Monthly Archives: julio 2016

Uvas caletas

mariposa a ras del mar1

Uvas caletas
Vuela una mariposa
a ras del agua

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Nubes en fila

cereza 1

Nubes en fila
Las cereza más alta
se desprendió

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Hormigas

Ant on a Stone Mill

Shira ame ni hashirikudaru ya take no ari

Lluvia vespertina:
Las hormigas bajan corriendo
de los bambúes.

Jôsô

El toque de Zen aquí está en lo inexpresado y, por consiguiente, en el sentimiento más conmovedor de la unidad de nuestra vida con la de la naturaleza. Esto se siente en el atropellado descenso de las hormigas por los troncos de los bambúes, las mismas hormigas que parecían haberse pasado el día subiendo por ellos.

Ari nagasu kodo no ôame to nari no keri

Arrecia más la lluvia,
arrastra
las hormigas.

Kuson

Más que una expresión de piedad por las hormigas, es una descripción de la lluvia de verano. Podemos decir lo mismo, incluso de la siguiente por Gyôdai:

Yukue naki ari no sumika ya satsukiame

No hay dónde ir…
El nido de las hormigas
bajo la lluvia estival.

Haari tobu ya fuji no susono no koie yori

Vuelan hormigas aladas,
desde la casita,
hasta el pie del Monte Fuji.

Buson

Este puede ser una reminiscencia de los comienzos de Sôshi. Las hormigas aladas, una casa pequeña, el Monte Fuji: he aquí una graduación del tamaño, una relatividad que muestra el sentido de la mera cantidad. En estos versos hay un misterio semejante al de Alicia en el país de las maravillas, pero no tan obvio.

Fuente:
R. H. Blyth: Haiku. Vol. III. Hokuseido, Tokyo, 1962.
versión libre: JB

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Asombro

eliseo-diego

Me asombran las hormigas que al ir vienen
tan seguras de sí que me dan miedo
porque están donde van sin más preguntas
y aunque asomos de vida son perfectas
si minúsculas máquinas que saben
el dónde y el adónde que les toca
y a la muerte la ignoran como a nada
si no fuese tan útil instrumento
con que hacer de lo inerme nueva vida.

Pero aunque agrande su minucia viva
el azoro redondo en que las miro
y me apena que no se sepan nunca
tal como son en su afanarse oscuro
ya tan inmemorial como la Tierra

más me asombra mi pena y me convence
de que saberse el ser bien que la vale
aun cuando el precio sea tan alto como
el enorme silencio de allá afuera.

Eliseo Diego

Este poema forma parte del libro Aquí he vivido, Ediciones Especiales, Instituto Cubano del Libro, 2000.
Eliseo Diego: (La Habana, 2 de julio de 1920 – México D.F, 1 de marzo de 1994). Poeta, escritor y ensayista cubano, considerado uno de los más grandes poetas de Latinoamérica. Fundador de la Revista Orígenes. Realizó traducciones y versiones de las más importantes figuras de la literatura infantil en el mundo. Obtuvo en 1986 el Premio Nacional de Literatura por el conjunto de su obra y recibió, en 1988 y 1989, el Premio de la Crítica. En 1992 la Universidad del Valle, en Cali, Colombia, le otorga el Doctorado Honoris Causa. En 1993 recibe Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo.

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Hierbas al sol

frailecillo 3

Hierbas al sol
Un frailecillo pía,
el otro escarba

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Abbas Kiarostami

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Anteayer falleció el director de cine iraní Abbas Kiarostami (Teherán, 22 de junio de 1940-París, 4 de julio de 2016). Entre las muchas facetas de su quehacer creativo escribió breves textos, asombros en los que se transparenta una profunda afinidad con el haiku japonés. Como homenaje a este gran ser humano, susurremos esta selección de sus poemas, publicada hace ya varios años en El Rincón del Haiku:

Un potrillo blanco
viene de la niebla
y desaparece
en la niebla

Los polluelos de un día
experimentaron
la primera lluvia de primavera

Salta y se posa
se posa y salta
el saltamontes
en una dirección que sólo él sabe

Seis monjes bajos
caminan
entre altos plátanos

La voz de los cuervos

La araña
ha empezado su labor
antes de la salida del sol

La alfalfa esconde en sí
el rocío matutino

Las moscas
giran en torno a la cabeza de la yegua muerta
cuando se pone el sol

Ni este
ni oeste
ni norte
ni sur
Aquí mismo donde estoy de pie

En los juegos entre el niño y la abuela
siempre pierde
la abuela

En un templo
de hace mil trescientos años
la hora
siete menos siete

Mi sombra
me acompaña
en la noche de luna

La bignonia
se llena
de lluvia primaveral

El gusano deja
la manzana agusanada
por una nueva manzana

Las coloridas frutas
en el silencio de los vestidos de luto

Pensándolo bien
no comprendo la razón
de tanta blancura de la nieve

Fuente original:
Abbas Kiarostami: Compañero del viento. Ediciones del oriente y del mediterráneo. (Madrid, 2006)

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El cuidador de rebaños (1)

Jean-Baptiste_Siméon_Chardin_022

                              XXV

Las pompas de jabón que este niño
juega a sacar de una pajita
son, translúcidamente, toda una filosofía.
Claras, inútiles y pasajeras como la Naturaleza,
amigas de los ojos y de las cosas, son eso que son
con una precisión redondita y aérea,
y nadie, ni siquiera el niño que las suelta
pretende que sean más de lo que parecen ser.

Algunas apenas se ven en el aire luminoso.
Son como la brisa que pasa y apenas roza las flores
y que sólo sabemos que pasa
porque algo se hace más ligero en nosotros
y acepta todo más nítidamente.

                  Alberto Caeiro

Fragmento de El cuidador de rebaños
Fuente: Ordoñez, Andrés. Fernando Pessoa, un místico sin fe. Editorial Arte y Literatura. La Habana, 2004.

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Erizamientos, desolaciones, pasmos y alegrías

Sei_Shonagon

Hace ya algunos años, escribí estas listas de asombros, como una evocación de aquellas que la escritora japonesa Sei Shonagon incluyó en su obra El Libro de la Almohada (Makura no Soshi). Ojalá que las disfruten.

ERIZAMIENTOS

Llora un niño, de noche, en el asilo de ancianos.
Metes la mano en un tronco podrido y algo chilla.
Entre el susurro de la mata de güira, esa lechuza.
Alguien cantando una tonada oculta en la niñez.
Las hojas secas. El oleaje del mar a tus espaldas.
Al apagar la luz, el aleteo de un ser desconocido.

***

DESOLACIONES

Llegar a viejo sin haber visto nunca un manatí.
Que mueran locos porque los cuerdos roban mantas y viandas.
Echando al mar las cálidas cenizas de una amiga.
Decir que no, sin entender de qué se estaba hablando.
Decir que sí, y luego reprocharle al del espejo.
Al despertar el primer día sin madre, oír que la llaman.

***

PASMOS

Los Reyes Magos, con tantas bicicletas, no leen tus cartas.
Soñar con grullas y despertarse en medio de una batalla.
Que tu maestro alce la vista al cielo, enmudecido.
Un huracán atraviesa dos veces el mismo pueblo.
No era una sábana en el patio la grácil aparición.
Saber, ya viejo, que ella también estaba enamorada.

***

ALEGRÍAS

Comer guanábana mirando una comedia de Buster Keaton.
Una estrella fugaz donde se alzaba el nubarrón.
En la sequía, un vecino te ayuda a cargar agua.
Sabías el nombre y habías visto la flor: hoy los reúnes.
De la ciudad, en época de asaltos, volver ileso.
Una gran nube que mitiga el sofoco; entonces, llueve.

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