Salta la lucecita

Apuntes de un Taller sobre el Asombro

“Todavía presto atención a todo lo que me asombra. Esa es otra cosa que uno trae de la infancia. Es triste cuando eso se apaga o las circunstancias te lo esfuman. La creación es eso: creer que has descubierto algo. Posiblemente ha sido descubierto eso mismo miles de veces antes, pero a ti te salta la lucecita. Como cada persona es diferente a la otra, cada persona es única e indivisible, pero uno que crea le agrega aquel granito ínfimo y personal al universo.”
Silvio Rodríguez

Hacemos una lectura silenciosa de esta reflexión de Silvio. Las enseñanzas que hay en ella resultan un buen inicio para esta sesión del Taller, que hoy está dedicado a los asombros.

¿Qué es un asombro?

Dice el Diccionario de la Real Academia:
asombro
De asombrar.
1. m. Gran admiración o extrañeza.
2. m. Susto, espanto.
3. m. Persona o cosa asombrosa.
Antónimo: indiferencia, abulia

asombrar
De sombra.
1. tr. Causar gran admiración o extrañeza a alguien. U. t. c. prnl. Me asombré DE sus proezas.
2. tr. Causar susto a alguien. U. t. c. prnl.
3. tr. Pint. Oscurecer un color mezclándolo con otro.
4. tr. p. us. Dicho de una cosa: Hacer sombra a otra.

Una vez puestos de acuerdo, cada tallerista hace su propuesta de cosas o fenómenos naturales admirables, extraños, que asustan, que sorprenden o conmueven. De este ejercicio surge nuestra

Primera Lista de Asombros

Cosas admirables

El color naranja cuando cae la tarde.
Cuando muchos animales, sobre todo los machos, abren las plumas. Por ejemplo, el pavorreal: mientras más bonitas las plumas, más lo miran las hembras.
La emigración masiva de las aves.
Un atardecer después de la lluvia.
Cuando se abren las flores en primavera.
Los colores del otoño en Europa.

Cosas que provocan extrañeza

Los truenos.
Cuando el aire frío te da en el rostro.
La aurora boreal.
Los fuegos fatuos.
El delfín rosado.
El océano en su conjunto.
Los animales de la zona abisal.
Una lombriz.
La piel de la serpiente que es muy suave; y la del cocodrilo, más áspera.
El cortejo de los animales.
Un rabo de nube

Cosas que asustan

Los ciclones.
Los tornados.
Los tsunamis.
Los truenos.
La oscuridad.
Las arañas.
El silencio.
La niebla.
Los temblores de tierra.
La mordida de un perro.

Cosas que sorprenden

En la Avenida de Carlos III, todas las noches se siente el sonido de los pájaros en la copa de los árboles. Y el sonido de la copa de los árboles.
Los relámpagos.
Las ranas.
El oleaje cuando es muy fuerte.
Un pez que se pone las crías en la boca.
Los monos cuando se balancean.
En los alrededores donde trabajo, una matica crece en los árboles más grandes y, con el tiempo, llega a secarlos.
La flor de una matica que cuando la tocas se cierra. Dormilona o dormidera, dicen que se llama.
La mantarraya, que se esconde en la arena y tiene una gran velocidad.
La forma de comunicarse de los delfines.
El vuelo de los murciélagos.
Las penetraciones del mar.

Cosas que conmueven

El sonido y el movimiento de las olas del mar.
Las caricias de un perro o un gato.
Pintar.
La música instrumental.
Las crías recién nacidas.
Un gesto cariñoso de cualquier animal hacia otro animal o persona.
La lluvia.
Bañarme en la lluvia y deslizarme en una zona resbalosa.
El sonido de los árboles y los pájaros.
Una planta seca o casi seca.

Al leer en voz alta esta Primera Lista, descubrimos que:

-Un suceso puede resultar asombroso para una persona y para otra, no.
-La vida es más grata para los que se asombran.
-Casi podríamos vivir saltando de asombro en asombro, pero uno se distrae y ahí es cuando se pierden tantas dichosas oportunidades.
-Los asombros no dependen del tamaño del objeto o la importancia de los sucesos en sí, sino de nuestra capacidad para asombrarnos con lo pequeño y con lo grande.
-Cuando algo nos asombra, se cruzan los sentimientos. Las cosas pueden ser admirables y extrañas al mismo tiempo, o sorprendentes y asustadoras, o conmovedoras y admirables. Y muchas veces todos los sentimientos se mezclan.

En el próximo encuentro compartiremos algunos fragmentos de El libro de la almohada, de la escritora japonesa Sei Shonagon. En esa obra aparecen listas de sucesos que a la autora le parecieron asombrosos.

A modo de despedida, leemos cuatro haikus de Onitsura, traducidos por Vicente Haya:

Utsurou ya hinata no hana ni kage no hana

¡Cómo cambian!
Las flores al sol
Las flores a la sombra

Utate yana sakura o mireba saki ni keri

Sobrecogido de asombro:
mientras lo estaba mirando
el cerezo ha florecido.

Yûgure wa ayu no hara miru kawase kana

¡Ver a la orilla del arroyo
el vientre plateado de las truchas
a la caída de la tarde!

Monosugoya ara omosiroya kaeri-hana

Ay, formidables y extrañas
las flores
fuera de temporada

Participaron en esta sesión del Taller En Clave de Haiku, realizado el viernes 24 de junio del 2016, en la Galería Espacio Altamira: Yoan Alejandro, Yanisey, Inés, Héctor Daniel, Lucía, Yarisley y Jorge Braulio.

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One Response

  1. jorgebraulio dice:

    Comentarios sobre esta experiencia en el Blog Segunda Cita:

    Silvio dijo…
    Jorge Braulio, vuestro taller sobre el asombro me ha sorprendido, me ha conmovido, me ha extrañado, me ha admirado… pero no me ha dado miedo.

    Qué cantidad de cosas buenas nos has compartido. Muchas gracias.
    11 de mayo de 2017, 10:21

    ***

    Patricia Moda dijo…
    qué bello lo de Jorge Braulio, y hermosas palabras las que dan el puntapié inicial.

    Entre las cosas que admiro, si puedo agregar, es antes del atardecer, cuando los pájaros cruzan a velocidad el cielo para buscar lugar en los árboles donde pasar la noche. Y cuando en medio de un griterío hay pájaros que deben salir volando del árbol donde quisieron posarse, por estar ya completo.
    Es algo que admiro muchísimo, me encanta observarlo.

    Y el silencio más que me asusta me sobrecoge, tanto que nunca pude estudiar en las noches donde el silencio se escucha, me es imposible concentrarme en otra cosa que no sea en el silencio mismo.
    11 de mayo de 2017, 11:11

    ***

    anémonus y anónimus dijo…
    (…) Muy interesante el taller de Jorge Braulio. Un buen ejercicio.

    12 de mayo de 2017, 8:11

    ***
    yamirys valle glez dijo…
    (…)Braulio ,anémonus y anónimus. Sus comentarios son lo q yo llamo. .días de fiesta! Gracias
    Me sorprenden los cocuyos! !! y eso q su luz es verde….q maravillas verlos muy escasos. .pero verlos aún por la ciudad.

    Ahora voy a leerlos q los extraño!
    12 de mayo de 2017, 15:13

    ***

    Gabi Pinta dijo…
    El texto que originó el Taller sobre el asombro de Jorgebraulio es bellísimo y el comentario es conmovedor, es hermoso ver lo que pueden elaborar los adolescentes con una buena guía, y con semejante disparador. Felicitaciones.

    12 de mayo de 2017, 16:33

    ***
    jorgebraulio dijo…
    Silvio:
    Gracias a ti. Lo cierto es que tu reflexión sobre el asombro fue la que estimuló cada una de las evocaciones que surgieron ese día en el taller. Por ello estoy de acuerdo con Patricia Moda, Anémonus, Yamiris y Gabi: agradecido.

    Patricia, Yamiris: también incluyo sus admiraciones, sobrecogimientos y sorpresas en el inventario de nuestro taller.

    Como regalo de aniversario a todas las abejas de Segunda Cita y especialmente a las MADRES, dejo aquí cuatro haikus de Onitsura, uno de los más grandes poetas japoneses:

    ¡Cómo cambian!
    Las flores al sol
    Las flores a la sombra

    ***

    Sobrecogido de asombro:
    mientras lo estaba mirando
    el cerezo ha florecido.

    ***

    ¡Ver a la orilla del arroyo
    el vientre plateado de las truchas
    a la caída de la tarde!

    ***

    Ay, formidables y extrañas
    las flores
    fuera de temporada

    13 de mayo de 2017, 12:27

    ***
    Patricia Moda dijo…
    Estoy leyendo un libro muy bueno, les copio algo de lo que leí, me acordé de Jorge Baulio y su taller.

    “…
    A medida que la vida interior de los prisioneros se hacía más intensa, sentíamos también la belleza del arte y la naturaleza como nunca hasta entonces. Bajo su influencia llegábamos a olvidarnos de nuestras terribles circunstancias. Si alguien hubiera visto nuestros rostros cuando, en el viaje de Auschwitz a un campo de Baviera, contemplamos las montañas de Salzburgo con sus cimas refulgentes al atardecer, asomados por las ventanucas enrejadas del vagón celular, nunca hubiera creído que se trataba de rostros de hombres sin esperanza de vivir ni de ser libres. A pesar de este hecho – o tal vez en razón del mismo- nos sentíamos trasportados por la belleza de la naturaleza, de la que durante tanto tiempo nos habíamos visto privados. Incluso en el campo, cualquiera de los prisioneros podía atraer la atención del camarada que trabajaba a su lado señalándole una bella puesta del sol resplandeciendo por entre las altas copas de los bosques bávaros (como se ve en la famosa acuarela de Durero), esos mismos bosques donde construíamos un inmenso almacén de municiones oculto a la vista.

    Una tarde en que nos hallábamos descansando sobre el piso de nuestra barraca, muertos de cansancio, los cuencos de sopa en las manos, uno de los prisioneros entró corriendo para decirnos que saliéramos al patio a contemplar la maravillosa puesta del sol, y de pie, allá fuera, vimos hacial el oeste densos nubarrones y todo el cielo plagado de nubes que continuamente cambiaban de forma y color desde el azul acero al rojo bermellón, mientras que los desolados barracones grisáceos ofrecían un contraste hiriente cuando los charcos del suelo fangoso reflejaban el resplandor del cielo. Y entonces, después de dar unos pasos en silencio, un prisionero le dijo a otro: “¡Qué bello podría ser el mundo!”

    Viktor E. Frankl “El hombre en busca de sentido”

    14 de mayo de 2017, 11:37

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