Tag Archive: Poesía cubana

Nube baja

Tomás Sánchez: Relación

Tomás Sánchez: Relación

Reino de altiva bruma ha descendido
sobre las copas suaves su elegía,
su tristísimo espejo, su agonía
de ser y de no ser… Ha concedido
al campo nimbo azul, fulgor ceñido
que de su propia suerte desconfía,
y a la apagada voz de la alta ría
relámpagos de amor ya le ha encendido.
Huésped de luna y brisa veraniega,
pájaro triste, herido… Abandonado
patria celeste por pradera ardida…
Qué bella muerte su blancura niega,
qué fresca música en la tarde, cuando
por sombra da su levedad perdida.

Rafaela Chacón Nardi
(La Habana, 1926-2001)

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Soneto insular

René Portocarrero: Flora

René Portocarrero: Flora

Descalza en el umbral de la mañana
naces de un fondo de amapolas rotas
y de ti misma convertida brotas
en geranio, en naranja y en manzana.

La dulcísima brisa una ventana
abre al sahumerio de las bergamotas.
Tú, inocente del iris en que flotas
te embriagas de la rosa más lejana.

Pescados rojos, islas de verano
y cifras de calor se dan la mano
en arenas de luz y olas henchidas.

Y un desperezo lento de palmeras
riza en tornasoladas primaveras
la canción de coral en que te olvidas.

Emilio Ballagas
(Camagüey, 1910 – La Habana, 1954)

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Jardines en el mar

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…Jardines en el mar, islas de rosas llamaría yo a las Canarias, dueñas de las más bellas flores de este mundo. Y no hablo ahora de otra cosa que la ya vista por mis ojos, y ojos tan recelosos que dudaban de lo que estaban viendo.

Otras muchas flores se dan también por estas riberas, y tan fácilmente, que crecen casi sin cultivo y sin suelo donde agarrarse: en el repliegue de unas breñas, en el pretil de un muro, a la orilla de todos los caminos.

bonnin guerin 2

Las callas, de esbeltez aristocrática, asoman a granel y en cualquier parte; pero en ese descenso a los caminos de los hombres perdieron nombre y elegancia y se las conoce por un apelativo atroz: el de orejas de burro… Mala suerte.

El bouganville o buganvilia alcanza en estos lares estatura de árbol, y otro tanto sucede con la hortensia, cuyos macizos rebasan fácilmente la frente de una persona. Del magnolio no hablo, ni de la camelia; ambos son, en los pensiles tinerfeños, árboles de membruda corpulencia.

El lirio sanjuanero florece en todas las laderas, y en el monte de las Mercedes arraigan las violetas como la misma hierba.

bonnin guerin 1

Allí, el hibisco y el geranio; allí, el clavel campante y la azucena cándida, y flores nuevas, sin nombre todavía, y flores viejas, cuyos nombres de olvidaron. Allí, todas las flores, y todas en la menos tierra y la menos agua; las flores, porque sí, porque lo quiso Dios, como diría el licenciado Núñez de la Peña.

Pero las rosas fueron mi delicia; no dejaron de serlo aun cuando las viera en abundancia y, por ello, tal vez, desposeídas del primer encanto irreal con que me sorprendieron…

Pero no; ellas, como la tierra que las sustentaba, conservaron siempre su prestigio de presencia milagrosa, su atractivo de bien perdido y vuelto a hallar, su vigencia legendaria.

Francisco Bonnin Guerin

Hoy, que estoy lejos, cuando pienso en las Islas, veo, primero que todo, sus rosas. Se quedaron por siempre en mi memoria como la fórmula mágica con que torno a formarlas en todos los meridianos de mis sueños.

Más que el Teide, cantado y recantado, son para mí las rosas signo del Archipiélago. Aun en aquellos terrones donde ni la grama apunta, diríase que hay una como rosa inmanente: la que nació una vez o nacerá algún día, o es solo -como la isla de San Borondón- el espectro de otra rosa hermana.

Dulce María Loynaz
(La Habana,1902 – 1997)

Pinturas: Francisco Bonnín Guerín
(Puerto de la Cruz, Tenerife, 1874 – Barcelona, 1963)

Fuente:
Dulce María Loynaz: Un Verano en Tenerife. Editorial Cauce. Pinar del Río, 2014

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¡Mayo!

Juana Borrero: Clavel y Rosa

Juana Borrero: Clavel y Rosa

¡Llegaste, Mayo!… Estremecida siente
la tierra el beso de tu luz primera,
y se despierta a su caricia ardiente
perfumada y riente la pradera.

En los nidos ocultos, de repente,
vibra una nota; el ave que te espera
abre el ala de raso, y dulcemente
canta, porque volviste, primavera.

¡Ay! tiende tu oloroso y fresco manto
de corolas tejido y de ilusiones
por sobre la miseria de las cosas.

Que son, bajo él, rocío nuestro llanto;
tus rosas, encendidos corazones;
y nuestras almas, blancas mariposas.

Dulce María Borrero
(Cuba, 1883-1945)

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Nipona

Geisha

Es una flor exótica como una flor de loto,
de cuerpo diminuto y ambigua gracia rara;
oirán maravillosa de la sagrada Kioto
o una musmé adorable de un lindo Yosiwara.

Canta en la fantasía de una visión chinesca
el suave encanto mágico de su reír sonoro,
mientras su cabellera con gracia niponesca
sujeta con los largos alfileres de oro.

Lucen los crisantemos en los lindos jarrones;
en los biombos, bordados de extrañas creaciones,
al sol con lengua enorme amenaza un dragón.

Y en tanto que ella apura el té de su tacita
yo sueño, contemplando risueña su carita,
que es una muñequita de laca del Japón.

Regino Pedroso
(Cuba, 1896 – 1983 )

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No creo en mis ojos

Jorge Braulio: Kleeptomanía 1

No creo en mis ojos
sino en lo que ven

No creo en mi lengua
sino en el sabor

No creo en mis dedos
sino en lo que palpan

No creo en mi oído
sino en los susurros

En mi nariz no creo
sino en el aroma

Creo en el viento
que seguirá soplando
cuando me vaya

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Concierto matinal

Juana Borrero: Fantasía de Primavera

Juana Borrero: Fantasía de Primavera

Sobre el penacho verde
de una palmera,
que en el confín se pierde
de una pradera,
el clarín se despierta
lanzando ufano,
su aguda voz de alerta
por todo el llano.
En los montes vecinos
van los jilgueros,
modulando sus trinos
finos, ligeros…
y rastreando en la mota
de los breñales,
su sempiterna nota
dan los turpiales.
Sobre la orquestra
vibrante y pura,
se alza una voz de fiesta
por la llanura…
El sinsonte con brío
da sus octavas,
y cantan sobre el río
las cañas bravas.

Dulce María Borrero
(La Habana, 1883-1945)

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Vespertino

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Para la amable señorita Teresa Aritzti

Hacia el ocaso fúlgido titila
el temblador lucero vespertino,
y a lo lejos, se escucha del camino
el eco vago de lejana esquila.

Como escuadrón de caprichosa fila
nubecillas de tono purpurino
se desvellonan en celaje fino,
etérea gasa, que disuelta oscila.

El rayo débil que las nubes dora,
lentamente se extingue, agonizante,
sus fulgores lanzando postrimeros;

y la noche se apresta vencedora
a desceñir sobre el cenit triunfante
su soberbia diadema de luceros.

Juana Borrero
(Cuba, 1877-1896)

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