Category Archive: Por orden cronológico

Ya no está con nosotros Juan Carlos Flores

juan c flores 2

por Pablo Rigal

Ya no esta con nosotros Juan Carlos Flores, no era un poeta común, no solo escribía, vivia en la poesía como una orquídea rara y se adentraba en ella “como se adentra un santo en el nirvana, como se adentra un cuerpo en otro”. Poseía esa paradojica mezcla de lucidez y locura, que le daba un porte quijotesco, podía vivir en la conversación o en el silencio, pero siempre habia un verbo amenazando con salir y salir sin detenerse.

Su idea de la poesía es lo mejor que podemos compartir como una amable despedida, sin duelos ni tristezas, le sobrevive su poesía, era un ser humano singular del tipo que sabemos de paso, del que seguimos, donde quiera que esté.

Idea de la poesía

Tomada sea la muy púdica
no pedida sino tomada.
Convertida en cuerpo, en espejo,
es dos un hombre que se mira.
Convertida en árbol,
han de luchar la serpiente y el pájaro.
Convertida en relámpago, en muelle,
un niño tira de un cordel a la luna,
viene la madre y corta con tijera el cordel.
Si ascendemos la máscara, si descendemos el túnel.
No me encuentro, me busco, estoy ahumado.
La poesía en el duermevela
como el ave de la resurrección
a cada instante nace, se aniquila.
La palabra una mitad, el silencio la otra.
El poeta en una orilla, el escucha en la otra.
El poeta es el escucha, el escucha el poeta.
El acto poético es amor
y presupone una fe y una más allá,
sillar, isla que no se alcanza.
Adentrarse en la poesía.
Como se adentra un santo en el nirvana,
como se adentra un cuerpo en otro.
La libertad, timón hacia la poesía,
la poesía, timón hacia la libertad.
Agua y tierra y viento y fuego
es el poeta, es el escucha.
El sueño y la realidad dialogan, se rechazan
se engendran, se aniquilan:
una bocanada de luz, una paletada de tierra.
Intuimos a Dios y comenzamos a morir,
intuimos a la mujer y queremos la inmortalidad.
Me intuyo, luego soy poeta.
Te intuyo es una puerta, un vaso, si lloviera.
Qué cansancio en los ojos de perro,
una herida en el muslo y nos creemos dispuestos
para habitar nuevamente el paraíso.
Tomada sea la muy púdica
no pedida sino tomada.

El cadáver de un rey flota en el pasto.
Fuente: Cubaliteraria

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Azoro

Manuscrito_8

Tremendous trifles.
Chesterton

Cubre a tus hijos, parda palomita
silvestre y quieta y con tu ser entero
abrígalos del áspero aguacero
que si no estás, corriendo te los quita.
Temblando abres las alas y marchita
te estrechas a tu bien perecedero
mientras él pasa rápido y grosero
y a puñados la muerte precipita.
Qué sabe el dios del agua de tu pena,
de tu tibio, minúsculo tesoro
que más trémula guardas que serena.
Y allá va el regio, eterno meteoro
ciego en su majestad que es tan ajena
a la enorme minucia de tu azoro.

Eliseo Diego

Fuente:
Inventario de asombros, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1982.

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Hormigas

Ant on a Stone Mill

Shira ame ni hashirikudaru ya take no ari

Lluvia vespertina:
Las hormigas bajan corriendo
de los bambúes.

Jôsô

El toque de Zen aquí está en lo inexpresado y, por consiguiente, en el sentimiento más conmovedor de la unidad de nuestra vida con la de la naturaleza. Esto se siente en el atropellado descenso de las hormigas por los troncos de los bambúes, las mismas hormigas que parecían haberse pasado el día subiendo por ellos.

Ari nagasu kodo no ôame to nari no keri

Arrecia más la lluvia,
arrastra
las hormigas.

Kuson

Más que una expresión de piedad por las hormigas, es una descripción de la lluvia de verano. Podemos decir lo mismo, incluso de la siguiente por Gyôdai:

Yukue naki ari no sumika ya satsukiame

No hay dónde ir…
El nido de las hormigas
bajo la lluvia estival.

Haari tobu ya fuji no susono no koie yori

Vuelan hormigas aladas,
desde la casita,
hasta el pie del Monte Fuji.

Buson

Este puede ser una reminiscencia de los comienzos de Sôshi. Las hormigas aladas, una casa pequeña, el Monte Fuji: he aquí una graduación del tamaño, una relatividad que muestra el sentido de la mera cantidad. En estos versos hay un misterio semejante al de Alicia en el país de las maravillas, pero no tan obvio.

Fuente:
R. H. Blyth: Haiku. Vol. III. Hokuseido, Tokyo, 1962.
versión libre: JB

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Asombro

eliseo-diego

Me asombran las hormigas que al ir vienen
tan seguras de sí que me dan miedo
porque están donde van sin más preguntas
y aunque asomos de vida son perfectas
si minúsculas máquinas que saben
el dónde y el adónde que les toca
y a la muerte la ignoran como a nada
si no fuese tan útil instrumento
con que hacer de lo inerme nueva vida.

Pero aunque agrande su minucia viva
el azoro redondo en que las miro
y me apena que no se sepan nunca
tal como son en su afanarse oscuro
ya tan inmemorial como la Tierra

más me asombra mi pena y me convence
de que saberse el ser bien que la vale
aun cuando el precio sea tan alto como
el enorme silencio de allá afuera.

Eliseo Diego

Este poema forma parte del libro Aquí he vivido, Ediciones Especiales, Instituto Cubano del Libro, 2000.
Eliseo Diego: (La Habana, 2 de julio de 1920 – México D.F, 1 de marzo de 1994). Poeta, escritor y ensayista cubano, considerado uno de los más grandes poetas de Latinoamérica. Fundador de la Revista Orígenes. Realizó traducciones y versiones de las más importantes figuras de la literatura infantil en el mundo. Obtuvo en 1986 el Premio Nacional de Literatura por el conjunto de su obra y recibió, en 1988 y 1989, el Premio de la Crítica. En 1992 la Universidad del Valle, en Cali, Colombia, le otorga el Doctorado Honoris Causa. En 1993 recibe Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo.

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Hierbas al sol

frailecillo 3

Hierbas al sol
Un frailecillo pía,
el otro escarba

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Abbas Kiarostami

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Anteayer falleció el director de cine iraní Abbas Kiarostami (Teherán, 22 de junio de 1940-París, 4 de julio de 2016). Entre las muchas facetas de su quehacer creativo escribió breves textos, asombros en los que se transparenta una profunda afinidad con el haiku japonés. Como homenaje a este gran ser humano, susurremos esta selección de sus poemas, publicada hace ya varios años en El Rincón del Haiku:

Un potrillo blanco
viene de la niebla
y desaparece
en la niebla

Los polluelos de un día
experimentaron
la primera lluvia de primavera

Salta y se posa
se posa y salta
el saltamontes
en una dirección que sólo él sabe

Seis monjes bajos
caminan
entre altos plátanos

La voz de los cuervos

La araña
ha empezado su labor
antes de la salida del sol

La alfalfa esconde en sí
el rocío matutino

Las moscas
giran en torno a la cabeza de la yegua muerta
cuando se pone el sol

Ni este
ni oeste
ni norte
ni sur
Aquí mismo donde estoy de pie

En los juegos entre el niño y la abuela
siempre pierde
la abuela

En un templo
de hace mil trescientos años
la hora
siete menos siete

Mi sombra
me acompaña
en la noche de luna

La bignonia
se llena
de lluvia primaveral

El gusano deja
la manzana agusanada
por una nueva manzana

Las coloridas frutas
en el silencio de los vestidos de luto

Pensándolo bien
no comprendo la razón
de tanta blancura de la nieve

Fuente original:
Abbas Kiarostami: Compañero del viento. Ediciones del oriente y del mediterráneo. (Madrid, 2006)

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El cuidador de rebaños (1)

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                              XXV

Las pompas de jabón que este niño
juega a sacar de una pajita
son, translúcidamente, toda una filosofía.
Claras, inútiles y pasajeras como la Naturaleza,
amigas de los ojos y de las cosas, son eso que son
con una precisión redondita y aérea,
y nadie, ni siquiera el niño que las suelta
pretende que sean más de lo que parecen ser.

Algunas apenas se ven en el aire luminoso.
Son como la brisa que pasa y apenas roza las flores
y que sólo sabemos que pasa
porque algo se hace más ligero en nosotros
y acepta todo más nítidamente.

                  Alberto Caeiro

Fragmento de El cuidador de rebaños
Fuente: Ordoñez, Andrés. Fernando Pessoa, un místico sin fe. Editorial Arte y Literatura. La Habana, 2004.

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El espíritu de la naturaleza

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Para ser francos, pocos adultos son capaces de ver la naturaleza. La mayoría de las personas no ve el sol. Al menos, tiene una visión muy superficial de él. El sol ilumina únicamente el ojo del hombre, pero resplandece en cambio en el ojo y en el corazón del niño. El amante de la naturaleza es aquel cuyos sentidos interiores y exteriores aún siguen amoldados verdaderamente el uno al otro; aquel que ha conservado en su madurez el espíritu de la infancia. Su comercio con el cielo y con la tierra se vuelve parte de su diario sustento. Pese a sus reales tribulaciones, en presencia de la naturaleza, lo recorre un salvaje deleite. La naturaleza dice: He aquí mi criatura, y a pesar de sus impertinentes aflicciones, conmigo estará contenta. No sólo el sol y el verano, sino cada hora y cada estación del año rinden su tributo de goce; pues cada hora y cada cambio, desde el sofocante mediodía hasta la noche tenebrosa, corresponden a un distinto estado mental y lo avalan. La naturaleza es un escenario que se adapta igualmente bien para una pieza cómica o trágica. Cuando uno está sano, el aire es un licor de increíbles virtudes. Cruzando sobre la nieve fresca un campo despoblado, bajo un cielo nuboso y crepuscular, y sin que me viniera a la mente ningún augurio particularmente bueno, sentí una exaltación perfecta, un contento lindante con el temor.

Ralph Waldo Emerson
El espíritu de la naturaleza

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Lezama y el árbol

arbol amilkar feria 1

Cada árbol es una catedral de hojas y cada hoja una catedral de estancias. Un animal tiene cuatro patas porque no puede tener dos, porque es un mamífero todavía de poca alcurnia. El hombre tiene dos, porque otras dos ya logró convertirlas en manos. El árbol, sin embargo, amigo, se sostiene cómodamente sobre una sola extremidad y así de paso no no se deja arrastrar por exabruptos y otras velocidades.

El árbol, como yo, como usted ahora, es un viajero inmóvil, alguien que tiene prisa por estarse quieto, por serenarse bajo un cielo en movimiento. El árbol se traslada con expansión y es fiel a su paisaje. Es el único sujeto leal al horizonte: no juega con él, no intenta acercarlo ni alejarlo.

El árbol es un misterio inicial y el misterio en franca reducción. El árbol es el esbozo invertido de una campana sin sonidos, es el pasado de la cruz. Y cualquier árbol es el árbol de la vida, el traficante en oxígenos. Cualquier árbol da pan y da manzanas, cualquiera descorcha vinos y pare azahares. Un solo pájaro llegando a la hoja anfitriona, a la amplia rama hotelera, fue suficiente razón para que Dios emprendiera el proyecto de árbol. A ese mismo proyecto multiplicado por el infinito, lo llamó, excitado, divertido, con el nombre altisonante de bosque.

El bosque es, pues, la altisonancia, el abolengo vegetal, el delirio de la creación, el frenesí de jugar con un dedo creativo e instantáneo. Dios puso el dedo, su dedo de Dios, y lo iluminó a usted y me puso luz a mí y lanzó la iniciativa de los bosques, de donde debíamos tomar la fruta y la sombra y la flecha y la silla y la mesa y la cama, para hacer un tránsito relativamente seguro y confortable.

José Lezama Lima

Fuente:

Félix Guerra: Para leer debajo de un sicomoro. Colección Sur Editores. La Habana, 2013
Ilustración: Amílkar Feria

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Lirismo y erudición

basho el pais uruguay

Juan de Marsilio
6 de mayo del 2016

MATSUO Bashô (Japón 1644 -1694) fue un gran poeta japonés, cultor y renovador del haiku (forma poética breve, con tres versos de cinco, siete y cinco sílabas, que capta un instante del paisaje). Vivió al comienzo del Shogunato del Clan Tokugawa (1600-1868), que marca el período premoderno del Japón, y no su Edad Media, como suele afirmarse. De origen campesino, llegó a ser un célebre poeta y erudito con numerosos discípulos sin perder su sencillez, como lo muestra el buen humor con que afrontó las precarias condiciones en sus viajes, a pie durante su última década de vida (Piojos, pulgas./ Y un caballo que orina/ junto a mi almohada). O la decisión de no comentar nada más tras apuntar, acerca de un paraje, unos versos de otro poeta, porque hubiera sido “añadirle otro dedo a una mano”. Su poesía está influida por el Zen, el Taoísmo y la tradición literaria china y japonesa. Se convirtió en “laico consagrado” Zen y esa condición intermedia entre hombre común y monje lo llevó a decir de sí mismo que era como un murciélago, mezcla de cuervo y ratón.

Viajaba para contemplar la naturaleza. El destino de la peregrinación era, por ejemplo, contemplar la luna llena desde cierta montaña o ante tal o cual bahía. Ya desde ahí debe entender el lector occidental que el concepto de la naturaleza y su contemplación es, para este poeta y su cultura, muy peculiar. El paisaje dispara un proceso múltiple, que cuaja en poemas breves y a menudo enigmáticos, que reflejan a la vez el pintoresquismo del paisaje, la trascendencia esencial de la naturaleza —como dice Bashô, “el ingenio del Creador”—, la afectividad del poeta —lo que toca también el sentir del lector que sepa entrar en el juego—, la tradición literaria e histórica y, por último pero no menos importante, las ricas relaciones sonoras y conceptuales que la lengua japonesa permite.

Asombra el lirismo y la erudición de estos diarios de viaje, condensado de pronto en poemas tan breves como magistrales: Se va la primavera,/ lamentos de pájaros lágrimas,/ en los ojos de los peces. O este otro: Sol en invierno/ mi sombra se congela/ sobre el caballo.

Bashô es sencillo y generoso como maestro y compañero de viaje. Tal es su amabilidad que no sólo consigna los poemas que las alternativas del viaje le provocan, sino también los que escriben sus compañeros. Esto, y las constantes referencias a mil años de poesía china y japonesa, pueden ser una buena guía para que el lector de Occidente comience a recorrer la literatura del otro extremo del mundo. Las referencias a la mitología, así como también a la narrativa del Japón medieval, muestran una constante asociación entre heroísmo y sensibilidad afectiva, moral, religiosa y estética, que sin embargo no logran detener la violencia y la crueldad, vividas como destino. Esto tal vez ayude a comprender —que no a justificar ni a tolerar— algunos crímenes japoneses de la Segunda Guerra Mundial.

La traducción, el prólogo y sobre todo las notas de Alberto Silva y Masateru Ito son un prodigio de cuidado y paciencia docente para guiar al lector por entre la densa red de citas y alusiones que cruza estos relatos de viajes, así como también para explicar todas las peculiaridades etimológicas del japonés —tan rico en sugerencias poéticas en la estructura de los topónimos y nombres propios— que se pudieran perder en la traducción.

DIARIOS DE VIAJE, de Matsuo Bashô. Fondo de Cultura Económica, 2015. Buenos Aires, 196 págs. Distribuye Gussi.

Fuente: El País

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