Category Archive: Aprender del pino

El espíritu de la naturaleza

RWEmerson

Para ser francos, pocos adultos son capaces de ver la naturaleza. La mayoría de las personas no ve el sol. Al menos, tiene una visión muy superficial de él. El sol ilumina únicamente el ojo del hombre, pero resplandece en cambio en el ojo y en el corazón del niño. El amante de la naturaleza es aquel cuyos sentidos interiores y exteriores aún siguen amoldados verdaderamente el uno al otro; aquel que ha conservado en su madurez el espíritu de la infancia. Su comercio con el cielo y con la tierra se vuelve parte de su diario sustento. Pese a sus reales tribulaciones, en presencia de la naturaleza, lo recorre un salvaje deleite. La naturaleza dice: He aquí mi criatura, y a pesar de sus impertinentes aflicciones, conmigo estará contenta. No sólo el sol y el verano, sino cada hora y cada estación del año rinden su tributo de goce; pues cada hora y cada cambio, desde el sofocante mediodía hasta la noche tenebrosa, corresponden a un distinto estado mental y lo avalan. La naturaleza es un escenario que se adapta igualmente bien para una pieza cómica o trágica. Cuando uno está sano, el aire es un licor de increíbles virtudes. Cruzando sobre la nieve fresca un campo despoblado, bajo un cielo nuboso y crepuscular, y sin que me viniera a la mente ningún augurio particularmente bueno, sentí una exaltación perfecta, un contento lindante con el temor.

Ralph Waldo Emerson
El espíritu de la naturaleza

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Lezama y el árbol

arbol amilkar feria 1

Cada árbol es una catedral de hojas y cada hoja una catedral de estancias. Un animal tiene cuatro patas porque no puede tener dos, porque es un mamífero todavía de poca alcurnia. El hombre tiene dos, porque otras dos ya logró convertirlas en manos. El árbol, sin embargo, amigo, se sostiene cómodamente sobre una sola extremidad y así de paso no no se deja arrastrar por exabruptos y otras velocidades.

El árbol, como yo, como usted ahora, es un viajero inmóvil, alguien que tiene prisa por estarse quieto, por serenarse bajo un cielo en movimiento. El árbol se traslada con expansión y es fiel a su paisaje. Es el único sujeto leal al horizonte: no juega con él, no intenta acercarlo ni alejarlo.

El árbol es un misterio inicial y el misterio en franca reducción. El árbol es el esbozo invertido de una campana sin sonidos, es el pasado de la cruz. Y cualquier árbol es el árbol de la vida, el traficante en oxígenos. Cualquier árbol da pan y da manzanas, cualquiera descorcha vinos y pare azahares. Un solo pájaro llegando a la hoja anfitriona, a la amplia rama hotelera, fue suficiente razón para que Dios emprendiera el proyecto de árbol. A ese mismo proyecto multiplicado por el infinito, lo llamó, excitado, divertido, con el nombre altisonante de bosque.

El bosque es, pues, la altisonancia, el abolengo vegetal, el delirio de la creación, el frenesí de jugar con un dedo creativo e instantáneo. Dios puso el dedo, su dedo de Dios, y lo iluminó a usted y me puso luz a mí y lanzó la iniciativa de los bosques, de donde debíamos tomar la fruta y la sombra y la flecha y la silla y la mesa y la cama, para hacer un tránsito relativamente seguro y confortable.

José Lezama Lima

Fuente:

Félix Guerra: Para leer debajo de un sicomoro. Colección Sur Editores. La Habana, 2013
Ilustración: Amílkar Feria

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Salta la lucecita

La_Tour 1

“Todavía presto atención a todo lo que me asombra. Esa es otra cosa que uno trae de la infancia. Es triste cuando eso se apaga o las circunstancias te lo esfuman. La creación es eso: creer que has descubierto algo. Posiblemente ha sido descubierto eso mismo miles de veces antes, pero a ti te salta la lucecita. Como cada persona es diferente a la otra, cada persona es única e indivisible, pero uno que crea le agrega aquel granito ínfimo y personal al universo.”

Silvio Rodríguez

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Una lección de Enrique Pineda Barnet

A511

“He dicho en varias ocasiones que me he operado del odio porque el odio es muy nocivo y hace mucho daño al que odia. La cura es analizar al otro, aprender a entenderlo. Lo segundo es aprender a prescindir, porque prescindir equivale a despejarse.

“El ser humano es coleccionista y colecciona lo que le gusta. Yo empecé por limpiarme de cosas que no me gustaban y luego empecé a prescindir de cosas que me gustaban mucho pero que a otros les gustaban más. En cosas más esenciales hay que aprender a prescindir y creo que a la hora de hacer arte también hay que aprender con menos recursos a exprimir la creatividad”.

 

Enrique Pineda Barnet

(Cineasta cubano)

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Esculpir en el Tiempo

Tarkovsky 1

Existe, y está ya muy manido, el concepto de cine poético. Comprende aquellas películas cuyas imágenes pasan audazmente por encima de la concreción fáctica de la vida real, constituyendo a la vez una unidad propia de construcción. Pero encierra un peligro muy específico, el peligro de que aquí el cine se distancie de sí mismo. El cine poético normalmente suele originar símbolos, alegorías y figuras retóricas parecidas. Y, precisamente, éstas no tienen nada que ver con aquella forma de imagen que constituye la esencia del cine.

En este punto me parece adecuado precisar algo más: si en el cine el tiempo se presenta con la forma de un hecho, esto quiere decir que ese hecho se reproduce en forma de una observación sencilla, inmediata. El elemento fundamental en el cine, el que le da forma y lo determina desde la más insignificante toma, es la observación.

Es conocido el género tradicional de la antigua poesía japonesa, el haiku. Sergei Eisenstein cita ejemplos:

Viejísimo convento
Media luna
Un lobo aúlla

En el campo, silencio
Una mariposa vuela
La mariposa se ha dormido

En estos tres versos, Eisenstein vio un ejemplo de cómo tres elementos inconexos, al entrar en correlación, crean una nueva cualidad. pero este principio no es específico del cine: ya existía en los haikus, por ejemplo. A mí, en cambio, de los “haikus” me impresiona su observación pura, sutil y compleja de la vida:

Cañas de pescar en las olas
Un poquito las rozó
La luna llena

O:

Una rosa perdió sus hojas
Y de las puntas de todas las espinas
Cuelgan pequeñas gotas

Esto es observación pura. Su precisión, su exactitud, hace que incluso personas con una capacidad de percepción muy dispersa sientan la fuerza de la poesía y la imagen de la vida recogida por el autor.

A pesar de mis reservas frente a analogías con otras artes, este ejemplo de poesía me parece que se acerca mucho a la esencia del cine. Pero no se debe olvidar que la literatura y la poesía -a diferencia del cine- tienen su propio lenguaje. El cine surge de la observación inmediata de la vida. Éste es para mí el camino cierto de la poesía fílmica. Pues la imagen fílmica es en esencia la observación de un fenómeno inserto en el tiempo.

Andrei Tarkovski
(Zavrazhie, 1932-París, 1986)

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Para que salga fuera lo que está dentro

Meister Eckhart

“Para que salga fuera lo que está dentro, debemos abrir la concha, pues cuando tú quieres coger la pulpa, no tienes más remedio que romper su envoltura. Y, por tanto, si deseas descubrir la desnudez de la naturaleza debes destruir sus símbolos, y cuanto más lejos llegues en esto, más cerca vendrás a su esencia. Cuando arribas al Uno que dentro de sí reúne todas las cosas, ahí te quedas”.

Meister Eckhart

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La nube que dibuja

René Magritte: La Gran Familia, 1963

René Magritte: La Gran Familia, 1963

Sol
Dibuja la nube
Un pájaro en vuelo

Lucía Bordón Pardo

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125 Aniversario de la muerte de Van Gogh

Van Gogh: Retrato del Padre Tanguy

Van Gogh: Retrato del Padre Tanguy

Este 29 de julio se cumplen 125 años de la muerte del gran pintor holandés Vincent Van Gogh. Como un modesto homenaje, veamos algunas huellas del arte japonés en sus geniales creaciones…

Van Gogh: Puente colgante en Nieuw-Amsterdam Otoño, 1883

Van Gogh: Puente colgante en Nieuw-Amsterdam
Otoño, 1883

 

Utagawa Hiroshige: Puerta de entrada al santuario 1832-1835

Utagawa Hiroshige: Puerta de entrada al santuario
1832-1835

Vincent Van Gogh: Olivar Junio 1889

Van Gogh: Olivar
Junio 1889

 

Utagawa Hiroshige: Playa de las maiko en la provincia de Harima 1853

Utagawa Hiroshige: Playa de las maiko en la provincia de Harima
1853

 

Vincent Van Gogh: La noche 12-15 de mayo de 1890

Vincent Van Gogh: La noche
12-15 de mayo de 1890

Utagawa Hiroshige: Un monje preguntando el camino 1838-1842

Utagawa Hiroshige: Un monje preguntando el camino
1838-1842

 

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La inocencia del haiku

La Inocencia del Haiku

Esta es una noticia que se publicó hace dos años, pero al releerla me pareció útil compartirla, ya que aspiramos a promover cuantas experiencias puedan contribuir a que se practique la escritura del haiku en Cuba. En los últimos días, he publicado varios mensajes dedicados al haiku que escriben nuestras niñas y niños. No está mal entonces recordar cómo lo hacen las niñas y los niños japoneses.
Saludos desde la Zona 1 de Alamar.
JB

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Niños poetas de Japón nos ayudan a encontrar la inocencia
El especialista Vicente Haya seleccionó 160 composiciones de pequeños de cinco a 11 años

Ericka Montaño Garfias

Periódico La Jornada
Martes 3 de julio de 2012, p. 5

Haiku, composición poética de origen japonés que consta de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas, respectivamente. Esa es la definición que ofrece el Diccionario de la Real Academia Española. Ahora Vicente Haya, especialista en cultura japonesa, ofrece a los lectores la compilación La inocencia del haiku: selección de poetas japoneses menores de 12 años, publicado por la editorial Vaso Roto.

Haya (Sevilla, 1962) es autor de más de 30 libros sobre nipología e islamología, muchos de éstos han sido dedicados al haiku: Santôka (70 haikus esenciales), El corazón del haiku (La expresión de lo sagrado), El espacio interior del Haiku, Haikus japoneses de vuelo mágico o Haiku-dô.

Un pequeño de seis años, autor de este haiku

Un pequeño de seis años, autor de este haiku

Compromiso con los lectores

En La inocencia del haiku, cuya traducción estuvo a su cargo junto con Yurie Fujisawa, Haya escribe en el prólogo cómo desde 1992 se interesó por indagar en la expresión de lo sagrado en el haiku japonés.

Ahora, añade, contraigo un nuevo compromiso editorial con mis lectores al reiniciar con ellos este camino del haiku paso a paso, desde la mirada de los niños, sin tantas palabras, sin tantas explicaciones, sólo haikus, pero minuciosamente seleccionados para que cumplan con su función, como las dosis precisas de una medicina. Y son 160 dosis, 160 haikus cuyos autores tienen entre cinco y 11 años.

El origen del volumen se puede encontrar en una investigación que se inició en 2004, publicada como El espacio interior del haiku, 47 claves del haiku bien construido, en el que incluyó haikus de niños japoneses, entre haikus de Shiki, Buson y Basho. Esos tres haikus de niños los comenté a conciencia, exactamente como hice con el resto de los de la antología.

Sin embargo, reconoce que la mezcla entre autores reconocidos y los haikus de niños fue recibida muy bien en Occidente, pero resultó francamente mal acogida entre los japoneses, particularmente entre los académicos. Les pareció algo remotamente parecido a una burla, una falta de sensibilidad o de inteligencia crítica.

La razón: no se considera el haiku escrito por los niños como algo de valor en sí mismo. No es más que parte de la educación básica japonesa y prueba que se está haciendo lo posible por consolidar las bases de la pervivencia de su cultura en el tiempo. Nada cuyo resultado pueda ponerse, ni en el mejor de los casos, al nivel de los grandes poetas del haiku.

Vicente Haya pone en entredicho las razones de los académicos japoneses, al incluir en su prólogo un haiku de Buson y otro de un niño de nueve años, y reta al lector a descubrir quién es el autor de cada uno.

Por supuesto que el haiku es una técnica, pero muy sencilla, y por supuesto que es un arte, pero al alcance de todo aquel que tenga sensibilidad. En realidad, el haiku es sobre todo plasmación de una inocencia no perdida o recuperada.

Un verdadero haijin (poeta del haiku), dice más adelante, lo primero que debe hacer es bus-car la inocencia dentro de sí. Solo o con ayuda. El haiku que hacen los niños puede ayudarnos a encontrarla.

Para Haya, el haiku no son sólo palabras, y para escribirlos es necesaria una mirada limpia, el saber estar sin esperar nada es esencial, la ausencia de juicio al género humano es esencial. Todo es necesario en el haiku.

Y la mirada de los niños es así, y nos enseñan también a seleccionar de entre la infinidad de objetos poéticos que nos rodean los asombros más elementales, los que pasan más desapercibidos.

Poco a poco, escribe el compilador, los niños van enfermando de nuestras mismas enfermedades, la del consumismo, la del egoísmo, también la de la estupidez, pero mientras hacen ese proceso de pérdida de la infancia aún son capaces de extraordinarias apreciaciones, como podremos comprobar en esta antología. Gracias a lo que estos niños japoneses sintieron alguna vez, y dejaron por escrito, ahora nosotros podemos recuperar esa inocencia que un día perdimos. Ni se sabe ya hace cuánto tiempo.

Ahora, La inocencia del haiku pertenece a ese género de libros que prácticamente es imposible encontrar en las librerías japonesas, en las que sí es posible comprar libros de haikus para niños… escritos por adultos.

 

Fuente: La Jornada

 

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San Francisco de Asis

Giotto: Leyenda de San Francisco. El sermón a las aves.

Giotto: Leyenda de San Francisco. El sermón a las aves.

[…]No quiero desarrollar esta encíclica sin acudir a un modelo bello que puede motivarnos. Tomé su nombre como guía y como inspiración en el momento de mi elección como Obispo de Roma. Creo que Francisco es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad. Es el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología, amado también por muchos que no son cristianos. Él manifestó una atención particular hacia la creación de Dios y hacia los más pobres y abandonados. Amaba y era amado por su alegría, su entrega generosa, su corazón universal. Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo. En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior.

Su testimonio nos muestra también que una ecología integral requiere apertura hacia categorías que trascienden el lenguaje de las matemáticas o de la biología y nos conectan con la esencia de lo humano. Así como sucede cuando nos enamoramos de una persona, cada vez que él miraba el sol, la luna o los más pequeños animales, su reacción era cantar, incorporando en su alabanza a las demás criaturas. Él entraba en comunicación con todo lo creado, y hasta predicaba a las flores « invitándolas a alabar al Señor, como si gozaran del don de la razón ».* Su reacción era mucho más que una valoración intelectual o un cálculo económico, porque para él cualquier criatura era una hermana, unida a él con lazos de cariño. Por eso se sentía llamado a cuidar todo lo que existe. Su discípulo san Buenaventura decía de él que, « lleno de la mayor ternura al considerar el origen común de todas las cosas, daba a todas las criaturas, por más despreciables que parecieran, el dulce nombre de hermanas ».** Esta convicción no puede ser despreciada como un romanticismo irracional, porque tiene consecuencias en las opciones que determinan nuestro comportamiento. Si nos acercamos a la naturaleza y al ambiente sin esta apertura al estupor y a la maravilla, si ya no hablamos el lenguaje de la fraternidad y de la belleza en nuestra relación con el mundo, nuestras actitudes serán las del dominador, del consumidor o del mero explotador de recursos, incapaz de poner un límite a sus intereses inmediatos. En cambio, si nos sentimos íntimamente unidos a todo lo que existe, la sobriedad y el cuidado brotarán de modo espontáneo. La pobreza y la austeridad de san Francisco no eran un ascetismo meramente exterior, sino algo más radical: una renuncia a convertir la realidad en mero objeto de uso y de dominio.

Por otra parte, san Francisco, fiel a la Escritura, nos propone reconocer la naturaleza como un espléndido libro en el cual Dios nos habla y nos refleja algo de su hermosura y de su bondad: « A través de la grandeza y de la belleza de las criaturas, se conoce por analogía al autor » (Sb 13,5), y « su eterna potencia y divinidad se hacen visibles para la inteligencia a través de sus obras desde la creación del mundo » (Rm 1,20). Por eso, él pedía que en el convento siempre se dejara una parte del huerto sin cultivar, para que crecieran las hierbas silvestres, de manera que quienes las admiraran pudieran elevar su pensamiento a Dios, autor de tanta belleza.*** El mundo es algo más que un problema a resolver, es un misterio gozoso que contemplamos con jubilosa alabanza.[…]

* Tomás de Celano, Vida primera de San Francisco, XXIX, 81: FF 460.
** Legenda maior, VIII, 6: FF 1145.
*** Cf. Tomás de Celano, Vida segunda de San Francisco, CXXIV, 165: FF 750.
Fuente:
Papa Francisco: Carta Encíclica “Laudato Si, sobre el cuidado de la casa común.”

 

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