Tag Archive: Flora

De vuelta a casa

HIGO

De vuelta a casa,
saborear la mitad
del primer higo

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Nubes en fila

cereza 1

Nubes en fila
Las cereza más alta
se desprendió

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Un pedregal

Mirabilis jalapa_JB

Un pedregal…
Porque sí, floreció
la maravilla

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Entre las hierbas tiernas

Wakakusa ni ne wo wasuretaru yanagi kana

Entre las hierbas tiernas
olvidó su raíz:
sauce llorón.

Buson

No se trata tanto de una personificación del sauce, o de expresar su crecimiento en todas direcciones sin prestarle atención a sus raíces, sino más bien de la proclamación de la exuberancia y magnitud del avance de la primavera. Las hojas y las ramas del sauce irrumpen incontrolablemente, crecen sin freno las tiernas hierbas y la primavera es una verde llamarada. Lo que en invierno era solo raíz, ahora es todo hojas. Lo que era campo yermo y hierbas muertas ahora revive en la extensión de la maleza verdeamarillenta.

Fuente:
R. H. Blyth: Haiku. Vol II. Hokuseido. Tokyo, 1950
Versión libre: JB

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Un gallo canta

Hojas secas de mango 2

Un gallo canta
Entre las hojas secas
del mango, flores

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Un triplaris florecido

Triplaris en flor

Un triplaris florecido:
desde sus ramas sin hojas,
el canto de dos zorzales

Alberto Armenteros

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Poquito a poco

Enredadera en los aperos

Poquito a poco,
trepa la enredadera
por los aperos

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Un año más…

hierbabuena

Un año más…
La hierbabuena aún huele
a hierbabuena

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Alba invernal

orquidea seca1

Alba invernal
Colgando de una hoja
la orquídea seca

Tarde de enero
Aún se mece en la hoja
la orquídea seca

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El valor de las palabras

abricc3b3-de-macaco

Hace poco más de un año, el amigo Carlos Blanc Portas, tuvo la generosidad de comentar uno de mis haikus. Esta mañana releí su comentario y, no sin un poquito de pudor, quiero compartirlo con ustedes. Saludos desde La Habana.

***

Árbol sagrado…
Recordando su aroma
y no su nombre

Lo esencial de este haiku no se deja comentar, so pena de trivializarlo. Todo él respira un profundo respeto hacia una dimensión sagrada que estará siempre más allá de lo que nos transmiten los sentidos, y que solo puede percibir el que tiene fe en su realidad. El autor, de todos modos, no nos dice que él la perciba, pero está claro que la respeta. Pudiera ser que alguien le hubiera señalado el árbol y le hubiera dicho que se trataba de un árbol sagrado; pero esto no quiere decir que el autor, de entrada, lo crea o no lo crea. Digamos que lo escucha con respeto, abriendo su conciencia a esa posible realidad.

Luego, con el tiempo, o sea, en el recuerdo, se da cuenta de que algo especial ha quedado asociado a la experiencia de estar ante ese árbol. El haiku surge, por tanto, desde el recuerdo, como una especie de signo de interrogación que apunta a una respuesta afirmativa: es un árbol especial.

Dicho esto, sería fácil dejarse llevar por conclusiones precipitadas, y alguien podría decir que este haiku viene a demostrar que la esencia de la realidad (lo sagrado) no está en las palabras (el nombre del árbol) sino en las sensaciones (su aroma). Como si las palabras fueran algo superficial que se puede olvidar sin que por ello resulte afectado el núcleo verdadero de las cosas. Sin embargo, ¿podríamos recordar un aroma sin pronunciar las palabras “recuerdo su aroma”, “recuerdo el aroma de aquél árbol”? ¿No se perdería junto con el lenguaje el recuerdo al que remite? Es, por tanto, más bien al contrario: como si el lenguaje fuera aquello en lo que quedan fijadas las experiencias, su soporte, igual que la esencia líquida de un perfume es el soporte del aroma que desprende.

Ciertamente, aquí lo de menos es el nombre concreto del árbol, pero no porque las palabras no tengan importancia (¡son esenciales!) sino porque la experiencia a la que hace referencia el poeta no ha quedado “guardada” en el nombre de una especie vegetal, sino en un aroma.

Por lo demás, no olvidemos que el poeta aquí no está oliendo nada, sino solo recordando lo que olió. ¿Los recuerdos tienen olor? Evidentemente no. Lo que el poeta recuerda es lo que sintió cuando olió el aroma de aquel árbol. Y reconocerá ese olor si vuelve a estar ante él, pero no porque lo compare con un olor igual guardado en su mente, sino porque ese aroma despertará en su mente la misma sensación (las mismas sensaciones) que despertó en él el aroma del árbol sagrado.

Publicado el 9 de Septiembre por Carlos Blanc Portas
Fuente: Haiku y Poesía

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