Category Archive: Sin categoría

El suave movimiento de las hojas

Jack Kerouac

Jack Kerouac

The gently moving
leaves
Of the August afternoon

El suave movimiento
de las hojas
en la tarde de agosto

Jack Kerouac
(Estados Unidos, 1922-1969 )

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Nube baja

Tomás Sánchez: Relación

Tomás Sánchez: Relación

Reino de altiva bruma ha descendido
sobre las copas suaves su elegía,
su tristísimo espejo, su agonía
de ser y de no ser… Ha concedido
al campo nimbo azul, fulgor ceñido
que de su propia suerte desconfía,
y a la apagada voz de la alta ría
relámpagos de amor ya le ha encendido.
Huésped de luna y brisa veraniega,
pájaro triste, herido… Abandonado
patria celeste por pradera ardida…
Qué bella muerte su blancura niega,
qué fresca música en la tarde, cuando
por sombra da su levedad perdida.

Rafaela Chacón Nardi
(La Habana, 1926-2001)

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Helecho seco

Una araña brillando

Helecho seco
Una araña brillando
a medianoche

Medianoche
Brilla la telaraña
en los helechos

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Ola de calor

Almendras 1

Ola de calor
Un viejo parte almendras
para un niño

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Murciélagos

Hiroshige: Murciélagos

Hiroshige: Murciélagos

Kômori ya tori naki sato no meshijibun

Vuelan murciélagos
en un pueblo sin pájaros,
a la hora de comer.

Issa

Aunque los murciélagos parecen un tema posible para el haiku, no han alcanzado ni éxito ni popularidad. En el presente poema, Issa está expresando la extrañeza que siente al ver una criatura similar a las aves revoloteando en el atardecer, cuando durante el día ningún pájaro se ha visto o escuchado en este distrito. El hecho de que sea la hora de comer le da a los murciélagos un significado doméstico, familiar.
Fuente:
R. H. Blyth. Haiku. Vol II. Hokusiedo. Tokyo, 1952
Versión libre: JB

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Mañana de agosto

hojas secas de aguacate 1

Mañana de agosto
En la hojarasca, luz
y oscuridad

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Haikus de Hiroshima

mush 1

Cuando la bomba atómica fue lanzada sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945, yo estaba trabajando como activista estudiantil en una fábrica a unos 2500 metros al norte del centro de la explosión. Tenía quince años. No tuve quemaduras porque afortunadamente me encontraba a la sombra de una construcción. Escapé por los pelos de las fauces de la muerte. Después de la Segunda Guerra Mundial, se estableció en Japón la Constitución de la Paz, algo que los seres humanos no han tenido desde los albores de la historia…

Día de Hiroshima.
Creo que debe haber huesos
bajo el pavimento.

Niños que hacen flotar
linternas de papel
sin saber de Hiroshima.

Cerezo en flor…
Nunca olvides que estás
donde cayó la bomba.

Yasuhiko Shigemoto

Versión libre: JB

Fuente: Haiku de Hiroshima

***

Sobre tan lacerante asunto, otro autor japonés, Atsuyuki Matsuo, escribió estos poemas:

Nada más que hacer.
Dejé a mis niños muertos en el campo,
mientras las moscas pululan.

No me quedó nada,
sólo cuatro certificados,
víctimas de la bomba.

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Qué resolana

gato 1

Qué resolana
La gata empujando
un coco seco

En el resol,
la gata empujando
un coco seco

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Haikus en el corredor de la muerte

haikus en el corredor de la muerte 1

Poemas desde el patíbulo

Haikus en el corredor de la muerte (Hiperión) reúne una selección de poemas escritos por condenados a la horca en Japón.

ALBERTO GORDO | 23/10/2014


Existe en Japón, desde antiguo, la creencia de que la poesía sirve para afrontar la adversidad con entereza. Que si uno está disgustado o triste, ha perdido un pariente o sufre por desamor, la mejor medicina es el poema. No ha de extrañarnos, por tanto, que algunas de las más vivas composiciones del género estén entre los llamados haikus de muerte, o lo que es lo mismo, entre los haikus de aquellos que van a morir, y se despiden. Toda una larga, milenaria tradición respalda esta última costumbre, y ahora un libro coordinado por Elena Gallego y Seiko Ota (Haikus en el corredor de la muerte, Hiperión) recoge una selección de textos con la particularidad de que pertenecen, todos, a ejecutados de los últimos cien años. Se trata de composiciones herederas de jisei no ku (literalmente: “palabras al abandonar el mundo”) que han cultivado incluso los samurais en los momentos previos al harakiri.

Aquí no predomina el desgarro, sino la serenidad. Poetas improvisados, algunos llegaron a aprender la técnica del haiku en prisión. Es el caso de Kooyoo, muerto a los 28 años. Comenzó a escribir en la cárcel y se despidió con un haiku en el que retumba su voz aterrada en los muros de la celda:

Cuando me callo,
la pared empieza a sonar.
Tarde primaveral.

Se lee en casi todos, como en el antecitado, el llamado kigo o ritual “palabra de estación”, cuya presencia en los haikus tienen teorizada las coordinadoras de este volumen en otro libro de la misma editorial y que, dicen, no es solo una señal que identifica la época del año, sino que “nos transmite una imagen o símbolo de la estética tradicional”. Otro ejemplo lo encontramos en el haiku de Uichi, que le quita hierro a la ejecución el día de la víspera:

Ejecución mañana;
igualo las uñas cortándolas,
noche primaveral.

Al profesor Fernando Rodríguez-Izquierdo, autor del prólogo de la antología, ese haiku, “su elegante gesto”, le recuerda a un célebre tanka (cinco versos), atribuido a Sookan Yamazaki, que fue ejecutado en 1540:

Si alguien preguntara
adónde ha ido Sookan,
decid tan sólo:
“Tenía cosas que hacer
en el otro mundo”.

Hay condenados que se quieren ir despacio y en silencio, como Bokuisi en 1914: “¿Una palabra de despedida? / La nieve que se derrite / no huele”. Para Rodríguez-Izquierdo, el condenado quiere decir que “la palabra de despedida debe ser tan discreta como el tránsito de la nieve al agua (tránsito que, por cierto, es transformación, más bien que muerte)”. Los hay que comienzan con fuerza hasta que decaen las palabras: “¡Despejado cielo / invernal! / No tengo dónde agarrarme”, y otros que expresan un deseo inalcanzable: “Estando en la celda, / por el cielo voy primaveral / estoy corriendo”. La brevedad del haiku acaso sea el molde perfecto para este último descargo, opina el prologuista y experto en Japonología de la Universidad de Sevilla. Esa brevedad que predispone al laconismo, así como la rotundidad de los tres versos. Si es que cabe decir que algún haiku no surge, en principio, como un adiós. “No hay ningún verso en toda mi vida que no sea un poema de despedida”, escribió Bashoo en 1694. Y antes de irse:

Un viejo estanque:
se zambulle una rana,
ruido de agua.

El haiku iguala, como iguala la muerte. Escriben inocentes, culpables, arrepentidos. Masashi voló en 1974 un edificio de la Mitsubishi. Mató a ocho personas e hirió a 165; y dice:

Canción revolucionaria,
la canto en voz baja.
Despejado en tiempo de lluvia.

Un capítulo entero está dedicado a los haikus para las madres. “Solo una tarjeta / recibí en Año Nuevo; / era de madre”, se lee en el de Footen, ejecutado a los 30 años. El Año Nuevo japonés es otra presencia constante en los poemas: hay tres días en que se detienen las ejecuciones y algunos encuentran el sosiego necesario para escribir. Un derrotado de la Segunda Guerra Mundial fue condenado en 1962; poco antes de morir, a los 48 años, escribió sobre su sentimiento de culpa: “Me golpean / me golpea Dios. / Paso la Nochevieja”. Y más culpa, la Shoogetsu, que se pasaba las horas abrazado a la tablilla mortuoria budista de su madre, por cuyo asesinato cumplía condena e iba a ser ejecutado: “Flores de cereza derramándose, / diciéndome “muérete”, / me lleva encima”.

El libro termina con un epílogo y una nota de denuncia. El haiku de despedida está tan interiorizado en Japón como la pena de muerte. En el epílogo, Elena Gallego da las últimas noticias sobre la pena capital en el país, que se lleva a cabo siempre con la horca y que en contadísimas ocasiones, dice, y pese a la manifiesta inocencia de algunos reos, se ha suspendido una vez pronunciada la sentencia. Significativa es la excepción de Hakamada Iwao, que salió este mes de marzo del corredor de la muerte e inmediatamente ingresó en el Libro Guinness de los récords: había estado cuarenta y ocho años esperando la ejecución, más que ningún otro ser humano en la historia.

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Solo frescura

Pilea_microphylla

solo frescura*
a los lados del trillo
que va a la casa

José Manuel Rodríguez
(La Habana, Cuba)

*Pilea microphylla. Fam. Urticáceas

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