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Lirismo y erudición

basho el pais uruguay

Juan de Marsilio
6 de mayo del 2016

MATSUO Bashô (Japón 1644 -1694) fue un gran poeta japonés, cultor y renovador del haiku (forma poética breve, con tres versos de cinco, siete y cinco sílabas, que capta un instante del paisaje). Vivió al comienzo del Shogunato del Clan Tokugawa (1600-1868), que marca el período premoderno del Japón, y no su Edad Media, como suele afirmarse. De origen campesino, llegó a ser un célebre poeta y erudito con numerosos discípulos sin perder su sencillez, como lo muestra el buen humor con que afrontó las precarias condiciones en sus viajes, a pie durante su última década de vida (Piojos, pulgas./ Y un caballo que orina/ junto a mi almohada). O la decisión de no comentar nada más tras apuntar, acerca de un paraje, unos versos de otro poeta, porque hubiera sido “añadirle otro dedo a una mano”. Su poesía está influida por el Zen, el Taoísmo y la tradición literaria china y japonesa. Se convirtió en “laico consagrado” Zen y esa condición intermedia entre hombre común y monje lo llevó a decir de sí mismo que era como un murciélago, mezcla de cuervo y ratón.

Viajaba para contemplar la naturaleza. El destino de la peregrinación era, por ejemplo, contemplar la luna llena desde cierta montaña o ante tal o cual bahía. Ya desde ahí debe entender el lector occidental que el concepto de la naturaleza y su contemplación es, para este poeta y su cultura, muy peculiar. El paisaje dispara un proceso múltiple, que cuaja en poemas breves y a menudo enigmáticos, que reflejan a la vez el pintoresquismo del paisaje, la trascendencia esencial de la naturaleza —como dice Bashô, “el ingenio del Creador”—, la afectividad del poeta —lo que toca también el sentir del lector que sepa entrar en el juego—, la tradición literaria e histórica y, por último pero no menos importante, las ricas relaciones sonoras y conceptuales que la lengua japonesa permite.

Asombra el lirismo y la erudición de estos diarios de viaje, condensado de pronto en poemas tan breves como magistrales: Se va la primavera,/ lamentos de pájaros lágrimas,/ en los ojos de los peces. O este otro: Sol en invierno/ mi sombra se congela/ sobre el caballo.

Bashô es sencillo y generoso como maestro y compañero de viaje. Tal es su amabilidad que no sólo consigna los poemas que las alternativas del viaje le provocan, sino también los que escriben sus compañeros. Esto, y las constantes referencias a mil años de poesía china y japonesa, pueden ser una buena guía para que el lector de Occidente comience a recorrer la literatura del otro extremo del mundo. Las referencias a la mitología, así como también a la narrativa del Japón medieval, muestran una constante asociación entre heroísmo y sensibilidad afectiva, moral, religiosa y estética, que sin embargo no logran detener la violencia y la crueldad, vividas como destino. Esto tal vez ayude a comprender —que no a justificar ni a tolerar— algunos crímenes japoneses de la Segunda Guerra Mundial.

La traducción, el prólogo y sobre todo las notas de Alberto Silva y Masateru Ito son un prodigio de cuidado y paciencia docente para guiar al lector por entre la densa red de citas y alusiones que cruza estos relatos de viajes, así como también para explicar todas las peculiaridades etimológicas del japonés —tan rico en sugerencias poéticas en la estructura de los topónimos y nombres propios— que se pudieran perder en la traducción.

DIARIOS DE VIAJE, de Matsuo Bashô. Fondo de Cultura Económica, 2015. Buenos Aires, 196 págs. Distribuye Gussi.

Fuente: El País

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Sonarse la nariz

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Tebana kamu oto sae ume no sakari kana

Alguien se suena
la nariz con la mano.
Ciruelo en flor.

El sonido, corto y definitivo, agudiza de momento el sentido del olfato de Bashô, ya que fue súbitamente consciente de lo que estaba haciendo en uno de esos días, aspirando el aroma de las flores de ciruelo y absorbiendo su leve y profundo blancor. Lo que impresionó a Bashô fue el hecho de que sonarse la nariz con la mano no le pareció algo sucio o poco caballeroso, sino que lo toma tal cual fue, una acción, un sonido, un fenómeno de la naturaleza, no separado en su esencia de la vista y el olor de las flores de cerezo.

He aquí un verso de Issa que va más allá que el de Bashô:

Hatauchi ya tebana wo nejiru ume no hana

Arando el campo…
Se limpia la mano mocosa
en las flores de cerezo.

Hacerlo en un fino pañuelo de batista está bien, pero no en las sobresalientes ramitas floridas. En verdad Wordsworth dijo:

Y la costumbre te cubre con su pesantez
helada y honda, casi como la vida.

Fuente:
R. H. Blyth: Haiku. Vol II. Hokuseido. Tokyo, 1950
Versión libre: JB

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Convergencias, imitaciones, homenajes…

Onitsura

北へ出ひがし東はな花のなんの

kita e dereba higashi e dereba wa hana no nan no

salga hacia el norte / o hacia el este / cerezos en flor

Buson

梅遠近南すべく北すべく

ume ochikochi minami subeku kita subeku

ciruelos a lo lejos / en el camino norte / en el camino sur

***

Onitsura

かけまわる夢や焼け野の風の音

kakemawaru yume ya yakeno no kaze no oto

en mis sueños transito / por los campos quemados / el sonido del viento

Bashô

旅に病んで夢は枯れ野をかける廻る

tabi ni yande yume wa kareno wo kakemawaru

viajando enfermo / en mis sueños transito / campos desiertos

***

Bashô

古池や蛙飛び込む水の音

furuike ya kawazu tobikomu mizu no oto

un viejo estanque / salta dentro una rana / ruido del agua

Ryôkan

新いけやかわずとびこむ音もなし

ara ike ya kawazu tobikomu oto mo nashi

estanque nuevo / salta dentro una rana/ y no hace ruido

***

Buson

釣り鐘に止まりて眠る胡蝶かな

tsurigane ni / tomarite nemuru /kochoo kana

en la campana del templo / permanece durmiendo / una mariposa

Shiki

釣り鐘に止まりて光る蛍かな

tsurigane ni / tomarite hikaru / hotaru kana

en la campana del templo / permanece brillando / una luciérnaga

***

Onitsura

あけぼのや麦の葉末の春の霜

akebono ya sugi no hazue no haru no shimo

al alba / en la punta de las hojas de la cebada / escarcha primaveral

Buson

白露や茨の刺にひとつずつ

shiratsuyu ya ibara no toge ni hitotsuzutsu

rocío matinal /en cada espina de las zarzas/ hay una gota

Colaboración de José Manuel Rodríguez

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La Morada de las Ilusiones

hiroshige_luna de otoño sobre el ishiyama

Más allá de Ishiyama, detrás del monte Iwama, hay una colina llamada Kokubuyama. El nombre, creo que es una alusión al monasterio provincial (Kokubun-ji). Si se cruza el estrecho arroyo que corre a sus pies y se sube la pendiente, luego de tres curvas que están a doscientos pasos una de otra, se llega al santuario del dios Hachiman. El objeto de culto es una estatua del Buda Amida. Esta es una de las cosas que más aborrecen en la escuela Yuiitsu, aunque considero que resulta admirable, como afirma Ryôbu, que los bodhisattvas atenúen sus luminosidades y se mezclen con el polvo para beneficiar al mundo.

Hay días en que ni un fiel visita este santuario donde reina un silencio misterioso. Junto a él, una choza abandonada, con su puerta de juncos: las zarzas y las hierbas de bambú invaden los aleros; goteras en el techo; el estuco caído de las paredes… Los zorros y los tejones han hecho allí su madriguera. La llaman Genjû-an. Su propietario era un monje, tío del guerrero Suganuma Kyokusui. Hace ocho años que desapareció, no queda nada de él, sino su nombre: el Viejo Genjû.

Hace unos diez años que renuncié a la vida en la ciudad y, ya próximo a los cincuenta, soy como un gusano que perdió su capullo, como un caracol sin su coraza. He bronceado mi rostro con el cálido sol de Kisagata en Dewa, y magullado mis talones en las playas ásperas del mar del Norte, donde las altas dunas dificultan el andar, y este año aquí estoy, a la deriva, entre las olas del lago Biwa. El somormujo adhiere su nido flotante a un solo hilo de caña para evitar que lo arrastre la corriente. Con un pensamiento similar, reforcé con más paja el alero de la cabaña, cubrí los huecos de la valla, y, al comienzo del cuarto mes, primero del verano, me mudé a ella, pensando que sería apenas una breve estancia. Ahora, sin embargo, comienzo a preguntarme si la voy a dejar alguna vez.

No se ha ido del todo la primavera. Todavía florecen las azaleas, las glicinas silvestres cubren los pinos y, de vez en cuando, pasa un cuco. Recibo el saludo de los arrendajos y disfruto cuando los pájaros carpinteros vienen a picotear. Siento como si mi espíritu hubiera se desplazado a China para ver el paisaje en Wu o Chu, como si estuviese de pie junto a los encantadores ríos Xiao y Xiang, o a la orilla del lago Dongting. Detrás de mí, hacia el sudeste, se alza la montaña y las casas más próximas se hallan a una buena distancia. Las fragantes brisas del sur soplan desde las cimas, y el viento del norte se refresca en el lago.

El monte Hie, el alto pico Hira y, al lado de ellos, los pinos de Karasaki velados por la niebla; y también un castillo, un puente y barcos de pesca en el lago. Las voces de los leñadores en su camino a Kasatori, y la canción de las plantadoras en los pequeños campos de arroz al pie de la colina. Las luciérnagas tejiendo el aire en la penumbra de la noche, el áspero silbido de los rascones. Y el Mikamiyama, que se parece un poco al Fuji y me recuerda mi vieja casa en Musashino, mientras que el monte Takanami me hace rememorar a todos los poetas de la antigüedad que se asocian a él. Otras montañas son: la Cima de la Hierba de Bambú, la Cumbre de Mil Yardas, el Hakama Estrecho… Hay una Aldea del Remanso Negro donde el follaje es tan denso y oscuro que cuando los hombres tienden sus aparejos de pesca, se ve exactamente como se describe en el Manyôshû.

Para tener una vista mejor de los alrededores, equipado con una estera de paja, he subido a la altura detrás de mi cabaña, donde preparé una plataforma entre los pinos. Le llamo la Atalaya del Mono. No estoy en el grupo de esos excéntricos chinos como Xu Juan, que se construyó un nido en un manzano silvestre para allí dedicarse a la bebida, ni como el viejo Wang, que hizo su refugio en la cima de Shubo. Apenas soy un habitante de la montaña, tranquilo por naturaleza, que ha vuelto sus pasos a las empinadas cuestas y se sienta aquí, en las vacías colinas, para despiojarse.

A veces, cuando tengo buen estado de ánimo, acarreo agua clara desde el valle y cocino mi comida. El goteo del manantial alivia mi soledad, y con mi pequeña estufa, todo puede ser de cualquier modo, menos confuso. El hombre que vivió aquí antes era verdaderamente noble de corazón. No se preocupó por elaboradas construcciones: una pequeña pieza para la imagen de Buda y un espacio para los enseres del dormitorio.

Un eminente monje del Monte Kôra, en Tsukushi, hijo de un tal Kai del santuario de Kamo, viajaría pronto a Kyoto, y le mandé a preguntar con alguien si podría hacerme una caligrafía. Sin hacerse de rogar, mojó su pincel y escribió en una tabla los tres caracteres: Gen-jû-an. Se ha convertido en la enseña de mi choza de paja.

Hogar de la Montaña, Reposo del Viajero, como quiera que se le llame, es el tipo de lugar en el que no se necesita un gran número de pertenencias. Un sombrero de corteza de ciprés de Kiso; y de Koshi, una capa de juncos para la lluvia; todo, colgado en un poste sobre mi almohada. Durante el día, de vez en cuando, me distraigo con la gente que se detiene para visitarme. El anciano que cuida del santuario o los hombres de la aldea que vienen a contarme sobre el jabalí que se está comiendo las plantas de arroz, o los conejos que se meten en los sembrados de frijol, historias campesinas que son bastante nuevas para mí. Cuando el sol roza la cresta de los montes, me siento en medio del silencio nocturno para esperar a la luna, así tendré una sombra por compañía, o enciendo una lámpara y hablo del bien y el mal con mi silueta.

No soy ciertamente del tipo que, enamorado de la soledad, oculta todo rastro de sí mismo en los valles y montañas. Pero agobiado por una frecuente enfermedad y cansado de tratar con la gente, ahora me parezco a quienes han renunciado al mundo. Una y otra vez repaso los errores que he cometido por torpeza en todos estos años. Hubo un tiempo en el que envidié a quienes ostentaban cargos gubernamentales o impresionantes señoríos, y en otra ocasión consideré entrar en los recintos de Buda y las salas de enseñanza de los patriarcas. En vez de eso, he maltratado mi cuerpo en un peregrinar tan azaroso como el de las nubes a merced de los vientos, y me ocupé de cantar los sentimientos que evocan flores y las aves. He logrado ganarme así la vida y, finalmente, poco diestro y sin talento como soy, me entrego totalmente a esta única preocupación: la poesía. Bo Juyi bregó tanto con ella que casi arruina sus cinco órganos vitales, y Du Fu enflaqueció y se consumió por su causa. En lo que respecta a la inteligencia y calidad de sus escritos, nunca podría compararme con tales hombres. Y sin embargo, ¿acaso no vivimos todos en una morada de ilusiones? Pero basta ya. Hay que dormir.

Bosque estival.
Bajo el árbol de shii
encuentro amparo.

Matsuo Bashô

Versión en español: JB.

Bibliografía consultada:
Haruo Shirane: The Poetry and Prose of Matsuo Bashô.
Makoto Ueda: Matsuo Bashô. Kondansha International. Tokyo and New York, 1988.
Sieffert, René: Bashô, Journaux de voyage. Publications orientalistes de France. Paris, 1988

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Occidente y Japón, romance con buenos augurios

Contrapartida: El Baron Tsunayoshi Megata, en los años veinte del pasado siglo, llevó el tango A Japón.

Contrapartida: El Baron Tsunayoshi Megata, en los años veinte del pasado siglo, llevó el tango a Japón.

NIPOMANIA. La cultura japonesa ya es otra pasión argentina; lo demuestran lanzamientos editoriales y una movida independiente

Diana Fernández Irusta

Ni livianos ni pesados: con algo de rugosidad suave, los tazones son discretos, sólidos. La mujer los deposita sobre la mesa. Abre una pequeña lata, saca dos cucharadas de té, las distribuye, vuelca el agua humeante. Sin apuro (tampoco con morosidad; en sus gestos reina la medida justa), toma un cepillo de bambú y sacude levemente: el té verde toma una consistencia espumosa, que se transformará en un sabor neto, lejanamente ácido, ajeno a las estridencias. Exquisito.

La mujer se llama Amalia Sato y en una escueta versión de la tradicional ceremonia del té es capaz de traducir la esencia de la cultura japonesa. No en vano su nombre, asociado tanto a la traducción como a la revista Tokonoma, es inseparable de la fascinación que este universo ejerce sobre el público argentino. Un atractivo que no hace más que crecer: a los lanzamientos que algunas editoriales locales eligieron para este fin de año (obras de Kobo Abe, Minae Mizumura y Matsuo Basho) se suma el circuito de aficionados al teatro kamishibai y los cada vez más solicitados cursos de escritura japonesa. Por no hablar de la pasión por Haruki Murakami, cuyas dos primeras novelas (un ingreso a la gestación de su estilo literario) publicó Tusquets el mes pasado. O la intensidad del “Japón pop” del manga y el animé (historietas y dibujos animados para seguidores sin edad).

Sofisticado y universal

“No es algo que ocurra exclusivamente en la Argentina -comenta Sato-. Japón ya forma parte de la mentalidad occidental.”

Quizás por eso a Ryukichi Terao, hispanista, traductor y doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Tokio, no le sorprende la fidelidad con que muchos lectores argentinos aguardan la llegada de una nueva obra de Kobo Abe. Este escritor japonés, suerte de Kafka oriental que a mediados del siglo XX recreó un universo literario siniestro y extraño, es el autor de El mapa calcinado, libro que ya está en las librerías y que es la cuarta traducción de Abe que Terao realiza para la editorial Eterna Cadencia.

“A pesar de que gran parte de lo que estamos traduciendo fue escrito hace cincuenta años, no ha perdido la frescura para lectores actuales, sean japoneses o argentinos -asegura Terao, vía mail, desde Tokio-. El mundo abeano es un reflejo perverso de la modernidad, caracterizada por una soledad y alienación que estamos lejos de superar. Mientras haya lectores conscientes de la crisis que estamos enfrentando en el mundo moderno, las novelas de Abe seguirán ejerciendo un encanto particular.”

La herencia de la madre, de Minae Mizumura, es otro lanzamiento, en este caso a cargo de Adriana Hidalgo. Esta editorial tuvo un papel importante en la introducción de las letras japonesas en nuestro país. Según recuerda Amalia Sato, el poeta, ensayista y traductor Edgardo Russo, fallecido a mediados de este año y responsable en una época del sólido catálogo de Adriana Hidalgo, fue quien se empecinó en editar El libro de la almohada, de Sei Shônagon, cuando todavía no era tan frecuente la circulación de literatura japonesa en la Argentina. Eran fines de los años 90, se había estrenado en Buenos Aires Escrito en el cuerpo (film de Peter Greenaway inspirado en la obra de Shônagon) y el talentoso Russo pudo “ver” el potencial de esos relatos traducidos para el público local.

En lo que hace a La herencia de la madre, su autora explora dos temáticas particularmente conflictivas en la sociedad actual: la feminidad y la ancianidad (en la ficción, una mujer madura debe afrontar, casi simultáneamente, el divorcio y la decadencia física de su madre).

Un recorrido muy distinto es el que propone Diarios de viaje de Matsuo Basho. Considerado uno de los maestros del haiku (poemas muy breves, por lo general basados en el registro de la naturaleza y la yuxtaposición de dos ideas o imágenes), Bashô vivió en el siglo XVII y, pese a ser un neto urbanita, decidió recorrer a pie el Japón: de esa experiencia se nutren los Diarios de viaje.

Alberto Silva, poeta, ensayista, traductor, autor de la antología El libro del haiku (Bajo la Luna) y gran difusor del budismo zen a nivel local (www.zenba.com.ar), es uno de los traductores de la edición que acaba de lanzar el Fondo de Cultura Económica. “Sin haberlo buscado -comenta- esta edición de los Diarios de Basho prosigue el trabajo comenzado con El libro del Haiku“. Y describe su propio camino de iniciación en estos territorios: “A comienzos de los años 70 empecé a conocer la lengua específica del haiku, un vocabulario y una gramática simples y contundentes. Al hilo de esta pesquisa fui descubriendo a los grandes ‘personajes’ del haiku: el cuerpo (todo ocurre en el cuerpo de ese o aquel peregrino), el instante (hay que estar en estrecho contacto con la vida y la muerte para captar ese momento inimitable y saber ponerlo en palabras); el silencio (la búsqueda de lo que palpita lleva a extremar la atención)”.

Sesgo oriental

Se dice que fueron los franceses quienes, allá por el siglo XIX, abrieron las puertas a la fascinación occidental por la cultura japonesa. De hecho, el pintor y grabador Félix Bracquemond está considerado el descubridor “oficial” de las estampas japonesas: un buen día, Bracquemond (que estuvo vinculado a fábricas de porcelana de Sèvres y Limoges) recibió una encomienda con porcelana japonesa fabricada según el gusto occidental. Mientras desembalaba, decidió que el tesoro del envío no estaba en su contenido sino en el papel que lo recubría: delicados grabados ukiyo en los que, hasta ese momento, nadie había reparado.

En la Argentina lo japonés también tuvo sus embajadores notables: desde el artista Kazuya Sakai, que alrededor de los años 50 tradujo clásicos (y codirigió la editorial Ashoka, especializada en orientalismo), a la revista Sur, que le dedicó uno de sus números.

En la actualidad, editoriales pequeñas como Kaicron (http://www.kaicron.com.ar) tienen espacios dedicados a la cultura japonesa. Entre otros, Kaicron publicó el clásico Kumsakura. Almohada de hierbas, de Natsume Sôseki y Cerezos en tinieblas, de Higuchi Ichiyo, considerada la pionera del feminismo en Japón.

Y, desde ya, está la revista anual Tokonoma. Publicada desde 1994 por Amalia Sato, siempre significó un puente entre la sensibilidad local y la mirada nipona. Entre el juego y el ejercicio cultural, sus últimos números son una delicada cadena de textos creados por periodistas, escritores o artistas a partir de imágenes o palabras japonesas.

Aunque recientemente se lanzó al universo digital a través de un blog ( http://revistatokonoma.blogspot.com.ar) , la revista papel sigue viva, con el número 17 ya listo. Asimismo, el sello Series Tokonoma (https://www.facebook.com/seriestokonoma/) publicó dos encantadores libros de cuentos tradicionales para niños ilustrados por Nicolás Prior, en ediciones bilingües y con el formato de lectura oriental, de izquierda a derecha. El primer volumen está agotado: indicio de la enorme población de jóvenes que se lanzaron al estudio del japonés, muchos de ellos devotos del animé y el manga.

Muy cerca de estas búsquedas -el punto donde la palabra se encuentra con la imagen- está el kamishibai: pequeños retablos de madera donde se cuentan historias con láminas de papel desplazadas, muy suavemente, una tras otra. Son muchas las variantes que diseñadores contemporáneos, ilustradores, gente de letras y divulgadores de la literatura infantil han venido dando a este formato de teatro tradicional japonés: en el Club Kamishibai (www.clubkamishibai.com) se encuentran muchas de ellas. Incluso el Plan de Lectura del Ministerio de Educación impulsó talleres de kamishibai (cuyo carácter narrativo secuencial algunos asocian a los movimientos morosos del animé) para maestros.

Sutil e impregnada de espíritu contemporáneo, la cultura japonesa trasciende gestos, palabras e imágenes. Como en la librería Clásica y Moderna -lugar de referencia si los hay para los amantes de los libros- donde por estos días asoman, entre anaqueles y mesas de café, los delicados jacarandáes que la artista Cristina Coroleu pinta con la técnica de la aguada japonesa.
Fuente: LA NACIÓN

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En este desamparo

Utagawa Hiroshige II: Paulownia Trees at Akasaka in the Evening Rain

Utagawa Hiroshige II: Paulownia Trees at Akasaka in the Evening Rain

Sabishisa wo tôte kurenu ka kiri hitoha

En este desamparo
¿no me visitarás?
Cayó una hoja de paulownia.

Bashô

Bacon dice en su ensayo Sobre la Amistad que el principal empleo de la amistad* entre los hombres es:

…el alivio y descarga de la saciedad y agitación del corazón a que le constriñen las pasiones de todas clases. Sabemos que las enfermedades de detención y asfixia son las más peligrosas del cuerpo, y no ocurre de otro modo en la mente. Se puede tomar zarzaparrilla para abrir el hígado, acero para soltar la bilis, cocimientos de azufre para los pulmones, castóreo para el cerebro, pero ninguna receta abre el corazón sino un amigo verdadero con el cual se pueden compartir penas, alegrías, temores, esperanzas, sospechas, consejos y cualquier cosa que oprima el corazón, en una especie de confesión laica.

Como siempre, Bacon carece de todo sentimiento poético o tierno, todo lo interpreta en su más bajo nivel. Bashô no quiere que Ransetsu venga a verlo por estas razones. Él quiere estar, físicamente, con alguien al que está vinculado por el espíritu, alguien de su misma “nacionalidad”, un habitante de esa ciudad cuyo regocijo es el río de poesía que fluye a través de ella. Este “físicamente” es un importante elemento de poesía porque son las percepciones corporales propiamente dichas las que constituyen la vida poética en sus mayores honduras, aunque no en sus mayores claridades; y es solo por estar juntos cuando percibimos el mismo finito infinito, que un roce, un soplo, una sonrisa revelarán que ambos miramos el mismo objeto en comunión, no el uno con el otro, sino con la simple hoja de paulownia, esa que cae silenciosamente a través del aire otoñal.

Fuente:
R. H. Blyth: Haiku. Vol. IV. Hokuseido. Tokyo,
versión libre: JB

*En realidad, Bacon no habla de empleo, o uso de la amistad, sino que se refiere a su fruto principal:

“A principal fruit of friendship, is the ease and discharge of the fulness and swellings of the heart, which passions of all kinds do cause and induce. We know diseases of stoppings, and suffocations, are the most dangerous in the body; and it is not much otherwise in the mind; you may take sarza to open the liver, steel to open the spleen, flowers of sulphur for the lungs, castoreum for the brain; but no receipt openeth the heart, but a true friend; to whom you may impart griefs, joys, fears, hopes, suspicions, counsels, and whatsoever lieth upon the heart to oppress it, in a kind of civil shrift or confession.”
(JB)

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Ser agua

SER AGUA 1

PRESENTACIÓN

De acá para allá,
libre como el viento,
saborear el agua

Santoka (Trad. Vicente Haya)

El mundo original del haiku transcurre más allá del lugar en el que los competidores exhiben sus trofeos. ¿Certamen o exhibición? Al haiku no le va bien la vanidad, lo descompone el elogio y desfallece ante la ambición. ¿Encuentro, entonces? Aunque el combate o enfrentamiento enseña y fortalece, mucha parte de su esencia formadora se ha perdido y hoy domina solo la exhibición, la ostentación. Los haijines aman la soledad. Pero también el acercamiento, la reunión, el abrazo… Y, sobre todo, la Enseñanza.

El mundo enseña: los insectos tanto como las hojas secas y los guijarros, las mariposas y los niños, las sombras de los guayacanes… Todo lo que existe es una Enseñanza y una celebración de la inagotable belleza. Por eso hemos decidido cambiar la palabra “concurso” por “concierto”, en el sentido de la reunión de intérpretes para hacer una puesta en escena en la que algunos llevan la voz principal o también como el buen orden y disposición de las cosas o como el más simple de ponerse de acuerdo para obrar. En nuestro caso: CONCIERTO PARA INTERPRETAR LAS VOCES DE LA VIDA.

Para este PRIMER CONCIERTO hemos elegido como tema de ejecución el agua. El agua que es vida, el agua que nutre, el agua que lava, el agua que fluye, el agua que cae, el agua quieta o agitada, el agua clara y el agua turbia, el agua muerte que transforma…, el agua en su infinita presencia y fluidez.

 

REGLAS

¡Niños: ya está
la enredadera en flor!
Os abriré un melón.

Bashô (trad. Fernando Rodríguez-Izquierdo)

– El concierto está abierto a todas las personas hispanohablantes, sin límites de edad o nacionalidad. Están excluidos del mismo, todos aquellos que hagan parte del Comité Técnico del concurso (los jurados y sus asistentes).

– Participar en el concierto no tiene costo alguno.

– Los participantes deberán enviar máximo 5 haikus, en lengua española. Los haikus deben ser inéditos, que no se hayan publicado por ningún medio, incluido Internet.

– El tema elegido es el AGUA.

– Los originales se enviarán en la plantilla electrónica suministrada por los organizadores del concierto en la que se incluirán además los siguientes datos en las casillas respectivas: seudónimo, nombre del autor, ciudad y país de origen, dirección postal, dirección electrónica, teléfono… a la siguiente dirección:

concursodehaiku@gmail.com

– A diferencia de un concurso, el objetivo de este concierto no es otorgar premios, si no servir de punto de encuentro y partida para realizar una creación colectiva alrededor del AGUA que se podrá consolidar, además de su publicación electrónica e impresa, en un puesta en escena, incluyendo elementos sonoros (música) y visuales (imágenes y videos) creados específicamente para esta obra. El jurado, no obstante, hará los siguientes reconocimientos en su selección de los haikus enviados:

PRIMERA VOZ
SEGUNDA VOZ
TERCERA VOZ
CORO PRINCIPAL (número definido a criterio de los jurados)
SEGUNDO CORO (número definido a criterio de los jurados)

– La fecha límite de presentación de originales se fija es el 1° de septiembre de 2015 a las 12 de la noche.

– El Jurado estará presidido por VICENTE HAYA y dos haijines de reconocimiento en el medio del haiku.

– El fallo del concurso se hará público el 15 de octubre de 2015 en comunicación directa por correo electrónico a todos los participantes y en la página web http://haikudomedellin.org/

– Se hará una publicación electrónica con la selección elegida y ordenada según los criterios del jurado, la cual se difundirá a finales del año, a través de todos los enlaces de las instituciones vinculadas al evento.

– La propiedad intelectual de los trabajos enviados al concierto, siempre será del autor.

– La presentación al Primer Concierto de Haiku implica la total aceptación de las reglas, cuya interpretación, incluso la facultad de declararlo desierto, quedará a juicio del Jurado.

 

GUIA

Voy bordeando el agua
Todo el día
Sin decir una palabra

Santoka (Trad. Vicente Haya)

 SER AGUA GUÍA

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Platos y cuencos

Tsukioka Yoshitoshi: La luna de Kasuga

Tsukioka Yoshitoshi: La luna de Kasuga

Sara hachi mo honokani yami no yoisuzumi

Platos y cuencos,
tenues en la fresca penumbra
del anochecer

Bashô

Las vasijas utilizadas en la cena brillan tenuemente en la oscuridad. Pero el frescor tiene un importante papel. Solo cuando el cuerpo y la mente están en perfecto reposo podemos ver los infinitos significados de los incidentes triviales y cotidianos. Bashô habría apreciado profundamente la descripción que hace Katherine Mansfield en su cuento Felicidad, aunque esta fue una percepción de los mismos objetos en un momento de excitación física y mental. Bertha estaba ordenando las frutas, mandarinas y manzanas, peras y uvas blancas y moradas:

Cuando hubo hecho con todas aquellas lustrosas redondeces dos pirámides, se alejó unos pasos para ver el efecto, que era realmente muy curioso. La mesa oscura se fundía en la penumbra de la habitación, y los dos platos -el azul y el de cristal cargados de fruta- parecían flotar en el aire.

 

Fuente:
R. H. Blyth: Haiku. Vol. III. Hokuseido. Tokyo, 1952
Versión libre: JB

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Una lección de Bashô

Kinkoku: Matsuo Bashô

Kinkoku: Matsuo Bashô

He aquí un pasaje de la vida del maestro Bashô. Lo cuenta Kyorai, uno de sus discípulos. Cuando éste último era un principiante, preguntó al maestro cómo componer un haiku. Basho respondió: -Escribe sobre cosas concretas y puedes estar seguro que tendrá el espíritu del haiku.

Entonces Kyorai escribió:

Tarde fría-
Un ataque de reuma
y vuelvo a casa.

Al leerlo, Bashô rió a carcajadas:

-No era precisamente eso lo que quería decir.

Aunque Kyorai no añade mucho más, la lección es clara. La presentación de escenas o hechos no es suficiente. Esta debe ser, además, poéticamente sugestiva, tener un significado que trascienda los meros hechos.

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El largo día

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Nagaki hi wo  saezuri taranu  hibari kana

El largo día
no le basta a la alondra
que canta y canta…

 Bashô

 La alondra no canta siguiendo las normas del Sindicato. Este es el Zen de la alondra, visto por un niño, en una vaca:

 A la vaca rojiblanca,
amo con el corazón:
me da toda la nata que puede
para el pastel de manzanas…

 Desde el claro amanecer que oculta las estrellas hasta la noche púrpura que las revela una vez más, la alondra canta, canta. Su avidez por cantar está expresada en estos versos de Issa:

 Yabujiri wa  mada kurai zoyo  naku hibari

 Canta una alondra.
Donde termina el bosque
aún está oscuro.

 Otro de Issa con significado similar:

 Ariake ya  ame no naka yori  naku hibari

 Amanecer…
Una alondra cantando
en medio de la lluvia.

 Comparemos los versos de Bashô con los de Dante (Paradiso, XX, 73-75):

 Qual lodoletta, che in aere si spazia
prima cantando, e poi tace, contenta
dell’ultima dolcezza che la sazia.

 Como la alondra que en el aire se explaya
Cantando y luego calla, feliz
De la última dulzura que la sacia.

 

Fuente:
R. H. Blyth: Haiku. Vol. II. Hokuseido. Tokyo, 1950
Versión libre: JB

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