Tag Archive: Poesía cubana

La luciérnaga

 

Hoy se cumplen 20 años de la partida del gran poeta cubano Gastón Baquero (Banes, 1918-Madrid, 1977). Susurremos uno de sus hermosos poemas…

La luciérnaga

Para José Alfredo Pérez Alencar, hijo

Un haiku de Matsuo Bashó, el haiyin de los haiyines,

canta:

‹‹Perseguida la luciérnaga / se esconde en la luna››.

Cierto, le digo al poeta del laúd de nácar, desde niño

descubrí sujetando las alas de la esmeralda en vuelo,

lo que llamais luciérnaga posada en la camelia, y nosotros

llamamos cocuyo engarzado a la ceiba, y también falena,

que existe un lazo de amor entre

la fosforecente luna y el refulgente cocuyo.

Conocí para no olvidarlo jamás ese lazo de amor

entre el astro y el insecto, porque

la luna me hablaba desde el cielo, y decía:

‹‹deja en paz la luciérnaga: me hace falta

esta noche para alumbrar mi fiesta

de todos los otoños››.

Obedecía el niño

como siempre a la luna. En la ventana principal

del cielo aparecía feliz la tímida luciérnaga.

Miraba sonriente al niño, y con suavidad

movía sus alas. Quería enviar desde

el reino esmeralda de sus ojos, un signo de

gratitud, un himno de esperanza.

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Ya no está con nosotros Juan Carlos Flores

juan c flores 2

por Pablo Rigal

Ya no esta con nosotros Juan Carlos Flores, no era un poeta común, no solo escribía, vivia en la poesía como una orquídea rara y se adentraba en ella “como se adentra un santo en el nirvana, como se adentra un cuerpo en otro”. Poseía esa paradojica mezcla de lucidez y locura, que le daba un porte quijotesco, podía vivir en la conversación o en el silencio, pero siempre habia un verbo amenazando con salir y salir sin detenerse.

Su idea de la poesía es lo mejor que podemos compartir como una amable despedida, sin duelos ni tristezas, le sobrevive su poesía, era un ser humano singular del tipo que sabemos de paso, del que seguimos, donde quiera que esté.

Idea de la poesía

Tomada sea la muy púdica
no pedida sino tomada.
Convertida en cuerpo, en espejo,
es dos un hombre que se mira.
Convertida en árbol,
han de luchar la serpiente y el pájaro.
Convertida en relámpago, en muelle,
un niño tira de un cordel a la luna,
viene la madre y corta con tijera el cordel.
Si ascendemos la máscara, si descendemos el túnel.
No me encuentro, me busco, estoy ahumado.
La poesía en el duermevela
como el ave de la resurrección
a cada instante nace, se aniquila.
La palabra una mitad, el silencio la otra.
El poeta en una orilla, el escucha en la otra.
El poeta es el escucha, el escucha el poeta.
El acto poético es amor
y presupone una fe y una más allá,
sillar, isla que no se alcanza.
Adentrarse en la poesía.
Como se adentra un santo en el nirvana,
como se adentra un cuerpo en otro.
La libertad, timón hacia la poesía,
la poesía, timón hacia la libertad.
Agua y tierra y viento y fuego
es el poeta, es el escucha.
El sueño y la realidad dialogan, se rechazan
se engendran, se aniquilan:
una bocanada de luz, una paletada de tierra.
Intuimos a Dios y comenzamos a morir,
intuimos a la mujer y queremos la inmortalidad.
Me intuyo, luego soy poeta.
Te intuyo es una puerta, un vaso, si lloviera.
Qué cansancio en los ojos de perro,
una herida en el muslo y nos creemos dispuestos
para habitar nuevamente el paraíso.
Tomada sea la muy púdica
no pedida sino tomada.

El cadáver de un rey flota en el pasto.
Fuente: Cubaliteraria

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Azoro

Manuscrito_8

Tremendous trifles.
Chesterton

Cubre a tus hijos, parda palomita
silvestre y quieta y con tu ser entero
abrígalos del áspero aguacero
que si no estás, corriendo te los quita.
Temblando abres las alas y marchita
te estrechas a tu bien perecedero
mientras él pasa rápido y grosero
y a puñados la muerte precipita.
Qué sabe el dios del agua de tu pena,
de tu tibio, minúsculo tesoro
que más trémula guardas que serena.
Y allá va el regio, eterno meteoro
ciego en su majestad que es tan ajena
a la enorme minucia de tu azoro.

Eliseo Diego

Fuente:
Inventario de asombros, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1982.

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Asombro

eliseo-diego

Me asombran las hormigas que al ir vienen
tan seguras de sí que me dan miedo
porque están donde van sin más preguntas
y aunque asomos de vida son perfectas
si minúsculas máquinas que saben
el dónde y el adónde que les toca
y a la muerte la ignoran como a nada
si no fuese tan útil instrumento
con que hacer de lo inerme nueva vida.

Pero aunque agrande su minucia viva
el azoro redondo en que las miro
y me apena que no se sepan nunca
tal como son en su afanarse oscuro
ya tan inmemorial como la Tierra

más me asombra mi pena y me convence
de que saberse el ser bien que la vale
aun cuando el precio sea tan alto como
el enorme silencio de allá afuera.

Eliseo Diego

Este poema forma parte del libro Aquí he vivido, Ediciones Especiales, Instituto Cubano del Libro, 2000.
Eliseo Diego: (La Habana, 2 de julio de 1920 – México D.F, 1 de marzo de 1994). Poeta, escritor y ensayista cubano, considerado uno de los más grandes poetas de Latinoamérica. Fundador de la Revista Orígenes. Realizó traducciones y versiones de las más importantes figuras de la literatura infantil en el mundo. Obtuvo en 1986 el Premio Nacional de Literatura por el conjunto de su obra y recibió, en 1988 y 1989, el Premio de la Crítica. En 1992 la Universidad del Valle, en Cali, Colombia, le otorga el Doctorado Honoris Causa. En 1993 recibe Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo.

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Lezama y el árbol

arbol amilkar feria 1

Cada árbol es una catedral de hojas y cada hoja una catedral de estancias. Un animal tiene cuatro patas porque no puede tener dos, porque es un mamífero todavía de poca alcurnia. El hombre tiene dos, porque otras dos ya logró convertirlas en manos. El árbol, sin embargo, amigo, se sostiene cómodamente sobre una sola extremidad y así de paso no no se deja arrastrar por exabruptos y otras velocidades.

El árbol, como yo, como usted ahora, es un viajero inmóvil, alguien que tiene prisa por estarse quieto, por serenarse bajo un cielo en movimiento. El árbol se traslada con expansión y es fiel a su paisaje. Es el único sujeto leal al horizonte: no juega con él, no intenta acercarlo ni alejarlo.

El árbol es un misterio inicial y el misterio en franca reducción. El árbol es el esbozo invertido de una campana sin sonidos, es el pasado de la cruz. Y cualquier árbol es el árbol de la vida, el traficante en oxígenos. Cualquier árbol da pan y da manzanas, cualquiera descorcha vinos y pare azahares. Un solo pájaro llegando a la hoja anfitriona, a la amplia rama hotelera, fue suficiente razón para que Dios emprendiera el proyecto de árbol. A ese mismo proyecto multiplicado por el infinito, lo llamó, excitado, divertido, con el nombre altisonante de bosque.

El bosque es, pues, la altisonancia, el abolengo vegetal, el delirio de la creación, el frenesí de jugar con un dedo creativo e instantáneo. Dios puso el dedo, su dedo de Dios, y lo iluminó a usted y me puso luz a mí y lanzó la iniciativa de los bosques, de donde debíamos tomar la fruta y la sombra y la flecha y la silla y la mesa y la cama, para hacer un tránsito relativamente seguro y confortable.

José Lezama Lima

Fuente:

Félix Guerra: Para leer debajo de un sicomoro. Colección Sur Editores. La Habana, 2013
Ilustración: Amílkar Feria

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Salta la lucecita

La_Tour 1

“Todavía presto atención a todo lo que me asombra. Esa es otra cosa que uno trae de la infancia. Es triste cuando eso se apaga o las circunstancias te lo esfuman. La creación es eso: creer que has descubierto algo. Posiblemente ha sido descubierto eso mismo miles de veces antes, pero a ti te salta la lucecita. Como cada persona es diferente a la otra, cada persona es única e indivisible, pero uno que crea le agrega aquel granito ínfimo y personal al universo.”

Silvio Rodríguez

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Retraducciones

samuel feijóo el rumor de mis destinos 1

…encontramos un Hai Kai del poeta Isa. Traducido del japonés al inglés por Donald Keene (y del inglés al español por Jesús Bal). Sobre vida y muerte, «fugacidad de la vida»:

El mundo del rocío
es un mundo de rocío, sin embargo,
sin embargo.

Leyéndolo recordamos algunos versos de Fayad Jamís, que dan la fijación del tiempo en el paisaje, con una desnudez de expresión pareja a la del japonés:

A la orilla del río hay un pescador
contemplando las estrellas de la tarde.
Un mendigo duerme abrazado a una botella vacía
la oscura boina por almohada.
Los pájaros picotean y saltan cerca de sus pies.

Asimismo la delicada, la traslúcida Cleva Solís:

¿Cómo sabe cada uno
lo que debe decir?
¿Cómo dijo cada uno
dónde iba el puente de piedras?

Ave, tiempo, luz, de las islas.

Samuel Feijóo

Fuente:
Azar de lecturas. Universidad Central de Las Villas. Santa Clara, 1961

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Primavera

Primavera_Rapi Diego

Mi prima Vera venía
por marzo, en la Primavera.
Mi jardín la recibía,
al tiempo que le decía:
-Bienvenida, prima Vera.

Mi prima Vera tenía
muy negra la cabellera
y la mirada fulgía
como una hoguera.

Ayer mi ensueño pedía:
-Vuelve, vuelve, Primavera…
Mas nadie me respondía.

*

Ahora gritaré al Verano:
¿No tienes calor, hermano?

Al Otoño le diré:
¿Qué por fin es lo de usté?

Y al invierno oscuro y frío:
¡Diciembre no es un mes mío!

Oh, ven pronto, Primavera:
Mi prima Vera te espera.

Nicolás Guillén

Fuente:
Por el Mar de las Antillas anda un barco de papel.
Ilustración: Rapi Diego.

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El invierno de Cuba

Esteban Chartrand Batey 1880

Fértil invierno, a la florida planta
el verde aviva del ropaje hojoso:
El labrador contempla venturoso
la cosecha que tanto se adelanta:

Sale de cauce el río y su garganta
inunda el prado; el astro esplendoroso
su ardor aplaca y el sinsonte añoso
al ser Eterno agradecido canta:

Despunta el alba y cefirillo leve
rueda las perlas del celeste riego
cuando las ramas de los purios mueve.

Todo en Cuba es placer, calma y sosiego:
Ni yela el bóreas con su cruda nieve
ni el sol fumiga ráfagas de fuego.

Francisco Pobeda
(1796 – 1881)

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La Bijirita

Dendroica_palmarum

Hay en mi Cuba un pobre pajarillo
Que vive libremente en la espesura;
No seduce con trinos de ternura
Ni ostenta plumas de variado brillo.

Volando de la jagua al mamoncillo
Solo su amada libertad procura;
Que él no puede vivir en jaula oscura
Ni llevar en el pie dorado grillo.

Cuando un infame aprisionarlo quiere,
Tras el alambre el infeliz agita
Y en pocas horas de tristeza muere.

¡Oh sí! Yo quiero ser la bijirita:
Que a mí también las esclavitud me hiere,
Mi paz enturbia, y mi ilusión marchita.

Rosa Kruger
(Cuba, 1847-1881)

Fuente:
Samuel Feijóo: Cantos a la Naturaleza Cubana del Siglo XIX. Editora del Consejo Nacional de Universidades. Universidad Central de Las Villas, 1964.

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