Haiku; territorio de libertad

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He aquí una reseña sobre el libro Haikus de amor, con textos seleccionados y traducidos por Elena Gallego y Seiko Ota. Estas autoras publicaron, también en Hiperión, el volumen: Haikus en el corredor de la muerte.

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Jesús Munárriz, director de la editorial Hiperión, quien desde hace veinte años y de forma absolutamente pionera, introdujo el poema japonés en nuestras estanterías.

A.Petit 12 noviembre 2015/

De un tiempo a esta parte, las editoriales de poesía han dado en publicar numerosos libros de haikus, una manera poética que, desde ese mismo tiempo a esta misma parte, ha ido ganando espacio en las páginas de los poemarios de nuestros autores patrios. Quizá el ejemplo de mayor genialidad, como en tantas otras ocasiones, nos lo ofrece Luis Alberto de Cuenca y sus haikus asonantados.

Por justicia hemos de señalar que es Jesús Munárriz, director de la editorial Hiperión, quien desde hace veinte años y de forma absolutamente pionera, introdujo el poema japonés en nuestras estanterías.

Sin embargo, puede que el haiku sea la antípoda a nuestra tradición lírica, desde el Siglo de Oro hasta la llamada poesía de la experiencia. Este hecho evidente dificulta enormemente el disfrute, y por ello, el gozo de la lectura del haiku. Para poner remedio a esta otra evidencia, las editoriales – permítaseme la generalidad, siempre injusta – no hicieron por publicar ediciones cuidadas, con prólogos iniciáticos en tan milenaria forma poética. Por ello uno, que es castizo de casticismo inmemorial, nunca ha disfrutado de su lectura. De hecho, por incapacidad, siempre me he negado a escribir sobre libros de haikus. Pero heme aquí, escribiendo sobre ellos, sobre uno en concreto: Haikus de amor (Ed. Hiperión), una antología elaborada por Elena Gallego y Seiko Ota. Ésta, japonesa de toda la vida, es además una hispanista reconocido que desarrolla su actividad en la Universidad de Estudios Extranjeros de Kioto. Una simple vista a su currículum confirma el que sin duda es uno de sus mayores intereses: la unión entre la literatura japonesa y la hispanoamericana. Así, ha publicado artículos como La influencia del haiku en los poemas de Octavio Paz. Gallego, burgalesa ella, es Licenciada en Filología Hispánica, y doctora en ello con una tesis sobre la traducción de japonés al español. Para más inri, hoy es profesora de Español y de Traducción en la Universidad de Sofía de Tokio.

Pero, ¿para qué este introito?, podrá preguntarse. Y ahí va la respuesta: porque el haiku no por ser breve, o brevísimo, puede ser traducido por cualquiera ni editado por cualquiera. En esto, como en tantas otras cosas, la formación cuenta. Y que Gallego y Ota sean quienes han traducido y realizado la edición de Hiperión, es una garantía de trabajo bien hecho.

A lo que muchas veces se enfrenta el lector neófito cuando se asoma a los versos de un haiku es a su interpretación. Gallego consuela a ese lector en el prólogo (¡benditos prólogos, cuando son tan claros!): “Una de las características más importantes del haiku es que se trata de una obra abierta, es decir, puede tener varias lecturas. Por tanto, quisiéramos que los lectores tuvieran en cuenta que nuestra visión no es más que una de las muchas traducciones posibles. La interpretación depende en gran parte de cada lector”. Aún más claro: “el haiku tiene de por sí un carácter incompleto que el lector debe completar con su imaginación”. ¡Qué gran libertad! Cuando uno, que es neófito, comprende eso, un gozo extraño pero reconfortante, una emoción eléctrica y a la vez, calurosa, le recorre de pies a cabeza cuando lee: “En mi corazón/habita una única persona./Círculo invernal”. Tres versos tan sencillos que pueden albergar todo lo que la emoción y la experiencia propia sean capaces de verter. Es una copa que nunca rebosa.

Nada diré aquí de estilos y métricas, pues esto no es una crítica. Realmente, este artículo es una celebración por haber logrado, al fin, disfrutar leyendo haikus. Sólo hube de comprender que sus tres versos no son frontera de un significado intrincado, sino un enorme paraje de libertad lírica en la que el propio lirismo encuentra asiento. ¡Qué gran libertad!

Fuente: ritmosxxi

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3 Responses

  1. jorgebraulio dice:

    Leo en Casa del Libro:
    “El haiku es la poesía de la naturaleza por excelencia, fiel reflejo del concepto japonés de ésta. Lo cual no quiere decir que sea el tema exclusivo del haiku, más bien, tratándose el amor de un sentimiento natural y el ser humano de una parte o prolongación de la naturaleza, es natural, valga la redundancia, encontrar haikus que expresan este sentimiento aunque no sea lo más habitual. La prueba es que los saijiki –libros originarios de China, a modo de guía o calendario anual de las estaciones que se usan como referencia para elegir el kigo o “palabra de estación” para escribir haikus– incluyen un apartado llamado “asuntos humanos”, gyooji o joocho, donde se canta a las fiestas, costumbres, acciones de la vida cotidiana como la siembra y la recogida de la cosecha, etc., y el concepto “asuntos humanos” incluye haikus de temática amorosa como algo innato a la naturaleza humana.”

  2. Lester dice:

    Una emotiva reseña y un buen comentario al pie: vuelve al candelero, como hace unos años, el debate del amor en el haiku, y ahora tienen la palabra los haijines japoneses, gracias a esta traducción a nuestro idioma. Pienso que lo que más vale es escuchar qué tienen ellos para decirnos.
    Saludos

  3. Barlo dice:

    En fin… yo aún no conozco y tampoco creo que venga al caso, esa recopilación y traducción de “Haikus de amor”. Pero antes que nada y apelando a esa libertad que a tod@s en mayor o menor medida nos pueda avalar, decir algo así como ¿y quién puede ya sorprenderse de que en Japón —no digamos ya en occidente— se escriban “Senryûs de lo sagrado” o “Zappais de la naturaleza” (por no hablar de la canción Waka que por tradición ha metido la cuchara en la taza para mezclar la natura y el romance amoroso)?
    Saludos

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