Monthly Archives: Junio 2016

Día abrasador

House_Sparrow

Día abrasador
Un gorrión picotea
algo en el muro

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El espíritu de la naturaleza

RWEmerson

Para ser francos, pocos adultos son capaces de ver la naturaleza. La mayoría de las personas no ve el sol. Al menos, tiene una visión muy superficial de él. El sol ilumina únicamente el ojo del hombre, pero resplandece en cambio en el ojo y en el corazón del niño. El amante de la naturaleza es aquel cuyos sentidos interiores y exteriores aún siguen amoldados verdaderamente el uno al otro; aquel que ha conservado en su madurez el espíritu de la infancia. Su comercio con el cielo y con la tierra se vuelve parte de su diario sustento. Pese a sus reales tribulaciones, en presencia de la naturaleza, lo recorre un salvaje deleite. La naturaleza dice: He aquí mi criatura, y a pesar de sus impertinentes aflicciones, conmigo estará contenta. No sólo el sol y el verano, sino cada hora y cada estación del año rinden su tributo de goce; pues cada hora y cada cambio, desde el sofocante mediodía hasta la noche tenebrosa, corresponden a un distinto estado mental y lo avalan. La naturaleza es un escenario que se adapta igualmente bien para una pieza cómica o trágica. Cuando uno está sano, el aire es un licor de increíbles virtudes. Cruzando sobre la nieve fresca un campo despoblado, bajo un cielo nuboso y crepuscular, y sin que me viniera a la mente ningún augurio particularmente bueno, sentí una exaltación perfecta, un contento lindante con el temor.

Ralph Waldo Emerson
El espíritu de la naturaleza

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Un caracol

caracol bajando

Un caracol:
las huellas del ascenso
y la bajada

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Sueño desnudo

LUNA LLENA VISTA DESDE GAZA EN LA CELEBRACIÒN DEL RAMADÁN

Sueño desnudo
No mitiga el calor
la luna llena

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Sol y llovizna

lagarto multicolor

Sol y llovizna
El lagarto se yergue,
multicolor

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Salta el canario

canario 001

canario 01

Salta el canario
de la sombra a la luz
Tarde de junio

canario 02

Jaula al sol
El canario trinando
ante su sombra

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Al patio, solo

Godo_no_tsuki

Al patio, solo,
en pos de este frescor
La noche aún

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Los espíritus del río

Utamaro_Kappa_to_ama

Kawataro no koi suru yado ya natsu no tsuki

Los espíritus del río,
amándose en su morada.
Luna estival.

Buson

Buson siempre estaba buscando nuevos temas, o aristas nuevas en los temas antiguos. La luz de la luna sobre el agua parece el lugar apropiado para que esas extrañas criaturas realicen sus travesuras maritales.

Fuente:
R.H. Blyth: A History of Haiku. Volume One. Hokuseido. Tokyo, 1984
Versión libre: JB

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Lezama y el árbol

arbol amilkar feria 1

Cada árbol es una catedral de hojas y cada hoja una catedral de estancias. Un animal tiene cuatro patas porque no puede tener dos, porque es un mamífero todavía de poca alcurnia. El hombre tiene dos, porque otras dos ya logró convertirlas en manos. El árbol, sin embargo, amigo, se sostiene cómodamente sobre una sola extremidad y así de paso no no se deja arrastrar por exabruptos y otras velocidades.

El árbol, como yo, como usted ahora, es un viajero inmóvil, alguien que tiene prisa por estarse quieto, por serenarse bajo un cielo en movimiento. El árbol se traslada con expansión y es fiel a su paisaje. Es el único sujeto leal al horizonte: no juega con él, no intenta acercarlo ni alejarlo.

El árbol es un misterio inicial y el misterio en franca reducción. El árbol es el esbozo invertido de una campana sin sonidos, es el pasado de la cruz. Y cualquier árbol es el árbol de la vida, el traficante en oxígenos. Cualquier árbol da pan y da manzanas, cualquiera descorcha vinos y pare azahares. Un solo pájaro llegando a la hoja anfitriona, a la amplia rama hotelera, fue suficiente razón para que Dios emprendiera el proyecto de árbol. A ese mismo proyecto multiplicado por el infinito, lo llamó, excitado, divertido, con el nombre altisonante de bosque.

El bosque es, pues, la altisonancia, el abolengo vegetal, el delirio de la creación, el frenesí de jugar con un dedo creativo e instantáneo. Dios puso el dedo, su dedo de Dios, y lo iluminó a usted y me puso luz a mí y lanzó la iniciativa de los bosques, de donde debíamos tomar la fruta y la sombra y la flecha y la silla y la mesa y la cama, para hacer un tránsito relativamente seguro y confortable.

José Lezama Lima

Fuente:

Félix Guerra: Para leer debajo de un sicomoro. Colección Sur Editores. La Habana, 2013
Ilustración: Amílkar Feria

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