Monthly Archives: noviembre 2015

Allá la estrella helada

richard-wright

That frozen star there,
Or this one on the water,
Which is more distant?

Allá la estrella helada,
O esta en el agua,
¿Cuál más lejana?

Richard Wright (Natchez, 4 de septiembre de 1908 – París, 28 de noviembre de 1960) es uno de los más grandes escritores norteamericanos del pasado siglo. Su obra constituye un testimonio airado contra el racismo, contra todos los prejuicios y coerciones que malogran el reencuentro de los seres humanos con su propia humanidad. Entre su extensa producción se destacan las novelas: Los hijos del Tío Tom, Soy negro y El paria. En los últimos meses de su vida escribió alrededor de cuatro mil haikus y de ellos fueron publicados, póstumamente, ochocientos diecisiete bajo el título de: Haiku. Este otro mundo.

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Sé desaparecer

Carlos Enríquez: Dos Ríos (1939). Óleo sobre tela. Colección Museo Nacional de Bellas Artes.

Sé desaparecer.
Pero no desaparecería
mi pensamiento,
ni me agriaría
mi oscuridad.

José Martí

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El invierno de Cuba

Esteban Chartrand Batey 1880

Fértil invierno, a la florida planta
el verde aviva del ropaje hojoso:
El labrador contempla venturoso
la cosecha que tanto se adelanta:

Sale de cauce el río y su garganta
inunda el prado; el astro esplendoroso
su ardor aplaca y el sinsonte añoso
al ser Eterno agradecido canta:

Despunta el alba y cefirillo leve
rueda las perlas del celeste riego
cuando las ramas de los purios mueve.

Todo en Cuba es placer, calma y sosiego:
Ni yela el bóreas con su cruda nieve
ni el sol fumiga ráfagas de fuego.

Francisco Pobeda
(1796 – 1881)

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La Soledad Encendida

LA SOLEDAD ENCENDIDA, de GREGORIO MUELAS y HEBERTO DE SYSMO. ENTREVISTA A SUS AUTORES (por David Acebes)

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 La soledad encendida (Editorial Ultramarina Cartonera & Digital, 2015) es un libro compuesto por 140 haikus que, como los propios autores manifiestan, basa su concepción de la estrofa japonesa en la preceptiva impartida por su maestro Vicente Haya. Gregorio Muelas y Heberto de Sysmo escriben haiku contemporáneo y hacen gala en su libro de los numerosos géneros que lo integran, aunque cabe destacar la clara apuesta de los autores por el haiku urbano, lo que demuestra que, aun siendo un subgénero poco frecuentado, tiene muchísimo potencial. En palabras del poeta Ricardo Virtanen, quien tuvo ocasión de presentar el libro en el Ateneo de Madrid: «Los haikus de La soledad encendida se acercan mucho al haiku verdadero».

Esta primera edición del libro es numerada y cuenta con el trabajo artesano de Sara García, responsable de la cubierta y contraportada de cada ejemplar, además de ser la autora de las ilustraciones interiores. Cuenta también con colaboradores ilustres como Raúl Fortes, quien escribe un epílogo para la obra, Mila Villanueva, encargada del prólogo y Susana Benet, quien abre esta composición con una de sus magníficas acuarelas.

La soledad encendida fue presentado en las ferias del libro de Madrid y Sevilla, así como en las librerías Bartleby de Valencia y Argot de Castellón. Próximamente, los autores presentarán el libro en la Sociedad General de Autores y Editores de Valencia (SGAE).

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A propósito de La soledad encendida.

D.A.- Hay quien afirma que la amistad entre dos poetas nunca es fácil. Con el tiempo, en toda “amistad literaria” aparecen malentendidos o envidias. Dado que vosotros habéis escrito un libro al alimón, supongo que seréis de la opinión contraria. ¿Es posible conjugar amistad y una buena creación poética?
G.M.- Sí es posible, al menos en nuestro caso. Desde que tuvimos la fortuna de conocernos y constatar los muchos intereses comunes que nos unían, José Antonio Olmedo y yo hemos conformado un binomio creativo, materializado en la alianza poética “Alquimia y Verso”, que se enriquece mutuamente, así en lugar de envidia existe admiración y hasta la fecha no se ha producido ningún malentendido dado que tratamos los asuntos de forma directa y con total sinceridad. El esfuerzo y el compromiso por ambas partes son absolutos.
H.D.S- No sólo es posible, sino también algo enriquecedor y una experiencia que, desde la lealtad y el respeto, termina filtrándose a la parte artística de cada uno. Es maravilloso comprobar cómo la amistad nos ayuda a mejorar en todos los sentidos.

D.A.- Según tengo entendido, recientemente habéis sido seleccionados por el profesor Sergio Arlandis para participar en “Cartografía de Orfeo”, antología que recoge la mejor muestra de joven poesía valenciana…
G.M.- En efecto, Sergio Arlandis nos ha incluido en la nómina de doce autores jóvenes valencianos, nacidos entre 1970 y 1987, que integran esta antología publicada en Puerto Rico y República Dominicana por Isla Negra Editores, en su colección “Los nuevos Caníbales”. Sin duda esta publicación significa un reconocimiento a nuestra labor poética realizada hasta la fecha y dado el prestigio del antólogo y de la editorial que acoge dicha antología también supone un extraordinario aval para futuras publicaciones.
H.D.S- Desde luego que ser elegido por Sergio Arlandis como poetas jóvenes a tener en cuenta dentro del fervor poético y cultural que vive Valencia, es un honor y también un revulsivo a seguir trabajando. También hemos compartido publicaciones en otras antologías, compartimos publicaciones en revistas y por supuesto no descartamos volver a escribir un libro al alimón.

D.A.- ¿Qué motivó que escogierais el haiku como opción estrófica? ¿Existe algún tipo de vinculación especial con el exótico Japón o es que, al tratarse de una composición breve, os permitía escribir de una forma más uniforme y sin que se notara la mano de cada uno?
G.M.- Para nosotros esta forma de componer tan breve suponía todo un reto y de hecho nos lo planteamos desde ese punto de vista, como reto a superar para poner a prueba nuestra poética y nuestra tradición lírica, que parte de los novísimos y se enriquece con la poesía de la experiencia. El hecho de tener que decir tanto en tan sólo tres versos, esa necesidad de condensación que requiere el haiku, ha supuesto, sin duda, un ejercicio muy fructífero.
H.D.S- En mi caso concreto, tratar de escribir haikus ha supuesto una ruptura de moldes poéticamente hablando, ya que mi forma de versar era de tendencia casi epistolar, y obviando toda la parte espiritual que el haiku encierra, recomendaría a cualquier escritor someter su estilo y formas literarios a esta estrofa tan breve en la que puede decirse tanto.

D.A.- Me gusta el título de vuestro libro: ‘La soledad encendida’. Un título sugestivo y, de alguna manera, algo místico. La noche sosegada. La música callada. La soledad sonora…
G.M.- Lo concebimos como un título muy apropiado para describir ese momento de creación que el haiku necesita. En soledad atendemos a cosas que de otra forma se nos escaparían, es en esa necesaria soledad donde los sentidos se agudizan para captar ese instante mágico que la naturaleza nos regala cuando amplificamos los sentidos para discernir entre lo milagroso, lo “sagrado” y lo superfluo.

H.D.S- Como bien dice Gregorio, con el título hemos querido aludir a la importancia del aware japonés en el haiku, esa sorpresa vivida que el haijin pretende trasladar al lector a través de un haiku y que es origen y motivo de esta forma poética, una invitación a la reflexión a través de lo sensorial vivido —probablemente— en soledad.

D.A.- Para ‘La soledad encendida’, habéis contado con las ilustraciones de Sara García. ¿Qué aportan sus dibujos? ¿Son un mero elemento decorativo o los consideráis una contribución más al conjunto de vuestra obra?

G.M.- Desde luego se ha tratado de una aportación fundamental para conseguir un todo armónico, una perfecta conjunción entre fondo y forma, entre continente y contenido, en ese sentido Sara García es, sin duda, coautora del libro pues no sólo se ha limitado a ilustrar el interior con ocho preciosos dibujos, sino también el exterior, haciéndose cargo del diseño e ilustración de cada una de las 110 portadas, exclusivas y numeradas, que conforman esta primera edición de “La soledad encendida”.

H.D.S- El trabajo artístico de Sara García en este libro trasciende las labores de ilustración y consigue convertir cada ejemplar en una pieza minimalista y exclusiva totalmente personalizada en motivos, materiales y referentes japoneses. Sin duda, la labor artística de Sara García es uno de los puntos fuertes del libro.

D.A.- Muchos de vuestros haikus tienen un aroma clásico. Por ejemplo: “entre el centeno / se bambolea el cáliz / de una amapola”. Otros, por el contrario, apuestan sin rubor por cierto toque postmoderno. Léase, verbigracia, “sobre el graffiti / duerme una mariposa. / Despierta y ¡vuela!” ¿A qué se debe esta dicotomía? ¿Qué os tira más? ¿Lo clásico y tradicional o lo moderno e innovador?
G.M.- En este libro nos hemos hecho eco de la práctica totalidad de los subgéneros que integran el haiku, apostando sobre todo por un subgénero relativamente nuevo, el haiku urbano, así hemos tratado de conjugar tradición y modernidad pues aunque hemos leído a los grandes clásicos, como Yosa Buson, Matsuo Basho, Issa Kobayassi, Masaoka Shiki y Taneda Santôka, somos ante todo hijos de nuestro tiempo y escribimos desde este aquí, este ahora y este momento, donde vivimos insertos en esa jungla de asfalto que son las grandes urbes, donde ese instante milagroso que pretende eternizar el haiku también se da aunque tal vez con mayor dificultad debido al ruido, la contaminación y el estrés que caracterizan la vida en la ciudad.

H.D.S- Queríamos que el libro fuese representativo en cuanto a haiku se refiere, por tanto era necesario abarcar diferentes géneros, diferentes estilos y eso nos obligaba a caminar entre lo clásico y moderno. He de confesar que en el haiku urbano he disfrutado mucho y creo que supone un género en el que no todo está dicho.
D.A.- En el epílogo a ‘La soledad encendida’, Raúl Fortes asevera que “las composiciones recogidas en estas páginas son Arte”. Arte en mayúsculas. ¿Estáis de acuerdo? Ya sabréis que en muchos prólogos y epílogos abundan los elogios desmesurados…
G.M.- No debemos olvidar que el haiku es poesía y que como tal es Arte con mayúsculas cuando lo que trata de plasmar es un fragmento de ese gran todo que es la Naturaleza, verdadera obra maestra, fuente inagotable de inspiración y aspiración máxima y última de todo artista con inquietudes, pues el haiku no está exento de reflexión e incluso supone un verdadero camino iniciático, con una filosofía propia muy particular que parte del taoísmo.

H.D.S- La verdad es que Raúl Fortes es un experto en poesía japonesa, especialmente en la tanka, es nipólogo además de traductor, una persona con un prestigio y trayectoria en la materia bastante reconocidos y no cambiaría ni una coma de su breve pero denso epílogo. En cuanto a las alabanzas sistémicas o por defecto en los círculos literarios, suscribo completamente tus palabras y pienso que es tarea del buen lector la de detectar y diferenciar esas lisonjas gratuitas de opiniones bien fundamentadas.

D.A.- Para terminar, os propongo un divertimento, una especie de juego literario. Tú, Heberto, escoge por favor el que creas que es el mejor haiku compuesto por tu compañero. Luego tú, Gregorio, harás lo mismo. Solo el tiempo dirá si los lectores opinan de igual modo.
H.D.S- Apostaría por muchos de los haikus de Gregorio, pero si he de mencionar sólo uno, elegiría sin duda uno muy inquietante:

se quedan solos
los nidos de cigüeñas
del campanario

G.M.- Evidentemente resulta muy difícil seleccionar tan sólo uno de los setenta haikus que José Antonio ha aportado a este libro pero ya que me lo propones citaré uno por su gran fuerza sugestiva:

un rayo parte
a un árbol milenario,
la lluvia sigue

Fuente: La Galla Ciencia

Gregorio Muelas nace en Sagunto (Valencia) en 1977. Es licenciado en Historia, guionista y ayudante de dirección. Se dedica a la crítica literaria y cinematográfica en varias revistas digitales y webs especializadas. Ha ganado el Poetry Slam del I Festival de Poesía de Valencia ‘Vociferio’ 2011 y publicado los poemarios ‘Aunque me borre el tiempo’ (Círculo Rojo, 2010) y ‘Un fragmento de eternidad’ (Germanía, 2014), más el libro de guiones ‘Cuando la aurora le hable al tiempo’ (Círculo Rojo, 2011). Algunos de sus poemas han sido traducidos al japonés, alemán, ruso y rumano.

Heberto de Sysmo, seudónimo de José Antonio Olmedo López-Amor, nace en Valencia en 1977. Es poeta y divulgador científico, así como redactor y colaborador en más de treinta medios de comunicación digitales y escritos. Ha publicado los poemarios ‘Luces de Antimonio’ (Ateneo Blasco Ibáñez, 2011), en coautoría con Okoriades Varacri, y ‘El Testamento de la Rosa’, finalista del Certamen Nacional de Poesía ‘Poeta Juan Calderón Matador’ (Ediciones Cardeñoso, 2014). Algunos de sus poemas han sido traducidos a otras lenguas, como el inglés, japonés, hindustaní y el italiano.

David Acebes Sampedro (Valladolid, 1976) es autor del libro de poemas Trópico azul… (Valladolid, Consejo Local de la Juventud, 2004). Ha obtenido los premios literarios Jóvenes Poetas de Valladolid (2003), el Primavera de Arbo (2013) y el de Poesía Social-Antonio Ferrero (2014). Obtuvo, a su vez, el segundo premio del Certamen de Poesía Jorge Manrique (2014) y del Certamen Ateneo Blasco Ibáñez en 2015. Para el crítico Edith Lomovasky-Goel, su poesía ‘otorga frescura, a través del humor, a un género tan transitado como la poesía amorosa’.

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Cambia el conjuro

Campesinos belgas (1914)

Campesinos belgas (1914)

Cambia el conjuro,
si son de nuestra tribu
los emigrantes.

Kaishi

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El valor de las palabras

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Hace poco más de un año, el amigo Carlos Blanc Portas, tuvo la generosidad de comentar uno de mis haikus. Esta mañana releí su comentario y, no sin un poquito de pudor, quiero compartirlo con ustedes. Saludos desde La Habana.

***

Árbol sagrado…
Recordando su aroma
y no su nombre

Lo esencial de este haiku no se deja comentar, so pena de trivializarlo. Todo él respira un profundo respeto hacia una dimensión sagrada que estará siempre más allá de lo que nos transmiten los sentidos, y que solo puede percibir el que tiene fe en su realidad. El autor, de todos modos, no nos dice que él la perciba, pero está claro que la respeta. Pudiera ser que alguien le hubiera señalado el árbol y le hubiera dicho que se trataba de un árbol sagrado; pero esto no quiere decir que el autor, de entrada, lo crea o no lo crea. Digamos que lo escucha con respeto, abriendo su conciencia a esa posible realidad.

Luego, con el tiempo, o sea, en el recuerdo, se da cuenta de que algo especial ha quedado asociado a la experiencia de estar ante ese árbol. El haiku surge, por tanto, desde el recuerdo, como una especie de signo de interrogación que apunta a una respuesta afirmativa: es un árbol especial.

Dicho esto, sería fácil dejarse llevar por conclusiones precipitadas, y alguien podría decir que este haiku viene a demostrar que la esencia de la realidad (lo sagrado) no está en las palabras (el nombre del árbol) sino en las sensaciones (su aroma). Como si las palabras fueran algo superficial que se puede olvidar sin que por ello resulte afectado el núcleo verdadero de las cosas. Sin embargo, ¿podríamos recordar un aroma sin pronunciar las palabras “recuerdo su aroma”, “recuerdo el aroma de aquél árbol”? ¿No se perdería junto con el lenguaje el recuerdo al que remite? Es, por tanto, más bien al contrario: como si el lenguaje fuera aquello en lo que quedan fijadas las experiencias, su soporte, igual que la esencia líquida de un perfume es el soporte del aroma que desprende.

Ciertamente, aquí lo de menos es el nombre concreto del árbol, pero no porque las palabras no tengan importancia (¡son esenciales!) sino porque la experiencia a la que hace referencia el poeta no ha quedado “guardada” en el nombre de una especie vegetal, sino en un aroma.

Por lo demás, no olvidemos que el poeta aquí no está oliendo nada, sino solo recordando lo que olió. ¿Los recuerdos tienen olor? Evidentemente no. Lo que el poeta recuerda es lo que sintió cuando olió el aroma de aquel árbol. Y reconocerá ese olor si vuelve a estar ante él, pero no porque lo compare con un olor igual guardado en su mente, sino porque ese aroma despertará en su mente la misma sensación (las mismas sensaciones) que despertó en él el aroma del árbol sagrado.

Publicado el 9 de Septiembre por Carlos Blanc Portas
Fuente: Haiku y Poesía

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Sin otra luz

Sin otra luz 1

La editorial LápizCero Ediciones publica el que para muchos es considerado el mejor libro de haiku escrito por occidentales “Sin otra luz” un poemario elaborado por los españoles: Félix Arce, Manuel Díez y Mercedes Pérez bajo el magisterio del maestro Vicente Haya.

Auspiciado por Ciñe (Círculo independiente Ñ de escritores) la editorial LápizCero ediciones apuesta fuerte por una tríada de escritores españoles que desde hace tiempo están más que comprometidos con el haiku, se trata de Félix Arce Araiz, Manuel Díez Orzas y Mercedes Pérez Pérez, un grupo de haijines bien conocedores de lo que el haiku representa no sólo para el que lo lee sino también para aquel que intenta escribirlo. Debo confesar que al leer el título del poemario quedé asombrado por lo poético, ya no del título solo, sino del sugerente diseño de la cubierta obra de Xavier de Tusalle, sin embargo al leer el primer haiku y comprobar que el título provenía de su primer verso me inquieté por completo, el triunvirato de autores de Sin otra luz profesa la preceptiva del maestro Haya lo cual obliga al haijin a desaparecer de su haiku, concepto que además el propio Haya menciona en el prólogo del libro, y es en el mismo prólogo donde Vicente se pronuncia frente a lo arriesgado del título, ya que contiene apreciación personal, pero sin embargo lo considera acertado ya que «el verdadero haijin es aquel que no se deja censurar por las normas», algo en lo que los más puristas puede que no estén de acuerdo y que sin duda es arriesgado. Y siguiendo con lo singular del título, resulta que en mi cuaderno de notas tengo el dato de que en el año 2011, un año antes de la publicación de este poemario, el poeta norteamericano Juan Noyes afincado en España publica el poemario Sin otra luz y guía que fue merecedor del premio de poesía Pedro García Cabrera 2011, seguramente una casualidad anecdótica como las muchas que suelen ocurrir.

No es la primera vez que estos tres autores comparten autoría en un libro de haiku en castellano, en el año 2011 publicaron El Camino del Viento (QVE ediciones) junto a José Luis Vicent y Giovanni C. Jara, un libro muy recomendable.

Pero abordemos el poemario en cuestión, Sin otra luz, hay que decir que los poemas se presentan sin títulos ni numeración, sin mayúscula al principio de cada verso ni punto al final, sin distinción de autorías, sin dedicatorias, sin citas, es decir, lo más desnudos posible e imbricados entre sí, una concepción que sin duda lo dota de continuidad y hermanamiento, tan sólo se entromete en el discurso poético cuatro ilustraciones que hacen la función separadora de -posiblemente- cuatro bloques diferenciados por connotaciones estacionales. Esa supresión de lo prescindible, de la pretensión, de acercamiento al continuum de la pureza hallada en la Naturaleza es marca de la casa de Vicente Haya, que a su vez es legado de los grandes maestros orientales, una desnudez palpable a lo largo de 203 haikus que proyectan sus imágenes a razón de tres por página.

Uno de los muchos aciertos de la edición de Sin otra luz es el coeficiente de participación de los autores que aparece en las últimas páginas a modo de índice, algo que permite al lector identificar en todo momento qué haiku pertenece a cada autor. Así podemos adjudicar a Félix Arce (Momiji) en la página 23-1 el siguiente haiku: niños jugando, / el viento agita el ala / de un pájaro muerto; sabor de wabi-sabi, espíritu de shasei, un haiku de género cruel que no deja indiferente.

Manuel Díez, que fue ganador del IV certamen internacional de haiku Facultad de Derecho de Albacete con su trabajo Reflejos de agua, en la página 24-1 nos regala un haiku que algunos podrían interpretar como zappai, no hay suceso aparentemente pero los versos son de lo más pictórico, posee haimi y aware : cielo blanquecino… / de las ramas cuelgan / ciruelas pasas. Esa contemplación que nos subyuga puede empujarnos a verter la fascinación de nuestra mirada a veces de forma convulsa, como acto reflejo, sin pensar siquiera en lo que estamos haciendo, por eso a veces decidimos prescindir del suceso, porque un sólo impacto visual expresado con texturas es suficiente —como en este caso— para dejarse llevar por la escritura e intentar inmortalizar el momento alcanzando la categoría de haiku.

Mercedes Pérez (Kotori) que entre otros premios ha sido ganadora del 1º y 3º premio del IV Certamen Internacional de haiku No-Michi 2011 nos ofrece por su parte en la página 18-1 el siguiente haiku: revuelo de pájaros… / el sonido de la nieve / derritiéndose. La autora potencia en este caso lo sensitivo del momento, podemos escuchar el aleteo de los pájaros contrastado con el leve sonido de la nieve derritiéndose, un recurso muy empleado para subrayar la capacidad telúrica de esta forma poética, el lector imagina esa onomatopeya y cierra el poema cumpliendo una de las reglas fundamentales, no contarlo todo en el haiku.

La variedad de haikus que contiene el libro es espléndida, desde haikus con Kigo (palabra estacional) a haikus sin Kigo (Mu-Kigo), haikus con onomatopeya, con texturas palpables (haimi), jisei, centrando su importancia en lo sagrado y haciendo uso de un Nai-Inritsu envidiable.

Carcomidas / las hojas malva / atravesadas por la luz, en este haiku de Félix Arce ubicado en la página 57-3 somos partícipes de una belleza arrebatadora, lo bello no se explica, se evidencia, nuestra mirada, a contraluz del cielo, encuentra unas hojas malva que previamente han sido horadadas por gusanos y a través de esos orificios la luz del Sol entra como rayo luminoso, sin duda, Félix consigue sintetizar en sus tres versos toda una variedad de rasgos y detalles, descritos o sugeridos, que impregnan al conjunto de un aware muy sugerente. No por nada Félix es el actual ganador del certamen internacional de haiku El Vuelo del Samandar de Cuba, y además es buen conocedor de la lengua y cultura japonesa, dato muy importante si tenemos en cuenta que de esos ingredientes proviene el haiku.

Otro ejemplo del buen hacer de Manuel Díez es el haiku ubicado en la página 78-2: hace viento… / el muro rezuma / la lluvia de anoche. La panspermia, el caos, la reconfiguración de las pequeñas cosas por la causalidad de una ¿casualidad? Un ejemplo gráfico del variado número de sílabas que se utiliza en todo el libro en general. Siguiendo las instrucciones de Haya un haiku puede serlo si sus sílabas se encuentran entre 7 y 24 siendo 19 el número más recomendable, y es importante saber que la creencia en occidente de que un haiku debe tener 5/7/5 sílabas de manera radical es falsa y que el abuso de la misma conduce a una cacofonía rítmica muy denostada entre los japoneses por lo que es importante alternar los metros, busca el metro roto (hachó) en busca de una armonía sonora, condición heterométrica que en este libro se consigue completamente.

Mercedes Pérez en la página 58-3 nos ofrece este haiku: un haz de luz; / la espiral de mosquitos / vuelve a formarse. En esta ocasión se cumple el 5/7/5 de la mayoría occidental y un hecho tan cotidiano del que seríamos testigo en cualquier día de verano es representado aquí con una simpleza y claridad tan visual como inquietante. Mercedes es la autora que contribuye con más haikus al libro, aunque después de leer el conjunto poco importa eso ya que la cohesión y armonía entre los tres autores son tan evidentes como constantes.

Hay más de un denominador común que comparten estos autores, como por ejemplo su habitual presencia en una de las publicaciones más emblemáticas del mundo del haiku en español, la gaceta Hojas en la acera que coordina el valenciano Enrique Linares. Una revista que comenzó de forma digital pero que actualmente también se distribuye también de forma impresa y sirve tanto de difusión de la cultura y arte japoneses como de sugestivo análisis de sus formas a través de artículos y ensayos.

Además Félix, Manuel y Mercedes fundaron recientemente una escuela virtual para todos aquellos que quieran iniciarse en el haiku llamada Makoto una iniciativa que fue idea de Vicente Haya, maestro y ejemplo de estos tres escritores que poco a poco van consagrando su vida a esta forma de vivir compartiendo su percepción del mundo en un camino iniciático que conduce a la comunión del ser humano con la Naturaleza al mismo tiempo que supone irse desprendiendo del yo.

En definitiva Sin otra luz es —como dice Vicente Haya en el prólogo— un libro de estudio que se diferencia de las antologías castellanas al uso tanto por su consciente y arriesgado planteamiento como por su ejercicio de aniquilación del yo, no sólo en la construcción de los poemas sino en la estructura y edición del libro, no hay firmas, biografías, títulos, ni siquiera una pequeña fotografía de los autores. Por tanto es justo reconocer la labor de abnegación invertida y recomendar encarecidamente su lectura, una lectura que debe ser pausada y paladeada como los buenos vinos para saber apreciar el haimi de cada composición y degustar los diferentes matices que esconden estos versos. Como diría el gran Blyth Sin otra luz es un compendio de meras nadas inolvidablemente significativas.

Fuente: Heberto de Sysmo Acrópolis de la palabra

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La extensa línea del río

paisaje nevado (1)

Naga-naga to kawa hitosuji ya yuki no hara

La extensa línea del río
serpenteando a través
del campo nevado…

Bonchô

La mente oscila entre dos deseos: el de novedad y el de repetición. Anhela al mismo tiempo la variedad y la uniformidad, lo Uno y lo Múltiple. Esto es cierto en las tareas cotidianas de la mente y cuando alcanza sus más altos vuelos. Lo vemos en las expresiones del arte y de la ciencia. Si dos incomparables pueden ser comparados, tenemos que decir que el placer del reconocimiento cala más profundo que el de la sorpresa, y el verdadero espíritu de asombro es aquel al que Emerson denomina “el siempre bendito UNO”. El río es éste, éste es el páramo nevado…

Fuente:
R. H. Blyth: Haiku. Vol. IV. Hokuseido. Tokyo, 1951
versión libre: JB

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Haiku; territorio de libertad

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He aquí una reseña sobre el libro Haikus de amor, con textos seleccionados y traducidos por Elena Gallego y Seiko Ota. Estas autoras publicaron, también en Hiperión, el volumen: Haikus en el corredor de la muerte.

***

Jesús Munárriz, director de la editorial Hiperión, quien desde hace veinte años y de forma absolutamente pionera, introdujo el poema japonés en nuestras estanterías.

A.Petit 12 noviembre 2015/

De un tiempo a esta parte, las editoriales de poesía han dado en publicar numerosos libros de haikus, una manera poética que, desde ese mismo tiempo a esta misma parte, ha ido ganando espacio en las páginas de los poemarios de nuestros autores patrios. Quizá el ejemplo de mayor genialidad, como en tantas otras ocasiones, nos lo ofrece Luis Alberto de Cuenca y sus haikus asonantados.

Por justicia hemos de señalar que es Jesús Munárriz, director de la editorial Hiperión, quien desde hace veinte años y de forma absolutamente pionera, introdujo el poema japonés en nuestras estanterías.

Sin embargo, puede que el haiku sea la antípoda a nuestra tradición lírica, desde el Siglo de Oro hasta la llamada poesía de la experiencia. Este hecho evidente dificulta enormemente el disfrute, y por ello, el gozo de la lectura del haiku. Para poner remedio a esta otra evidencia, las editoriales – permítaseme la generalidad, siempre injusta – no hicieron por publicar ediciones cuidadas, con prólogos iniciáticos en tan milenaria forma poética. Por ello uno, que es castizo de casticismo inmemorial, nunca ha disfrutado de su lectura. De hecho, por incapacidad, siempre me he negado a escribir sobre libros de haikus. Pero heme aquí, escribiendo sobre ellos, sobre uno en concreto: Haikus de amor (Ed. Hiperión), una antología elaborada por Elena Gallego y Seiko Ota. Ésta, japonesa de toda la vida, es además una hispanista reconocido que desarrolla su actividad en la Universidad de Estudios Extranjeros de Kioto. Una simple vista a su currículum confirma el que sin duda es uno de sus mayores intereses: la unión entre la literatura japonesa y la hispanoamericana. Así, ha publicado artículos como La influencia del haiku en los poemas de Octavio Paz. Gallego, burgalesa ella, es Licenciada en Filología Hispánica, y doctora en ello con una tesis sobre la traducción de japonés al español. Para más inri, hoy es profesora de Español y de Traducción en la Universidad de Sofía de Tokio.

Pero, ¿para qué este introito?, podrá preguntarse. Y ahí va la respuesta: porque el haiku no por ser breve, o brevísimo, puede ser traducido por cualquiera ni editado por cualquiera. En esto, como en tantas otras cosas, la formación cuenta. Y que Gallego y Ota sean quienes han traducido y realizado la edición de Hiperión, es una garantía de trabajo bien hecho.

A lo que muchas veces se enfrenta el lector neófito cuando se asoma a los versos de un haiku es a su interpretación. Gallego consuela a ese lector en el prólogo (¡benditos prólogos, cuando son tan claros!): “Una de las características más importantes del haiku es que se trata de una obra abierta, es decir, puede tener varias lecturas. Por tanto, quisiéramos que los lectores tuvieran en cuenta que nuestra visión no es más que una de las muchas traducciones posibles. La interpretación depende en gran parte de cada lector”. Aún más claro: “el haiku tiene de por sí un carácter incompleto que el lector debe completar con su imaginación”. ¡Qué gran libertad! Cuando uno, que es neófito, comprende eso, un gozo extraño pero reconfortante, una emoción eléctrica y a la vez, calurosa, le recorre de pies a cabeza cuando lee: “En mi corazón/habita una única persona./Círculo invernal”. Tres versos tan sencillos que pueden albergar todo lo que la emoción y la experiencia propia sean capaces de verter. Es una copa que nunca rebosa.

Nada diré aquí de estilos y métricas, pues esto no es una crítica. Realmente, este artículo es una celebración por haber logrado, al fin, disfrutar leyendo haikus. Sólo hube de comprender que sus tres versos no son frontera de un significado intrincado, sino un enorme paraje de libertad lírica en la que el propio lirismo encuentra asiento. ¡Qué gran libertad!

Fuente: ritmosxxi

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Tres haikus de León Molina

Warburg: Corteza de chopo blanco

Warburg: Corteza de chopo blanco

El viento norte
zarandea los chopos.
Suena un portazo.

Sobre la nieve
las huellas del gorrión
y las del gato.

El dulce olor
de un guiso me despierta.
Soñé con ella.

León Molina
(San José de las Lajas, Cuba, 1959)

A los nueve años, León llegó a España. Alterna su residencia entre la ciudad de Albacete y la aldea de Yetas, en la sierra albaceteña. Entre sus libros se cuentan los siguientes: Breviario Variable, Señales en los puentes, El son acordado, Llegar y El taller del arquero. Agradezco la gentileza que ha tenido al permitirme publicar estas muestras de su creación.

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