Tag Archive: Francia

Salta la lucecita

La_Tour 1

“Todavía presto atención a todo lo que me asombra. Esa es otra cosa que uno trae de la infancia. Es triste cuando eso se apaga o las circunstancias te lo esfuman. La creación es eso: creer que has descubierto algo. Posiblemente ha sido descubierto eso mismo miles de veces antes, pero a ti te salta la lucecita. Como cada persona es diferente a la otra, cada persona es única e indivisible, pero uno que crea le agrega aquel granito ínfimo y personal al universo.”

Silvio Rodríguez

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Ama al invierno cuando la planta no dice

TMertonStudy

¡Oh bosques pequeños, humildemente
tocad la nieve con las ramas bajas!
¡Oh piedras encubiertas
esconded el lugar del crecimiento!
Secretas
palabras vegetales,
agua iletrada,
cero diario.
Ruega impasible,
árbol crespo
en acero esculpido
¡cenit sepultado!
Fuego, vuélvete adentro
hacia tu fuerte débil,
a la fornida tacha infantil,
casa de nada.
Oh paz, bendice este lugar demente:
silencio, ama este frío crecimiento.
Oh silencio, cero dorado
sol sin poniente,
ama al invierno cuando la planta no dice nada.

Thomas Merton

Versión de Eliseo Diego. Publicado por primera vez en la hoja literaria “Silencio Nuestro”. Año II. Número 2. Enero-abril 1996.

Thomas Merton (Prades, Francia, 1915 – Bangkok, 1968), monje trapense, poeta y pensador. Está considerado como uno de los escritores sobre espiritualidad más influyentes del siglo XX. La infancia de Merton fue inestable en cuanto a su residencia, pues vivió en Francia, en Bermuda, en Estados Unidos y en Inglaterra. Se convirtió al catolicismo en 1938. En 1941, ingresó en el monasterio trapense de Nuestra Señora de Getsemaní en Kentucky. Se ordenó sacerdote en 1949 y adoptó el nombre de padre Luis. La montaña de los siete círculos (1948), su autobiografía, es su obra más famosa, traducida a veintiocho lenguas. También escribió Las aguas de Siloé (1949) y El signo de Jonás (1953), dos volúmenes sobre la vida de los trapenses; Semillas de contemplación (1949) y La vida silenciosa (1957), libros de meditación, así como varios libros de poesía Figuras para un Apocalipsis (1947), Las lágrimas de los leones ciegos (1949) y Las islas extranjeras (1957). En 1959 conoció al sacerdote y poeta nicaragüense Ernesto Cardenal con quien sostuvo una activa correspondencia epistolar hasta su muerte. Murió en un accidente en 1968 mientras asistía a una conferencia entre cristianos y budistas en Bangkok.

Fuente: Versiones cubanas de los poemas de Thomas Merton

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Los paisajes mentales de Rubén

Ruben Fuentes_Paisajes mentales 1

‘Paisajes mentales’, un llamado a respetar la naturaleza

Por María Carolina Piña

El pintor cubano Rubén Fuentes presenta en París una exposición donde los paisajes y la naturaleza son los protagonistas de una serie de cuadros, una muestra en el marco de la COP21, la conferencia de la ONU sobre el cambio climático.

El artista nacido en Matanzas es objeto de una primera exposición personal en París, compuesta de 23 paisajes, representaciones irreales de la naturaleza y sus ocupantes bajo la forma de recuerdos, sensaciones o impresiones de árboles, ríos, montañas o animales.

Para ello, Rubén Fuentes utiliza técnicas orientales chinas y japonesas que ha trabajado desde hace años, aunque las fuentes de inspiración son los paisajes tropicales de su Cuba natal.

“El concepto de ecología está muy presente en mi obra. Retomo la idea de ‘antropoceno’ de Bruno Latour, un sociólogo y profesor de ciencias políticas francés, una época en donde el ser humano está continuamente erosionando el planeta. Mis paisajes hablan de una fuerza contraria al antropoceno, que permite a la naturaleza retomar aquello que le hemos quitado”, explicó a RFI Rubén Fuentes.

Ruben Fuentes_Paisajes mentales 2

Rubén Fuentes pinta bosques espesos, salpicados de bruma, pero también paisajes animales como un “Oso-montaña” o una « Ceiba » un árbol sagrado para algunas religiones afrocubanas. Cada cuadro utiliza pocos colores, muy cercanos al blanco y negro, lo que acentúa la dimensión contemplativa de esas extrañas naturalezas.

“Cada obra comienza con una mancha, algo aleatorio, sobre la cual comienzo a pintar. Eso me abre la posibildiad paisajística. Es como darle un espacio a la naturaleza para que se exprese”, agregó el artista.

Rubén Fuentes destacó que su obra busca hacer un llamado a respetar a la naturaleza y ver en ella la dimensión espiritual que las sociedades moderna han olvidado.

Otros cuadros de esta serie llamada “Paisajes mentales” evocan objetos comunes que en el pincel de Rubén Fuentes se transforman en naturalezas poliformes.

Los “paisajes mentales” del pintor cubano Rubén Fuentes, se muestran en la Galería Felli de París, una de las numerosas exposiciones que tienen lugar en la capital francesa durante la COP21.

Fuente: RFI

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125 Aniversario de la muerte de Van Gogh

Van Gogh: Retrato del Padre Tanguy

Van Gogh: Retrato del Padre Tanguy

Este 29 de julio se cumplen 125 años de la muerte del gran pintor holandés Vincent Van Gogh. Como un modesto homenaje, veamos algunas huellas del arte japonés en sus geniales creaciones…

Van Gogh: Puente colgante en Nieuw-Amsterdam Otoño, 1883

Van Gogh: Puente colgante en Nieuw-Amsterdam
Otoño, 1883

 

Utagawa Hiroshige: Puerta de entrada al santuario 1832-1835

Utagawa Hiroshige: Puerta de entrada al santuario
1832-1835

Vincent Van Gogh: Olivar Junio 1889

Van Gogh: Olivar
Junio 1889

 

Utagawa Hiroshige: Playa de las maiko en la provincia de Harima 1853

Utagawa Hiroshige: Playa de las maiko en la provincia de Harima
1853

 

Vincent Van Gogh: La noche 12-15 de mayo de 1890

Vincent Van Gogh: La noche
12-15 de mayo de 1890

Utagawa Hiroshige: Un monje preguntando el camino 1838-1842

Utagawa Hiroshige: Un monje preguntando el camino
1838-1842

 

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La era del japonismo

casa de manet

Las raíces del primer “boom” cultural japonés: la era del japonismo
Watanabe Hirotaka
[15.07.2015]

La porcelana, la cerámica y los lacados introdujeron a Japón en Europa

Si examinamos la historia de los intercambios culturales que vienen realizando Japón y Europa, veremos que la primera manifestación artística japonesa que obtuvo el reconocimiento de los países europeos no fueron los grabados del ukiyoe (literalmente, “imágenes del mundo flotante”), sino las obras en porcelana.

Piezas de porcelana del estilo koimari datadas en torno a 1680, Museo Nacional de la Cerámica de Sèvres. (Fotografía: Word Imaging)

Piezas de porcelana del estilo koimari datadas en torno a 1680, Museo Nacional de la Cerámica de Sèvres. (Fotografía: Word Imaging)

La porcelana comenzó a desarrollarse en China, de donde era adquirida por las familias reales y por la nobleza de los países europeos. Sin embargo, con el hundimiento de la dinastía Ming se detuvo la exportación de porcelana china, que comenzó a ser sustituida por la japonesa. Ocurrió a mediados del siglo XVII.
Fue en esa época cuando surgieron estilos como el koimari, el ironabeshima o el kakiemon. Se calcula que en los 30 años que median entre 1652 y 1683, cerca de 1,9 millones de piezas de porcelana japonesa llegaron a Europa. Sin embargo, debido al hallazgo en Europa de minerales aptos para la fabricación de porcelana blanca y a los avances en las técnicas de fabricación realizados en Meissen (Alemania) y Sèvres (Francia), la producción de porcelana que imitaba los modelos chinos y japoneses experimentó un gran desarrollo en Europa, reduciéndose las importaciones desde Japón.

También en la segunda mitad del siglo XVII, las vajillas y otros utensilios lacados estuvieron entre los objetos importados de Japón más representativos, hasta el punto de que la palabra Japan servía para designarlos. Algunos de ellos, los del estilo nanban, reflejan la influencia del cristianismo que difundieron por las islas los misioneros europeos. No solo fueron utilizados en las iglesias como objetos litúrgicos: se expandieron también a otros usos de la vida cotidiana. Su exportación a Europa se hizo a través de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales.

Cuando el ukiyoe servía como envoltorio

Además de estos objetos de artesanía están los citados grabados ukiyoe. Se cree que la técnica de impresión polícroma con plancha de madera llamada nishikie, que permitía una gran precisión, se consiguió en 1765, pero no fue hasta mucho tiempo después cuando los grabados comenzaron a exportarse. Las primeras exportaciones de ukiyoe las hizo Isaac Titsingh (1745-1812), opperhoofd o jefe de la Factoría Holandesa de Nagasaki. Posteriormente, fue el alemán Philipp Franz von Siebold (1796-1866), que llegó a Japón como médico de la citada factoría, quien presentó en Europa las obras del maestro grabador Katsushika Hokusai.

Dos láminas del Hokusai-manga (circa 1812), en 15 volúmenes (impresión Tōhekidō, 1878, Librería Nacional de la Dieta)

Dos láminas del Hokusai-manga (circa 1812), en 15 volúmenes (impresión Tōhekidō, 1878, Librería Nacional de la Dieta)

La alta valoración que los franceses concedieron a los objetos de arte japoneses llegaría a mediados del siglo XIX. Los hermanos Edmond y Jules de Goncourt, en su famoso Journal, describen salones decorados con muestras de arte japonés (1851). Es decir, que apenas iniciado el periodo del Segundo Imperio, entre los intelectuales de ese país se había producido ya algo así como un boom de lo japonés.

Se tiene constancia de que, cuando se celebró en París la Exposición Universal de 1867, existían ya admiradores de lo japonés. Es célebre el detalle de que, al principio, los primeros ukiyoe no eran sino envoltorios de los objetos de cerámica que llegaban desde Japón. Eso es al menos lo que ocurrió con los Hokusai-manga o esbozos de Hokusai. El valor artístico de estas obras no pasó desapercibido al grabador francés Félix Bracquemond. Fue en 1856. Pocos años después, los señores Desoye abrirían en París la primera tienda de arte japonés.

Como es sabido, el ukiyoe recibió una alta valoración por parte de los artistas del impresionismo y su reconocimiento se extendió después a todo el mundo. En los fondos del retrato de Émile Zola pintado por Édouard Manet se ve un biombo japonés. Claude Monet presentó en la Segunda Exposición Impresionista (1876) su obra La japonaise. Junto a ellos, otros grandes artistas, como Edgar Degas, Paul Gauguin o Henri de Toulouse-Lautrec, fueron influidos por el arte japonés. La casa de Monet, situada en Giverny, a las afueras de París, está decorada con multitud de grabados ukiyoe, que prueban el interés que sentía el artista por este género.

Gracias a la iniciativa del marchante de arte Hayashi Tadamasa (1853-1906), Edmond de Goncourt publicó sus monografías de Utamaro (1891) y Hokusai (1896). Así pues, en este primer boom japonés las obras más valoradas fueron los grabados ukiyoe.

Izquierda: Retrato de Émile Zola, de Édouard Manet (1868, Museo de Orsay). Derecha: La japonaise, de Claude Monet (1876, Museo de Bellas Artes de Boston).

Izquierda: Retrato de Émile Zola, de Édouard Manet (1868, Museo de Orsay). Derecha: La japonaise, de Claude Monet (1876, Museo de Bellas Artes de Boston).

Comienza el boom del japonismo

El ukiyoe fue el detonante que disparó el gran boom del japonismo, que difundió el arte japonés primero por Europa y después por el resto del mundo. El país que más contribuyó a esta difusión fue Francia. Tras las figuras pioneras del coleccionista de arte Henri Cernuschi y el crítico Théodore Duret, visitaron Japón los connaisseurs Émile Étienne Guimet y Samuel Bing, todos entre 1871 y 1880. Ellos mismos se encargaban de comprar las obras que llevaban a Europa.

Los japoneses también se implicaron activamente en la exportación de arte durante los últimos años del periodo Edo y la subsiguiente era Meiji. El Gobierno del shōgun llevó a la citada Exposición Universal de 1867 una nutrida representación de grabados, kakemono (caligrafías y pinturas colgantes enrollables), quimonos, makie (lacados con dibujos de polvo de oro, plata, etc), objetos de porcelana y otros artículos, que fueron vendidos en su totalidad al concluir la gran cita internacional. Esto marcó un hito en la presentación en el extranjero del arte japonés. En la Exposición Internacional de 1878, en la parisiense plaza del Trocadéro se reprodujo una casa de labranza tradicional japonesa y se presentaron escenas de la vida cotidiana de los japoneses. El furor por lo japonés alcanzaba entonces su cúspide.

Izquierda: Delegación japonesa que acudió a la Exposición Universal de París de 1867 (Le Monde Illustré, Biblioteca Nacional de Francia). Derecha: Catálogo de los objetos expuestos por Japón en la Exposición Universal de París de 1878 (Biblioteca Nacional de Francia)

Izquierda: Delegación japonesa que acudió a la Exposición Universal de París de 1867 (Le Monde Illustré, Biblioteca Nacional de Francia). Derecha: Catálogo de los objetos expuestos por Japón en la Exposición Universal de París de 1878 (Biblioteca Nacional de Francia)

El primero en utilizar el término japonismo fue el crítico de arte francés Philippe Burty. La definición del término es objeto de debate, pero podrá valer la que a continuación viene:

“El japonismo es el influjo japonés recibido por el arte europeo y norteamericano durante la segunda mitad del siglo XIX. Este influjo se extendió a todas las artes: pintura, escultura, grabado, dibujo, así como a la artesanía, arquitectura, diseño de moda, fotografía, y se ha constatado también en otras áreas, desde el teatro, la música, o la literatura, hasta el arte culinario(*1)”.

Este influjo se extendió por Europa y Estados Unidos, pero llegó también a países tan lejanos de estos como Australia. Se considera que remitió alrededor de la Primera Guerra Mundial. Como exotismo, puede considerarse una manifestación más del “orientalismo”, tomando este término en su sentido más amplio, que estuvo presente en la cultura europea desde inicios del siglo XIX. Durante el medio siglo que duró, sirvió de estímulo en los más variados campos, para cuestionar los estilos y valores tradiciones del arte occidental, pero con el paso del tiempo fue perdiendo frescura y, finalmente, su función(*2).

La revista Le Japon artistique

 Número de mayo de 1889 de la revista mensual Le Japon artistique, editada por S. Bing (Colección Digital de la Universidad de Wisconsin).


Número de mayo de 1889 de la revista mensual Le Japon artistique, editada por S. Bing (Colección Digital de la Universidad de Wisconsin).

Bing, que además de marchante era crítico y articulista, fue la figura central del japonismo, un fenómeno que fue expandiéndose a gran velocidad. Destaca, entre su actividad, la publicación entre los años 1888 y 1891 de la revista de lujo Le Japon artistique, que tuvo versiones en inglés y alemán. Bien provista de láminas a todo color, presentó diversos aspectos de la cultura japonesa, desde los grabados ukiyoe, la artesanía en oro o la cerámica, a la arquitectura y el teatro kabuki. Se publicaron 36 números. En el número de mayo de 1888, Bing elogió el sentido artístico de los japoneses, diciendo que “[el artista japonés] está persuadido de que la naturaleza contiene los elementos primordiales de todas las cosas. Por tanto, para él, no existe nada en la creación, ni siquiera una pequeña hoja de hierba, que no merezca un lugar entre los conceptos elevados del arte”. Son palabras que se sitúan en la misma línea de las opiniones del crítico de arte británico John Robinson, quien, en sus comentarios sobre la cerámica china y japonesa, alabó la pureza de sus motivos, la simplicidad y elegancia de sus formas y su buena calidad como principales características de las producciones japonesas. Similares opiniones siguen vertiéndose a menudo hoy en día al hablar sobre la calidad de los productos japoneses en general, de modo que podemos considerar esos rasgos cualidades intrínsecas de la cultura japonesa.

El principal objetivo de Bing al publicar su revista era ampliar el círculo de amantes del arte japonés y abrir así nuevas vías de comercialización, pero su presentación de Japón como modelo del arte total influyó en muchos artistas. Que el título de revista fuera “El Japón artístico” y no “El arte de Japón” es un detalle cargado de sentido. Supone ver el conjunto de la vida de los japoneses como algo artístico, lo que equivale a conceder una alta valoración a Japón como país.

El japonismo y su influjo posterior

Se dice que el japonismo siguió ejerciendo su influjo sobre la corriente pictórica de los nabis, y en otros muchos campos, como los grabados polícromos para decoración de interiores, los pósters, la cerámica y la arquitectura del art noveau, etc. Émile Gallé, nacido en Nancy, utilizó como motivos en sus creaciones en vidrio insectos y flores. En París, François-Eugène Rousseau, creador de vidrios decorativos todavía más vistosos, tomó por motivos carpas y utilizó grandes diseños florales, muy al estilo de Hokusai.

Es interesante constatar que la compañía americana Tiffany, fundada por el padre del famoso Luois Comfort Tiffany, estableció en 1850 una tienda en París y desde 1860 comenzó a vender artículos que utilizaban motivos japoneses. Las cafeteras, las teteras, los envases de leche, azúcar, etc, mostraban también flores, plantas e insectos como las libélulas, típicamente japoneses.

El influjo de este japonismo en el arte y la artesanía fue expandiéndose hasta alcanzar Europa Oriental y Rusia, y cruzó también el Atlántico hasta Estados Unidos, de donde pasó luego, a través del Pacífico, a Oceanía. Como hemos dicho, la época del japonismo llegó a su fin con la Primera Guerra Mundial, aunque ciertos aspectos se extendieron hasta la época de la Segunda Guerra Mundial. Con la guerra se extendió una imagen de Japón más agresiva y el japonismo perdió popularidad. También puede decirse que el orientalismo que englobaba al conjunto de Asia Oriental perdió frescura y caducó.

(Escrito el 25 de mayo de 2015 y traducido al español del original en japonés)

Fotografía del titular:
La casa de Monet, en Giverny, a las afueras de París.
(*1) ^ Mabuchi Akiko: Japonizumu – Gensō no Nihon. Brücke, 1997, pág. 11.
(*2) ^ Japonizumu Gakkai (Sociedad para el Estudio del Japonismo): Japonizumu Nyūmon. Shibunkaku Shuppan, 2000, pág. 13-14.

Fuente: Nippon.com

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