versos de Issa:
Yabujiri wa mada kurai zoyo naku hibari
Canta una alondra.
Donde termina el bosque
aún está oscuro.
Otro de Issa con significado similar:
Ariake ya ame no naka yori naku hibari
Amanecer…
Una alondra cantando
en medio de la lluvia.
Comparemos los versos de Bashô con los de Dante (Paradiso, XX, 73-75):
Qual lodoletta, che in aere si spazia prima cantando, e poi tace, contenta dell’ultima dolcezza che la sazia.
Como la alondra que en el aire se explaya
Cantando y luego calla, feliz
De la última dulzura que la sacia.
Fuente:
R. H. Blyth: Haiku. Vol. II. Hokuseido. Tokyo, 1950
Versión libre: JB
El clima en las islas de eterna primavera, en realidad tiene dos períodos bien diferenciados: el de las lluvias y el tiempo de sequía.
La mayor parte del año la lluvia está presente en sus diversas manifestaciones. La de abril y mayo es una bendición. En verano y otoño una exageración, sobre todo si viene acompañada del viento concéntrico, huracán o tormenta, que daña los cultivos y las casas y la vida de los más pobres. La de diciembre y enero es mansa y pasa desapercibida en medio de las fiestas de fin de año.
El día exacto en que deja de llover nadie lo sabe, pero es en marzo que nos damos cuenta de que en el campo la tierra está agrietada, los humedales están secos y la yerba se ha tornado de un color rojizo.
Tiempo difícil para el ganado suelto en los potreros, por la escasez de agua y de alimento. En las montañas los pinares y los pajonales de los valles, también los campos sembrados de caña en la llanura, de cualquier cosa se incendian, azuzados por un viento de cuaresma que en los pueblos levanta en remolino el polvo y la basura de las calles.
Y marzo suele ser largo, largo. Tal vez porque promete primavera.
Que todo pasa
les recuerda el anciano
en la sequía.
Rafael García Bidó (Santo Domingo, República Dominicana)
La villa de San Antonio de los Baños se fundó en 1794, por aquellas fechas el 80 % de los bosques de Cuba aún estaban en pie; por lo que presumiblemente las regiones colindantes al recién fundado pueblo poseían todavía extensos montes, esto a pesar de las talas que se habían efectuado para la construcción de casas, barcos, fortalezas y hasta palacios.
En 1889, noventa y cinco años después, se publica el relato “Un paseo por el Río Ariguanabo” de Julio Rosas (Francisco Ruíz de la Puente, 1837-1917), basado en el recorrido que efectuaron, por las aguas del Río Ariguanabo, varios jóvenes ariguanabenses en 1889. Este escrito, con una narración romántico-costumbrista salpicada de temas políticos y patrióticos, apareció en dos partes, 1889 y 1890, en el semanario “La joven Cuba”, impreso en la imprenta La Protección radicada en San Antonio de los Baños. Es un documento, casi inédito[1], y tiene el valor de describir las incidencias geográficas, botánicas y zoológicas de las márgenes y aguas de este río a finales del siglo XIX, además de que ha resultado ser la primera crónica que trata de una excursión naturalista en nuestros predios ariguanabenses. En la segunda mitad del siglo XIX Cuba aún conservaba el 60 % de su cubierta boscosa y su flora y fauna originales apenas comenzaban a sufrir los embates de la civilización.
Arriero
Bijirita común
En el grupo de jóvenes iba (real o metafóricamente, pues no lo sabemos a ciencias ciertas…) una joven, camagüeyana de origen, llamada Amada Libertad quien conversa con los otros jóvenes sobre lo que van observando en el viaje. Lo curioso e interesante es el estado de las aguas por aquel entonces, limpias y cristalinas.., el número de especies citadas de la flora y la fauna, hoy raras o ausentes; en especial las aves que con su canto y presencia alegraban el recorrido.
Totí
Cabrero
Y es por ello que me remito a las aves, pero ya en el siglo XX, en la década de los 50´s cuando era un niño y ya el Río Ariguanabo no era lo que fue o había sido, modificado, contaminado y limitado por el hombre. Cuba con sus bosques de llanura desaparecidos y un área de bosques por debajo del 15 % y con notables extinciones en su flora y fauna.
Carpintero jabao
Recuerdo, que muy pequeño, acompañaba a mi padre, que con una jaula de trampa iba a la caza de algún azulejo o tomeguín de la tierra o del pinar, íbamos cerca de la boca que era el lugar donde se unían la laguna y el río de igual nombre. En aquella época en el patio de mi casa teníamos una jaula grande, que mi padre construyó, con varias especies de aves: azulejos, negritos, cabreros y ambas especies de tomeguines[2]. En San Antonio de los Baños, recuerdo también, que alrededor de 6 ó 7 personas se dedicaban a cazar y vender pajaritos, por lo que era frecuente ver jaulas en algunas casas y establecimientos comerciales. Esta costumbre, la de enjaular aves, nos viene de España, probablemente de los árabes[3], aunque en otras culturas también se ha practicado desde hace mucho tiempo.
Gorrión
En la actualidad nuestra villa es uno de los lugares de Cuba (al menos por mi experiencia personal) en el que ha proliferado esta modalidad de tenencia de aves; las jaulas de todo tipo y figuras proliferan en todos los barrios, comercios, puestos de ventas y es costumbre, en los juegos de beisbol, verlas colgadas en la gradería en medio de cualquier partido del equipo local. Sin temor a exagerar pudiera haber varios cientos de personas dedicados al comercio de estas aves, sólo en San Antonio de los Baños.
Gavilán de monte
Lechuza
Mariposa cubana
Y mi pregunta es: ¿pueden las diezmadas poblaciones naturales soportar semejante extracción?; he mencionado que diezmadas, pues en el siglo XIX aún disponían de más de la mitad de nuestros bosques para alimentarse, refugiarse y reproducirse, y la población de Cuba era muchísimo menor. En la actualidad, independientemente, de los planes de repoblación forestal de los últimos 50 años, nuestros bosques todos andan alrededor de un 20 %…, si sumamos a ello todo los otros factores negativos como las fumigaciones, tala indiscriminada y cacerías furtivas…el panorama es muy sombrío para las aves.
Ruiseñor cubano
Algunos defensores digamos que “románticos” de esta nociva práctica aluden los posibles aspectos culturales de la misma, pero la historia nos ha enseñado que muchas “prácticas culturales” han sido abandonadas, por muchas sociedades, cuando las mismas tienen efectos negativos.
Sijú platanero
En la actualidad los que se dedican a la captura de las aves han comenzado ha utilizar las técnicas más sofisticadas de los ornitólogos[4]como son las redes de niebla japonesas (que atraviesan en un sendero del bosque y atrapan, prácticamente, a todas las aves que por ahí pasan). Ya no se contentan con las jaulas de trampas. El número de especies también ha aumentado, ya no son sólo los tomeguines, negritos y cabreros, ahora deben sumarse, los aparecidos de San Diego, degollados, azulejos, mariposas[5], cateyes, cotorras, sinsontes, ruiseñores; varios de éstos endémicos y en peligro de extinción.
Tocororo (ave nacional)
A partir de 1984 con un grupo de colegas hicimos una lista de las aves vistas o residentes en nuestro territorio (principalmente el NE del municipio en áreas del bosque marginal del Río Ariguanabo y arrojó la cifra de 106 especies, nada excepcional, pero tampoco despreciable). Esta zona, se sabe, es un sub-corredor migratorio, por donde, cada año, cruzan miles de aves con dirección el Sur desde mediados de Agosto y al Norte desde principios de Marzo, por ello hay algunos notables registros en nuestro territorio.
Zorzal
Hace algunos años para el Atlas Geográfico de San Antonio de los Baños, me pidieron una descripción sintética de la fauna del municipio y se las transcribo:
“ La fáunula[6] registrada para las zonas aledañas al Río Ariguanabo, en algunos grupos diagnóstico, comprende: 315 especies; con 70 especies endémicas nacionales y 5 endémicos locales, lo que es notable. Se han registrado 15 especies de mamíferos, mayormente murciélagos; 106 de aves. En los invertebrados destacan las mariposas diurnas con 49 especies y las arañas con 102 especies. Puede considerarse que esta faúnula tiene un carácter de relicto o refugio, ya que es el remanente de los bosques de llanura que existieron 200 años atrás; su relación espacial es francamente occidental, como parte de la unidad biogeográfica que comprende la Llanura Centro-Occidental.”
Zunzuncito
La cultura toda de nuestra villa ha estado ligada a este accidente geográfico que es el Río Ariguanabo, no debemos ni podemos olvidar eso.
San Antonio de los Baños
Marzo 19, 2015.
[1] En el 2008 el historiador de San Antonio de los Baños, José Miguel Delgado, me dijo si yo conocía la referencia de este relato que aparecía en el Diccionario de la Literatura Cubana (1984) del Editorial Letras Cubanas, consultado el diccionario traté de buscar el escrito de Rosas en diferentes bibliotecas de La Habana y San Antonio de los Baños, con resultados negativos, algún tiempo más tarde, investigando en internet encontramos que la biblioteca Houghton de la Universidad de Harvard en Estados Unidos, en su colección de historia y literatura cubanas, tenía una copia de la segunda parte publicada en 1890. Algún tiempo después, ya en el 2010, localizamos la primera parte, publicada en 1889 en la biblioteca pública de la ciudad de New York, en Estados Unidos.
[2] En 1969 abandonamos esa práctica en mi familia, porque comprendimos que no era posible continuarla y que era preferible observar y disfrutar las aves en su ambiente natural.
[3] El origen de esta práctica es oscuro y data de la época antigua, pero su práctica se ha mantenido en muchas partes del mundo, a pesar del impacto negativo, que dicha “afición” produce en las poblaciones naturales de las aves.
[4] Es el zoólogo que estudia las aves.
[5] La Mariposa es una especie migratoria, amenazada de extinción, en América del Norte, precisamente por la caza de que es objeto en los territorios donde migra.
[6] Fáunula es el término que identifica a la fauna delimitada por una región o lugar.
De izq. a derecha: Roberto Carlos, Olivia, Leyanis, Lucía y Jesús Manuel. Delante: Paula.
En la tarde de ayer tuve una gratísima reunión con un pequeño grupo de estudiantes de la Escuela “Guerrillero de América”, situada en el Vedado. Les hablé del haiku, poema sensorial de origen japonés que tiene como protagonistas a los elementos de la naturaleza.
Reflexionamos sobre la presencia de estos elementos naturales en las ciudades contemporáneas, sobre cómo los seres humanos vamos perdiendo nuestra propia humanidad a medida que nos apartamos de la naturaleza.
Nos hicimos preguntas sobre las estaciones. La respuesta más rápida fue que en Cuba sólo hay dos: invierno y verano. Pero después de meditar un poco más, llegamos a la certeza de que aquí también hay primavera y otoño.
Quizás no se vean taaantas flores como en otros países (aunque puede ser que hasta ahora no nos hayamos fijado); quizás no tooodos los árboles se queden sin hojas… Pero en nuestra primavera también los gatos maúllan más, los pajaritos cantan con más fuerza; y nuestro otoño, por ejemplo, coincide bastante con la época en que hay más ciclones. Nada, que tenemos cuatro estaciones aunque sean más caprichosas que en otros lugares del mundo.
Acordamos un próximo encuentro y averiguar si hay otros interesados. Escribiremos a partir de la observación de los elementos naturales que se aprecian en La Habana. Tal vez mezclemos el haiku con la pintura o hagamos cualquier otra cosa que se nos ocurra. A ver qué sale…
Días invernales es un célebre renku-kasen que escribieron Bashô y cuatro de sus discípulos en el año 1684. En el 2003, el cineasta japonés Kihachiro Kawamoto convocó a importantes artistas del dibujo animado para recrear dicho poema colectivo. El resultado fue un material formado por 36 cortometrajes, donde cada autor realiza una interpretación personal, imaginativa, de las estrofas que se le asignaron. La versión que hoy comparto con ustedes está realizada a partir de los subtítulos en inglés de dicho filme.
***
Durante este largo viaje, me vi con el sombrero hecho jirones por las lluvias y las ropas rasgadas por los vendavales. Aunque estoy habituado a la extrema pobreza, sentí pena hacia mí mismo. Recordando de pronto aquel maestro del verso-loco que recorrió hace mucho esta provincia, escribí:
Verso loco:
Entre violentas ráfagas,
un vagabundo:
¡Cómo me parezco a Chikusai!
-Bashô
¿Quién es ese? Las camelias
se escurren de su sombrero.
-Yasui
El amo, al alba,
revisando el trabajo
de la destilería.
-Kakei
Sacude el caballo bayo
el rocío de sus crines.
-Jugo
Ralas hierbas
de Corea,
descoloridas.
-Tokoku
Bajo la luz que se esparce
cosecha en el arrozal.
-Shohei
Mi cabaña de paja
donde ofrezco a las garzas
alojamiento.*
-Yasui
Ocultándome hasta
que me crezca el pelo
-Bashô
“El dolor del desencanto”
Piensa ella y estruja
sus pechos marchitos
-Jugo
Junto al túmulo imperecedero,
Desconsolada, solloza
-Kakei
Una silueta,
en el frío amanecer,
enciende el fuego
-Bashô
Casa vacía: sus dueños
murieron de pobreza
-Tokoku
En el arrozal,
un sauce llorón
se deshoja
-Kakei
El que empuja el bote
A través de la niebla: ¿es un cojo?
-Yasui
En el crepúsculo,
Mirando de soslayo
la tenue luna
-Tokoku
Retirada de la corte a una calle
de vecinos chismosos
-Jugo
Pregunta a la Segunda Monja
Por los cerezos en flor
del palacio imperial
-Yasui
-Mariposas entre zarzas-
dice ella y se enjuga la nariz
-Bashô
Un palanquin:
Tras la cortina de bambú,
Fugazmente, se asoma un rostro
-Jugo
“Ahora, sí”. Lanza
una saeta con resentimiento.
-Kakei
En memoria
de un malhechor,
Un pino rendido por el viento,
-Bashô
Duró un instante el arroyo
Al que Sogi puso nombre
-Tokoku
Se quita el sombrero adrede
Y las lluvias norteñas
la empapan
-Kakei
Entre las mustias hierbas de invierno,
el verdor de la achicoria
-Yasui
Blancos fragmentos dispersos:
¿Huesos humanos,
o qué?
-Tokoku
Caracoles de adivinación
en un país bárbaro
-Jugo
No logro develar
el misterio
de la aflicción del cuco
-Yasui
En la larga noche se disipa
una tetera de agua otoñal
-Bashô
Contemplar la luna
hospedado en un templo
del Japón de Li Po
-Jugo
Nardos en la caperuza
De la tocadora de laúd
-Kakei
Hierbas vespertinas,
ofrenda a los despojos
del buey muerto
-Bashô
Una canasta de arenques
sobre la cabeza
-Tokoku
Ruego
A la estrella matinal
Estar encinta
-Kakei
Hoy vamos al “ritual de las cejas”
de nuestra hermana menor
-Yasui
Desde el baño se filtran,
por el tejido de seda,
las flores de Shiga
-Tokoku
El pasillo a la sombra
de la glicina
-Jugo
*La traducción de esta estrofa de Yasui es obra del haijin dominicano Rafael García Bidó.