Category Archive: Sin categoría

Salta la lucecita

Apuntes de un Taller sobre el Asombro

“Todavía presto atención a todo lo que me asombra. Esa es otra cosa que uno trae de la infancia. Es triste cuando eso se apaga o las circunstancias te lo esfuman. La creación es eso: creer que has descubierto algo. Posiblemente ha sido descubierto eso mismo miles de veces antes, pero a ti te salta la lucecita. Como cada persona es diferente a la otra, cada persona es única e indivisible, pero uno que crea le agrega aquel granito ínfimo y personal al universo.”
Silvio Rodríguez

Hacemos una lectura silenciosa de esta reflexión de Silvio. Las enseñanzas que hay en ella resultan un buen inicio para esta sesión del Taller, que hoy está dedicado a los asombros.

¿Qué es un asombro?

Dice el Diccionario de la Real Academia:
asombro
De asombrar.
1. m. Gran admiración o extrañeza.
2. m. Susto, espanto.
3. m. Persona o cosa asombrosa.
Antónimo: indiferencia, abulia

asombrar
De sombra.
1. tr. Causar gran admiración o extrañeza a alguien. U. t. c. prnl. Me asombré DE sus proezas.
2. tr. Causar susto a alguien. U. t. c. prnl.
3. tr. Pint. Oscurecer un color mezclándolo con otro.
4. tr. p. us. Dicho de una cosa: Hacer sombra a otra.

Una vez puestos de acuerdo, cada tallerista hace su propuesta de cosas o fenómenos naturales admirables, extraños, que asustan, que sorprenden o conmueven. De este ejercicio surge nuestra

Primera Lista de Asombros

Cosas admirables

El color naranja cuando cae la tarde.
Cuando muchos animales, sobre todo los machos, abren las plumas. Por ejemplo, el pavorreal: mientras más bonitas las plumas, más lo miran las hembras.
La emigración masiva de las aves.
Un atardecer después de la lluvia.
Cuando se abren las flores en primavera.
Los colores del otoño en Europa.

Cosas que provocan extrañeza

Los truenos.
Cuando el aire frío te da en el rostro.
La aurora boreal.
Los fuegos fatuos.
El delfín rosado.
El océano en su conjunto.
Los animales de la zona abisal.
Una lombriz.
La piel de la serpiente que es muy suave; y la del cocodrilo, más áspera.
El cortejo de los animales.
Un rabo de nube

Cosas que asustan

Los ciclones.
Los tornados.
Los tsunamis.
Los truenos.
La oscuridad.
Las arañas.
El silencio.
La niebla.
Los temblores de tierra.
La mordida de un perro.

Cosas que sorprenden

En la Avenida de Carlos III, todas las noches se siente el sonido de los pájaros en la copa de los árboles. Y el sonido de la copa de los árboles.
Los relámpagos.
Las ranas.
El oleaje cuando es muy fuerte.
Un pez que se pone las crías en la boca.
Los monos cuando se balancean.
En los alrededores donde trabajo, una matica crece en los árboles más grandes y, con el tiempo, llega a secarlos.
La flor de una matica que cuando la tocas se cierra. Dormilona o dormidera, dicen que se llama.
La mantarraya, que se esconde en la arena y tiene una gran velocidad.
La forma de comunicarse de los delfines.
El vuelo de los murciélagos.
Las penetraciones del mar.

Cosas que conmueven

El sonido y el movimiento de las olas del mar.
Las caricias de un perro o un gato.
Pintar.
La música instrumental.
Las crías recién nacidas.
Un gesto cariñoso de cualquier animal hacia otro animal o persona.
La lluvia.
Bañarme en la lluvia y deslizarme en una zona resbalosa.
El sonido de los árboles y los pájaros.
Una planta seca o casi seca.

Al leer en voz alta esta Primera Lista, descubrimos que:

-Un suceso puede resultar asombroso para una persona y para otra, no.
-La vida es más grata para los que se asombran.
-Casi podríamos vivir saltando de asombro en asombro, pero uno se distrae y ahí es cuando se pierden tantas dichosas oportunidades.
-Los asombros no dependen del tamaño del objeto o la importancia de los sucesos en sí, sino de nuestra capacidad para asombrarnos con lo pequeño y con lo grande.
-Cuando algo nos asombra, se cruzan los sentimientos. Las cosas pueden ser admirables y extrañas al mismo tiempo, o sorprendentes y asustadoras, o conmovedoras y admirables. Y muchas veces todos los sentimientos se mezclan.

En el próximo encuentro compartiremos algunos fragmentos de El libro de la almohada, de la escritora japonesa Sei Shonagon. En esa obra aparecen listas de sucesos que a la autora le parecieron asombrosos.

A modo de despedida, leemos cuatro haikus de Onitsura, traducidos por Vicente Haya:

Utsurou ya hinata no hana ni kage no hana

¡Cómo cambian!
Las flores al sol
Las flores a la sombra

Utate yana sakura o mireba saki ni keri

Sobrecogido de asombro:
mientras lo estaba mirando
el cerezo ha florecido.

Yûgure wa ayu no hara miru kawase kana

¡Ver a la orilla del arroyo
el vientre plateado de las truchas
a la caída de la tarde!

Monosugoya ara omosiroya kaeri-hana

Ay, formidables y extrañas
las flores
fuera de temporada

Participaron en esta sesión del Taller En Clave de Haiku, realizado el viernes 24 de junio del 2016, en la Galería Espacio Altamira: Yoan Alejandro, Yanisey, Inés, Héctor Daniel, Lucía, Yarisley y Jorge Braulio.

Share

La cola local

Kaibun

Oh, sabe raro:
la cola local.*
Oraré, Basho.

* Una cola se conoce en un programa como local si es propiedad del gestor de colas al que está conectado el programa. Puede obtener mensajes y transferirlos en las colas locales…
Una cola local es tanto una definición de una cola como el conjunto de mensajes asociado a dicha cola. El gestor de colas que aloja la cola recibe mensajes en sus colas locales. Las colas de transmisión son un tipo especial
de cola local.

Share

Retraducciones

samuel feijóo el rumor de mis destinos 1

…encontramos un Hai Kai del poeta Isa. Traducido del japonés al inglés por Donald Keene (y del inglés al español por Jesús Bal). Sobre vida y muerte, «fugacidad de la vida»:

El mundo del rocío
es un mundo de rocío, sin embargo,
sin embargo.

Leyéndolo recordamos algunos versos de Fayad Jamís, que dan la fijación del tiempo en el paisaje, con una desnudez de expresión pareja a la del japonés:

A la orilla del río hay un pescador
contemplando las estrellas de la tarde.
Un mendigo duerme abrazado a una botella vacía
la oscura boina por almohada.
Los pájaros picotean y saltan cerca de sus pies.

Asimismo la delicada, la traslúcida Cleva Solís:

¿Cómo sabe cada uno
lo que debe decir?
¿Cómo dijo cada uno
dónde iba el puente de piedras?

Ave, tiempo, luz, de las islas.

Samuel Feijóo

Fuente:
Azar de lecturas. Universidad Central de Las Villas. Santa Clara, 1961

Share

Fallo del I Certamen Internacional de Haiku HAIKUNVERSACIONES

HAIKUNVERSACIONES

Siendo las 19 horas del día 16 de febrero de 2016, se reúne el Jurado del “I Certamen Internacional de Haiku HAIKUNVERSACIONES”, organizado por el Grupo HAIKUNVERSACIONES y la BIBLIOTECA PÚBLICA PAMPLONA-YAMAGUCHI de Pamplona, compuesto por los siguientes miembros: Carmen, Feli, Iris, Lenna, Luelir, María Salud, Maribel, Martín, Pilar, Sua, y Yama

Se ratifican las valoraciones efectuadas en las sesiones de trabajo correspondientes, dando como resultado:

Premio especial, al conjunto de tres haikus, ganador del certamen.
Rafael Castillo Morales
Albacete

1º premio al mejor haiku individual
Gorka Arellano Pérez de Lazárraga
Tudela – Navarra

2º premio al mejor haiku individual
Sandra Pérez
CABA / Argentina

3º premio al mejor haiku individual
Alberto Yagüe Frías
Albacete

Mención Especial del Jurado
Laura Lakarra Lanz
Estella-Lizarra – Navarra

Finalista
Luis Miguel Martín Antón
Burgos

Finalista
Xaro Ortolá Reig
Altea – Alicante

Finalista
Luis Alberto Plaquin
Ezeiza – Provincia de Buenos Aires – Argentina

1.Presentación de Haikus ganadores

Hemos estudiado 462 haikus de 154 participantes. No todo lo recibido era Haiku aunque tuviera su métrica; ni greguerías, ni sentencias, ni una frase bella o tres frases sin conexión son Haikus, tampoco lo son las agudezas humorísticas. El Haiku en castellano, sin embargo, goza de muy buena salud en las dos orillas del océano Atlántico y se percibe en los Haikus ganadores.

Al leer los haikus de Rafael, Gorka, Sandra, Alberto, Laura, Luis Miguel, Xaro y Luis Alberto, …
verán saltamontes y olivos y alguna seta,
percibirán el olor del tomillo y el de la lluvia,
oirán el graznido de las grullas, el canto del zorzal, el ruido del agua, la voz de un búho y el croar de las ranas en la laguna, junto a la luna llena.

Nubes o sol, tardes de otoño y noches heladas o de verano.
Pero puede que todo esté en silencio, que se perciba la ausencia, que te invite al recogimiento…, ni una sola hoja, ni un solo pío.

Como ven, es como vivir un sueño. Cada Haiku te transporta a un escenario de sensaciones, te abraza a la naturaleza de la que somos parte, te coloca los sentidos en máxima alerta porque el todo está en 17 sílabas.

Escribir Haikus es transmitir para que el lector sueñe, imagine y sienta lo que el escritor percibió en la Naturaleza.

El haiku percibe realidades y transfiere sueños.

Santiago Larreta esbozó este Grupo, con algunos de nosotros, en 2009, unos meses antes de su muerte. En recuerdo de su amistad y su buen hacer en el Haiku va dedicado este Certamen.

Nuestro agradecimiento a todos los participantes, al Gobierno de Navarra y su Servicio de Bibliotecas, al Ayuntamiento de Pamplona, Editorial Satori y al Grupo Nihonnipon, que de una forma u otra han colaborado en este Certamen.

La entrega de los premios se efectuará el día 22 de abril, viernes, a las 19 h en la Biblioteca Pública Pamplona-Yamaguchi (Plaza Yamaguchi 12, planta baja. Pamplona)

2.Los Haikus ganadores.

Premio especial, al conjunto de tres haikus.
Ganador del Certamen
Rafael Castillo Morales
Albacete

Tarde de sol:
entre falso azafrán
los saltamontes.

Nubes de abril.
Debajo del olivo
lengua de vaca*.
(*anchusa azurea, lenguaza)

Se alza la niebla.
Entre tomillos y cardos
alguna seta.

***

1º premio al mejor haiku individual
Gorka Arellano Pérez de Lazárraga
Tudela – Navarra

Gélida noche –
Más allá de la niebla
graznan las grullas

2º premio al mejor haiku individual
Sandra Pérez
CABA / Argentina

Antes del alba
el canto de un zorzal,
olor a lluvia.

3º premio al mejor haiku individual
Alberto Yagüe Frías
Albacete

dentro el silencio-
en la tarde de otoño
ruido de lluvia

Mención Especial del Jurado
Laura Lakarra Lanz
Estella-Lizarra – Navarra

Huerto de almendros.
Ni una hoja en las ramas
ni un solo pío.

Finalista
Luis Miguel Martín Antón
Burgos

Noche estival.
Dentro de la laguna
la luna llena.

Finalista
Xaro Ortolá Reig
Altea – Alicante

senda entre pinos;
más allá de la niebla
la voz de un búho

Finalista
Luis Alberto Plaquin
Ezeiza – Provincia de Buenos Aires – Argentina

Brisa templada.
En un jardín sin luz
croar de ranas

Share

La Morada de las Ilusiones

hiroshige_luna de otoño sobre el ishiyama

Más allá de Ishiyama, detrás del monte Iwama, hay una colina llamada Kokubuyama. El nombre, creo que es una alusión al monasterio provincial (Kokubun-ji). Si se cruza el estrecho arroyo que corre a sus pies y se sube la pendiente, luego de tres curvas que están a doscientos pasos una de otra, se llega al santuario del dios Hachiman. El objeto de culto es una estatua del Buda Amida. Esta es una de las cosas que más aborrecen en la escuela Yuiitsu, aunque considero que resulta admirable, como afirma Ryôbu, que los bodhisattvas atenúen sus luminosidades y se mezclen con el polvo para beneficiar al mundo.

Hay días en que ni un fiel visita este santuario donde reina un silencio misterioso. Junto a él, una choza abandonada, con su puerta de juncos: las zarzas y las hierbas de bambú invaden los aleros; goteras en el techo; el estuco caído de las paredes… Los zorros y los tejones han hecho allí su madriguera. La llaman Genjû-an. Su propietario era un monje, tío del guerrero Suganuma Kyokusui. Hace ocho años que desapareció, no queda nada de él, sino su nombre: el Viejo Genjû.

Hace unos diez años que renuncié a la vida en la ciudad y, ya próximo a los cincuenta, soy como un gusano que perdió su capullo, como un caracol sin su coraza. He bronceado mi rostro con el cálido sol de Kisagata en Dewa, y magullado mis talones en las playas ásperas del mar del Norte, donde las altas dunas dificultan el andar, y este año aquí estoy, a la deriva, entre las olas del lago Biwa. El somormujo adhiere su nido flotante a un solo hilo de caña para evitar que lo arrastre la corriente. Con un pensamiento similar, reforcé con más paja el alero de la cabaña, cubrí los huecos de la valla, y, al comienzo del cuarto mes, primero del verano, me mudé a ella, pensando que sería apenas una breve estancia. Ahora, sin embargo, comienzo a preguntarme si la voy a dejar alguna vez.

No se ha ido del todo la primavera. Todavía florecen las azaleas, las glicinas silvestres cubren los pinos y, de vez en cuando, pasa un cuco. Recibo el saludo de los arrendajos y disfruto cuando los pájaros carpinteros vienen a picotear. Siento como si mi espíritu hubiera se desplazado a China para ver el paisaje en Wu o Chu, como si estuviese de pie junto a los encantadores ríos Xiao y Xiang, o a la orilla del lago Dongting. Detrás de mí, hacia el sudeste, se alza la montaña y las casas más próximas se hallan a una buena distancia. Las fragantes brisas del sur soplan desde las cimas, y el viento del norte se refresca en el lago.

El monte Hie, el alto pico Hira y, al lado de ellos, los pinos de Karasaki velados por la niebla; y también un castillo, un puente y barcos de pesca en el lago. Las voces de los leñadores en su camino a Kasatori, y la canción de las plantadoras en los pequeños campos de arroz al pie de la colina. Las luciérnagas tejiendo el aire en la penumbra de la noche, el áspero silbido de los rascones. Y el Mikamiyama, que se parece un poco al Fuji y me recuerda mi vieja casa en Musashino, mientras que el monte Takanami me hace rememorar a todos los poetas de la antigüedad que se asocian a él. Otras montañas son: la Cima de la Hierba de Bambú, la Cumbre de Mil Yardas, el Hakama Estrecho… Hay una Aldea del Remanso Negro donde el follaje es tan denso y oscuro que cuando los hombres tienden sus aparejos de pesca, se ve exactamente como se describe en el Manyôshû.

Para tener una vista mejor de los alrededores, equipado con una estera de paja, he subido a la altura detrás de mi cabaña, donde preparé una plataforma entre los pinos. Le llamo la Atalaya del Mono. No estoy en el grupo de esos excéntricos chinos como Xu Juan, que se construyó un nido en un manzano silvestre para allí dedicarse a la bebida, ni como el viejo Wang, que hizo su refugio en la cima de Shubo. Apenas soy un habitante de la montaña, tranquilo por naturaleza, que ha vuelto sus pasos a las empinadas cuestas y se sienta aquí, en las vacías colinas, para despiojarse.

A veces, cuando tengo buen estado de ánimo, acarreo agua clara desde el valle y cocino mi comida. El goteo del manantial alivia mi soledad, y con mi pequeña estufa, todo puede ser de cualquier modo, menos confuso. El hombre que vivió aquí antes era verdaderamente noble de corazón. No se preocupó por elaboradas construcciones: una pequeña pieza para la imagen de Buda y un espacio para los enseres del dormitorio.

Un eminente monje del Monte Kôra, en Tsukushi, hijo de un tal Kai del santuario de Kamo, viajaría pronto a Kyoto, y le mandé a preguntar con alguien si podría hacerme una caligrafía. Sin hacerse de rogar, mojó su pincel y escribió en una tabla los tres caracteres: Gen-jû-an. Se ha convertido en la enseña de mi choza de paja.

Hogar de la Montaña, Reposo del Viajero, como quiera que se le llame, es el tipo de lugar en el que no se necesita un gran número de pertenencias. Un sombrero de corteza de ciprés de Kiso; y de Koshi, una capa de juncos para la lluvia; todo, colgado en un poste sobre mi almohada. Durante el día, de vez en cuando, me distraigo con la gente que se detiene para visitarme. El anciano que cuida del santuario o los hombres de la aldea que vienen a contarme sobre el jabalí que se está comiendo las plantas de arroz, o los conejos que se meten en los sembrados de frijol, historias campesinas que son bastante nuevas para mí. Cuando el sol roza la cresta de los montes, me siento en medio del silencio nocturno para esperar a la luna, así tendré una sombra por compañía, o enciendo una lámpara y hablo del bien y el mal con mi silueta.

No soy ciertamente del tipo que, enamorado de la soledad, oculta todo rastro de sí mismo en los valles y montañas. Pero agobiado por una frecuente enfermedad y cansado de tratar con la gente, ahora me parezco a quienes han renunciado al mundo. Una y otra vez repaso los errores que he cometido por torpeza en todos estos años. Hubo un tiempo en el que envidié a quienes ostentaban cargos gubernamentales o impresionantes señoríos, y en otra ocasión consideré entrar en los recintos de Buda y las salas de enseñanza de los patriarcas. En vez de eso, he maltratado mi cuerpo en un peregrinar tan azaroso como el de las nubes a merced de los vientos, y me ocupé de cantar los sentimientos que evocan flores y las aves. He logrado ganarme así la vida y, finalmente, poco diestro y sin talento como soy, me entrego totalmente a esta única preocupación: la poesía. Bo Juyi bregó tanto con ella que casi arruina sus cinco órganos vitales, y Du Fu enflaqueció y se consumió por su causa. En lo que respecta a la inteligencia y calidad de sus escritos, nunca podría compararme con tales hombres. Y sin embargo, ¿acaso no vivimos todos en una morada de ilusiones? Pero basta ya. Hay que dormir.

Bosque estival.
Bajo el árbol de shii
encuentro amparo.

Matsuo Bashô

Versión en español: JB.

Bibliografía consultada:
Haruo Shirane: The Poetry and Prose of Matsuo Bashô.
Makoto Ueda: Matsuo Bashô. Kondansha International. Tokyo and New York, 1988.
Sieffert, René: Bashô, Journaux de voyage. Publications orientalistes de France. Paris, 1988

Share

En un balance

Maniquíes y comparsa_Tinta sobre papel_1980

Jefe inexperto:
no esperó ni un semestre
para engordar.

En un balance:
-¿Cuál gerente incumplió
su plan de engorde?

Extravagante:
diez años de intendente
y sigue flaco.

Kaishi

Share

Occidente y Japón, romance con buenos augurios

Contrapartida: El Baron Tsunayoshi Megata, en los años veinte del pasado siglo, llevó el tango A Japón.

Contrapartida: El Baron Tsunayoshi Megata, en los años veinte del pasado siglo, llevó el tango a Japón.

NIPOMANIA. La cultura japonesa ya es otra pasión argentina; lo demuestran lanzamientos editoriales y una movida independiente

Diana Fernández Irusta

Ni livianos ni pesados: con algo de rugosidad suave, los tazones son discretos, sólidos. La mujer los deposita sobre la mesa. Abre una pequeña lata, saca dos cucharadas de té, las distribuye, vuelca el agua humeante. Sin apuro (tampoco con morosidad; en sus gestos reina la medida justa), toma un cepillo de bambú y sacude levemente: el té verde toma una consistencia espumosa, que se transformará en un sabor neto, lejanamente ácido, ajeno a las estridencias. Exquisito.

La mujer se llama Amalia Sato y en una escueta versión de la tradicional ceremonia del té es capaz de traducir la esencia de la cultura japonesa. No en vano su nombre, asociado tanto a la traducción como a la revista Tokonoma, es inseparable de la fascinación que este universo ejerce sobre el público argentino. Un atractivo que no hace más que crecer: a los lanzamientos que algunas editoriales locales eligieron para este fin de año (obras de Kobo Abe, Minae Mizumura y Matsuo Basho) se suma el circuito de aficionados al teatro kamishibai y los cada vez más solicitados cursos de escritura japonesa. Por no hablar de la pasión por Haruki Murakami, cuyas dos primeras novelas (un ingreso a la gestación de su estilo literario) publicó Tusquets el mes pasado. O la intensidad del “Japón pop” del manga y el animé (historietas y dibujos animados para seguidores sin edad).

Sofisticado y universal

“No es algo que ocurra exclusivamente en la Argentina -comenta Sato-. Japón ya forma parte de la mentalidad occidental.”

Quizás por eso a Ryukichi Terao, hispanista, traductor y doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Tokio, no le sorprende la fidelidad con que muchos lectores argentinos aguardan la llegada de una nueva obra de Kobo Abe. Este escritor japonés, suerte de Kafka oriental que a mediados del siglo XX recreó un universo literario siniestro y extraño, es el autor de El mapa calcinado, libro que ya está en las librerías y que es la cuarta traducción de Abe que Terao realiza para la editorial Eterna Cadencia.

“A pesar de que gran parte de lo que estamos traduciendo fue escrito hace cincuenta años, no ha perdido la frescura para lectores actuales, sean japoneses o argentinos -asegura Terao, vía mail, desde Tokio-. El mundo abeano es un reflejo perverso de la modernidad, caracterizada por una soledad y alienación que estamos lejos de superar. Mientras haya lectores conscientes de la crisis que estamos enfrentando en el mundo moderno, las novelas de Abe seguirán ejerciendo un encanto particular.”

La herencia de la madre, de Minae Mizumura, es otro lanzamiento, en este caso a cargo de Adriana Hidalgo. Esta editorial tuvo un papel importante en la introducción de las letras japonesas en nuestro país. Según recuerda Amalia Sato, el poeta, ensayista y traductor Edgardo Russo, fallecido a mediados de este año y responsable en una época del sólido catálogo de Adriana Hidalgo, fue quien se empecinó en editar El libro de la almohada, de Sei Shônagon, cuando todavía no era tan frecuente la circulación de literatura japonesa en la Argentina. Eran fines de los años 90, se había estrenado en Buenos Aires Escrito en el cuerpo (film de Peter Greenaway inspirado en la obra de Shônagon) y el talentoso Russo pudo “ver” el potencial de esos relatos traducidos para el público local.

En lo que hace a La herencia de la madre, su autora explora dos temáticas particularmente conflictivas en la sociedad actual: la feminidad y la ancianidad (en la ficción, una mujer madura debe afrontar, casi simultáneamente, el divorcio y la decadencia física de su madre).

Un recorrido muy distinto es el que propone Diarios de viaje de Matsuo Basho. Considerado uno de los maestros del haiku (poemas muy breves, por lo general basados en el registro de la naturaleza y la yuxtaposición de dos ideas o imágenes), Bashô vivió en el siglo XVII y, pese a ser un neto urbanita, decidió recorrer a pie el Japón: de esa experiencia se nutren los Diarios de viaje.

Alberto Silva, poeta, ensayista, traductor, autor de la antología El libro del haiku (Bajo la Luna) y gran difusor del budismo zen a nivel local (www.zenba.com.ar), es uno de los traductores de la edición que acaba de lanzar el Fondo de Cultura Económica. “Sin haberlo buscado -comenta- esta edición de los Diarios de Basho prosigue el trabajo comenzado con El libro del Haiku“. Y describe su propio camino de iniciación en estos territorios: “A comienzos de los años 70 empecé a conocer la lengua específica del haiku, un vocabulario y una gramática simples y contundentes. Al hilo de esta pesquisa fui descubriendo a los grandes ‘personajes’ del haiku: el cuerpo (todo ocurre en el cuerpo de ese o aquel peregrino), el instante (hay que estar en estrecho contacto con la vida y la muerte para captar ese momento inimitable y saber ponerlo en palabras); el silencio (la búsqueda de lo que palpita lleva a extremar la atención)”.

Sesgo oriental

Se dice que fueron los franceses quienes, allá por el siglo XIX, abrieron las puertas a la fascinación occidental por la cultura japonesa. De hecho, el pintor y grabador Félix Bracquemond está considerado el descubridor “oficial” de las estampas japonesas: un buen día, Bracquemond (que estuvo vinculado a fábricas de porcelana de Sèvres y Limoges) recibió una encomienda con porcelana japonesa fabricada según el gusto occidental. Mientras desembalaba, decidió que el tesoro del envío no estaba en su contenido sino en el papel que lo recubría: delicados grabados ukiyo en los que, hasta ese momento, nadie había reparado.

En la Argentina lo japonés también tuvo sus embajadores notables: desde el artista Kazuya Sakai, que alrededor de los años 50 tradujo clásicos (y codirigió la editorial Ashoka, especializada en orientalismo), a la revista Sur, que le dedicó uno de sus números.

En la actualidad, editoriales pequeñas como Kaicron (http://www.kaicron.com.ar) tienen espacios dedicados a la cultura japonesa. Entre otros, Kaicron publicó el clásico Kumsakura. Almohada de hierbas, de Natsume Sôseki y Cerezos en tinieblas, de Higuchi Ichiyo, considerada la pionera del feminismo en Japón.

Y, desde ya, está la revista anual Tokonoma. Publicada desde 1994 por Amalia Sato, siempre significó un puente entre la sensibilidad local y la mirada nipona. Entre el juego y el ejercicio cultural, sus últimos números son una delicada cadena de textos creados por periodistas, escritores o artistas a partir de imágenes o palabras japonesas.

Aunque recientemente se lanzó al universo digital a través de un blog ( http://revistatokonoma.blogspot.com.ar) , la revista papel sigue viva, con el número 17 ya listo. Asimismo, el sello Series Tokonoma (https://www.facebook.com/seriestokonoma/) publicó dos encantadores libros de cuentos tradicionales para niños ilustrados por Nicolás Prior, en ediciones bilingües y con el formato de lectura oriental, de izquierda a derecha. El primer volumen está agotado: indicio de la enorme población de jóvenes que se lanzaron al estudio del japonés, muchos de ellos devotos del animé y el manga.

Muy cerca de estas búsquedas -el punto donde la palabra se encuentra con la imagen- está el kamishibai: pequeños retablos de madera donde se cuentan historias con láminas de papel desplazadas, muy suavemente, una tras otra. Son muchas las variantes que diseñadores contemporáneos, ilustradores, gente de letras y divulgadores de la literatura infantil han venido dando a este formato de teatro tradicional japonés: en el Club Kamishibai (www.clubkamishibai.com) se encuentran muchas de ellas. Incluso el Plan de Lectura del Ministerio de Educación impulsó talleres de kamishibai (cuyo carácter narrativo secuencial algunos asocian a los movimientos morosos del animé) para maestros.

Sutil e impregnada de espíritu contemporáneo, la cultura japonesa trasciende gestos, palabras e imágenes. Como en la librería Clásica y Moderna -lugar de referencia si los hay para los amantes de los libros- donde por estos días asoman, entre anaqueles y mesas de café, los delicados jacarandáes que la artista Cristina Coroleu pinta con la técnica de la aguada japonesa.
Fuente: LA NACIÓN

Share

Mañana vuelves a casa

Momiji

あす帰国
思い出ひとつ
加えた日

asu kikoku
omoide hitotsu
kuwaeta hi

recordando este momento…
mañana
cuando vuelvas a tu casa

fly back home tomorrow
making memories
today

Félix Arce Araiz (Momiji)
(España)

Versión japonesa:
Yoko Masuyama

Share

En el estuche

Antiguo trombon

En el estuche
del trombón, el zumbido
de un abejorro

Share

A Santiago Larreta, un enamorado del Haiku

santiago-larreta-irisurri

El 12 de octubre de 2009, en respuesta a un correo, escribía: “…de mis historias particulares nada nuevo ni ganas de amargar el día a nadie así que…¡todo bien! Quedamos unos días más tarde, para hablar de Haiku. Nos comentó que mejor en el café Baluarte por lo del aparcamiento, para no cansarse. Durante la conversación intuimos la importancia del Kire y la influencia determinante del idioma en la construcción del Haiku. Reímos sobre alguna de sus intervenciones en El Rincón del Haiku, comentó del cariño percibido en las respuestas y pergeñamos lo que más tarde sería HAIKUNVERSACIONES, un grupo para el estudio del Haiku. Entre sorbo y sorbo de café le preguntamos por su salud, ya maltrecha. Nos contestó: ”Hemos venido para hablar del Haiku y no de mí. Cuando me canse, me levantaré, os diré adiós y me iré” todavía recuerdo su sonrisa y su mano levantada a través de la cristalera. Moriría un mes más tarde.

Era un ser sensible que, como Buson, primero fue pintor y después poeta del Haiku. Conocidas son sus Haigas publicadas en El Rincón, en 2006, 2007 y 2008. De su sensibilidad quedan sus Haikus y el reconocimiento de otros poetas de Haiku, en el día de su muerte. Desde Valencia: “una persona llena de humor y sensibilidad…, lamento su pérdida hasta las lágrimas”, desde Albacete: “lo llevamos en el corazón…Algunos de sus Haikus son maravillosos. Y el contacto con él (aunque fuera por la red) impagable”, desde Viena: “Hemos perdido a un gran amigo. Gracias por tus sueños, querido Santiago”, desde Santiago de Chile: “Desde lo alto, bajan pétalos de rosa sobre su tumba”.

     Alguno de sus Haikus:

Jardín helado
saltando el gorrión
no deja huella.

Atardecer
la flor de la calabaza
recoge sus pétalos.

Una hoja al viento
y volando en ella
la mantalgorri.

      …y los dos últimos, unos días antes de morir:

Clarea el día
en la pared de enfrente
un rayito de sol.

Todo es soledad
oigo agitarse
las hojas del roble.

     Conocida era su ironía con la que sorteaba sus dificultades. En mayo de 2007 escribía: “Si me lo permitís, quisiera incorporarme al foro con la esperanza de ser leído y criticado, que es la única manera de aprender.” Un Haijin argentino le contesta: “No soy tan entendido como para opinar sobre tu trabajo pero me parecen poemas prolijos.” y Santiago le responde: “Estimado Rodolfo, que es de quien recibo el primer comentario, te agradezco te hayas detenido pensando en lo que escribí, pero para entender mejor tu crítica me tendrías que aclarar con cuál de estas acepciones de la palabra prolijo me quedo : ¿con “largo”, “dilatado en exceso”, “cuidadoso”, esmerado”, “amplio”, “detallado”, “farragoso”…?. Como sabes son muy “prolijos” los posibles significados de la palabra.” y Rodolfo le contesta: “Mi comentario fue positivo, por lo tanto corresponde la acepción 2 del Diccionario de la Real academia, cuidadoso, esmerado.”

Este I Certamen dedicado a la memoria del amigo que se hizo silencio; al navarro, que el camino se le hizo campo; al haijin, que la vida se le hizo Haiku.

     Con todo cariño a Santiago Larreta, el Grupo HAIKUNVERSACIONES.

Share