Tag Archive: Fauna de Cuba

Me despertó

Me despertó
un cocuyo. ¡Qué ganas
de apachurrarlo!

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Una pelota

Paloma en la fuente_Ladyrene Pérez_Cubadebate

Una pelota
interrumpe el retozo
de las palomas

La irrupción de la pelota sugiere la presencia de niños. Podemos incluso imaginar un parque o una plaza; descubrir el contraste entre el juego infantil y las travesuras nupciales de las aves. Un juego truncando el otro. Sin embargo, el intento no me satisface del todo si lo asumo como haiku. Es una llana afirmación dividida en tres versos. A pesar de que la “interrupción” aporta cierto dinamismo, es una escena contínua. Uno siente que sería más eficaz si hubiera logrado la yuxtaposición de dos imágenes. Quién sabe…

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Flores de invierno

flores de invierno

Flores de invierno
Tras la cerca, la abeja
que me rozó

Sugerencia de mi hermano José Manuel:

Tras la cerca,
la abeja que me rozó
Flores de invierno

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Claro cielo invernal

colibries 2

Claro cielo invernal
De pronto, una pareja
de colibríes

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El día más corto

heron

El día más corto…
Una garza aletea
en la rotonda

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Cayó del árbol

paloma sin cabeza

Cayó del árbol
el cuerpo sin cabeza
de una paloma

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Algarabía

Fiofio_Sandra Pérez 2015

Algarabía
Entró por la ventana
un tomeguín

Zarzal florido
Otra rata se asoma,
chilla y se va

Huye el sinsonte
Los flautistas repiten
la sonatina

Noche de junio
Despierto cuando cesa
el aguacero

Vieja butaca:
entre huellas de sudor,
la quemadura

De vuelta a casa,
saborear la mitad
del primer higo

Cascada al alba
Una laja cubierta
de mariposas

Una hoja seca
cayó sobre la lupa
del relojero

Nubarrones
En el monte lejano
algo que brilla

Publicados en la Revista de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (RANLE). Vol. 5. No 9. Año 2016.

Acuarela: Sandra Pérez

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Olor a sopa

Gato en la viga

Olor a sopa
Por la viga del techo
va y viene un gato

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Azoro

Manuscrito_8

Tremendous trifles.
Chesterton

Cubre a tus hijos, parda palomita
silvestre y quieta y con tu ser entero
abrígalos del áspero aguacero
que si no estás, corriendo te los quita.
Temblando abres las alas y marchita
te estrechas a tu bien perecedero
mientras él pasa rápido y grosero
y a puñados la muerte precipita.
Qué sabe el dios del agua de tu pena,
de tu tibio, minúsculo tesoro
que más trémula guardas que serena.
Y allá va el regio, eterno meteoro
ciego en su majestad que es tan ajena
a la enorme minucia de tu azoro.

Eliseo Diego

Fuente:
Inventario de asombros, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1982.

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Hierbas al sol

frailecillo 3

Hierbas al sol
Un frailecillo pía,
el otro escarba

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