Monthly Archives: Julio 2015

No hay nadie ahí

Mila durmiendoHito mo nashi ko hitori netaru kaya no naka

No hay nadie ahí.
Un niño duerme
bajo el mosquitero.

Shiki

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125 Aniversario de la muerte de Van Gogh

Van Gogh: Retrato del Padre Tanguy

Van Gogh: Retrato del Padre Tanguy

Este 29 de julio se cumplen 125 años de la muerte del gran pintor holandés Vincent Van Gogh. Como un modesto homenaje, veamos algunas huellas del arte japonés en sus geniales creaciones…

Van Gogh: Puente colgante en Nieuw-Amsterdam Otoño, 1883

Van Gogh: Puente colgante en Nieuw-Amsterdam
Otoño, 1883

 

Utagawa Hiroshige: Puerta de entrada al santuario 1832-1835

Utagawa Hiroshige: Puerta de entrada al santuario
1832-1835

Vincent Van Gogh: Olivar Junio 1889

Van Gogh: Olivar
Junio 1889

 

Utagawa Hiroshige: Playa de las maiko en la provincia de Harima 1853

Utagawa Hiroshige: Playa de las maiko en la provincia de Harima
1853

 

Vincent Van Gogh: La noche 12-15 de mayo de 1890

Vincent Van Gogh: La noche
12-15 de mayo de 1890

Utagawa Hiroshige: Un monje preguntando el camino 1838-1842

Utagawa Hiroshige: Un monje preguntando el camino
1838-1842

 

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Calma de muerte

Taneda Santôka (1882-1940)

Taneda Santôka (1882-1940)

死のしづけさは晴れて葉のない木

Shi no shizukesa wa harete ha no nai ki

Calma de muerte:
bajo el cielo despejado,
árboles sin hojas

Santôka

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Policías

untitledPolicía

-¿Cómo se escribe?-
le pregunta el gendarme
al infractor.

Kaishi

Hubo un tiempo en que los policías japoneses no eran muy letrados. Algunos se veían en apuros a la hora de multar. Bajo el tono autoritario con que éste pregunta se desliza, casi imperceptible, un temblor que pone en evidencia la vergüenza que siente por su ignorancia.

Otro, del mismo autor:

Aunque es de Nago,
el policía no escucha
sus argumentos.

Por su acento descubre que el agente es de Okinawa, le pregunta y ¡ambos nacieron en el mismo pueblo! Pero el representante de la ley no se ablanda con sus acongojadas invocaciones a la tierra natal. Así aprende el compatriota que no hay peor cuña que la del mismo palo.

Fuente: Apocryphal Blyth`s excerpts. Hokkuseido. Tokyo, 1950
Versión libre: JB

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El agua clara

curujey 2

De un curujey
prendido a un jobo, bebo
el agua clara.*

José Martí
(La Habana, 1853 – Dos Ríos, 1895)

* Fragmento del Diario De Cabo Haitiano a Dos Ríos, obra en prosa original donde relumbran auténticos haikus…

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La era del japonismo

casa de manet

Las raíces del primer “boom” cultural japonés: la era del japonismo
Watanabe Hirotaka
[15.07.2015]

La porcelana, la cerámica y los lacados introdujeron a Japón en Europa

Si examinamos la historia de los intercambios culturales que vienen realizando Japón y Europa, veremos que la primera manifestación artística japonesa que obtuvo el reconocimiento de los países europeos no fueron los grabados del ukiyoe (literalmente, “imágenes del mundo flotante”), sino las obras en porcelana.

Piezas de porcelana del estilo koimari datadas en torno a 1680, Museo Nacional de la Cerámica de Sèvres. (Fotografía: Word Imaging)

Piezas de porcelana del estilo koimari datadas en torno a 1680, Museo Nacional de la Cerámica de Sèvres. (Fotografía: Word Imaging)

La porcelana comenzó a desarrollarse en China, de donde era adquirida por las familias reales y por la nobleza de los países europeos. Sin embargo, con el hundimiento de la dinastía Ming se detuvo la exportación de porcelana china, que comenzó a ser sustituida por la japonesa. Ocurrió a mediados del siglo XVII.
Fue en esa época cuando surgieron estilos como el koimari, el ironabeshima o el kakiemon. Se calcula que en los 30 años que median entre 1652 y 1683, cerca de 1,9 millones de piezas de porcelana japonesa llegaron a Europa. Sin embargo, debido al hallazgo en Europa de minerales aptos para la fabricación de porcelana blanca y a los avances en las técnicas de fabricación realizados en Meissen (Alemania) y Sèvres (Francia), la producción de porcelana que imitaba los modelos chinos y japoneses experimentó un gran desarrollo en Europa, reduciéndose las importaciones desde Japón.

También en la segunda mitad del siglo XVII, las vajillas y otros utensilios lacados estuvieron entre los objetos importados de Japón más representativos, hasta el punto de que la palabra Japan servía para designarlos. Algunos de ellos, los del estilo nanban, reflejan la influencia del cristianismo que difundieron por las islas los misioneros europeos. No solo fueron utilizados en las iglesias como objetos litúrgicos: se expandieron también a otros usos de la vida cotidiana. Su exportación a Europa se hizo a través de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales.

Cuando el ukiyoe servía como envoltorio

Además de estos objetos de artesanía están los citados grabados ukiyoe. Se cree que la técnica de impresión polícroma con plancha de madera llamada nishikie, que permitía una gran precisión, se consiguió en 1765, pero no fue hasta mucho tiempo después cuando los grabados comenzaron a exportarse. Las primeras exportaciones de ukiyoe las hizo Isaac Titsingh (1745-1812), opperhoofd o jefe de la Factoría Holandesa de Nagasaki. Posteriormente, fue el alemán Philipp Franz von Siebold (1796-1866), que llegó a Japón como médico de la citada factoría, quien presentó en Europa las obras del maestro grabador Katsushika Hokusai.

Dos láminas del Hokusai-manga (circa 1812), en 15 volúmenes (impresión Tōhekidō, 1878, Librería Nacional de la Dieta)

Dos láminas del Hokusai-manga (circa 1812), en 15 volúmenes (impresión Tōhekidō, 1878, Librería Nacional de la Dieta)

La alta valoración que los franceses concedieron a los objetos de arte japoneses llegaría a mediados del siglo XIX. Los hermanos Edmond y Jules de Goncourt, en su famoso Journal, describen salones decorados con muestras de arte japonés (1851). Es decir, que apenas iniciado el periodo del Segundo Imperio, entre los intelectuales de ese país se había producido ya algo así como un boom de lo japonés.

Se tiene constancia de que, cuando se celebró en París la Exposición Universal de 1867, existían ya admiradores de lo japonés. Es célebre el detalle de que, al principio, los primeros ukiyoe no eran sino envoltorios de los objetos de cerámica que llegaban desde Japón. Eso es al menos lo que ocurrió con los Hokusai-manga o esbozos de Hokusai. El valor artístico de estas obras no pasó desapercibido al grabador francés Félix Bracquemond. Fue en 1856. Pocos años después, los señores Desoye abrirían en París la primera tienda de arte japonés.

Como es sabido, el ukiyoe recibió una alta valoración por parte de los artistas del impresionismo y su reconocimiento se extendió después a todo el mundo. En los fondos del retrato de Émile Zola pintado por Édouard Manet se ve un biombo japonés. Claude Monet presentó en la Segunda Exposición Impresionista (1876) su obra La japonaise. Junto a ellos, otros grandes artistas, como Edgar Degas, Paul Gauguin o Henri de Toulouse-Lautrec, fueron influidos por el arte japonés. La casa de Monet, situada en Giverny, a las afueras de París, está decorada con multitud de grabados ukiyoe, que prueban el interés que sentía el artista por este género.

Gracias a la iniciativa del marchante de arte Hayashi Tadamasa (1853-1906), Edmond de Goncourt publicó sus monografías de Utamaro (1891) y Hokusai (1896). Así pues, en este primer boom japonés las obras más valoradas fueron los grabados ukiyoe.

Izquierda: Retrato de Émile Zola, de Édouard Manet (1868, Museo de Orsay). Derecha: La japonaise, de Claude Monet (1876, Museo de Bellas Artes de Boston).

Izquierda: Retrato de Émile Zola, de Édouard Manet (1868, Museo de Orsay). Derecha: La japonaise, de Claude Monet (1876, Museo de Bellas Artes de Boston).

Comienza el boom del japonismo

El ukiyoe fue el detonante que disparó el gran boom del japonismo, que difundió el arte japonés primero por Europa y después por el resto del mundo. El país que más contribuyó a esta difusión fue Francia. Tras las figuras pioneras del coleccionista de arte Henri Cernuschi y el crítico Théodore Duret, visitaron Japón los connaisseurs Émile Étienne Guimet y Samuel Bing, todos entre 1871 y 1880. Ellos mismos se encargaban de comprar las obras que llevaban a Europa.

Los japoneses también se implicaron activamente en la exportación de arte durante los últimos años del periodo Edo y la subsiguiente era Meiji. El Gobierno del shōgun llevó a la citada Exposición Universal de 1867 una nutrida representación de grabados, kakemono (caligrafías y pinturas colgantes enrollables), quimonos, makie (lacados con dibujos de polvo de oro, plata, etc), objetos de porcelana y otros artículos, que fueron vendidos en su totalidad al concluir la gran cita internacional. Esto marcó un hito en la presentación en el extranjero del arte japonés. En la Exposición Internacional de 1878, en la parisiense plaza del Trocadéro se reprodujo una casa de labranza tradicional japonesa y se presentaron escenas de la vida cotidiana de los japoneses. El furor por lo japonés alcanzaba entonces su cúspide.

Izquierda: Delegación japonesa que acudió a la Exposición Universal de París de 1867 (Le Monde Illustré, Biblioteca Nacional de Francia). Derecha: Catálogo de los objetos expuestos por Japón en la Exposición Universal de París de 1878 (Biblioteca Nacional de Francia)

Izquierda: Delegación japonesa que acudió a la Exposición Universal de París de 1867 (Le Monde Illustré, Biblioteca Nacional de Francia). Derecha: Catálogo de los objetos expuestos por Japón en la Exposición Universal de París de 1878 (Biblioteca Nacional de Francia)

El primero en utilizar el término japonismo fue el crítico de arte francés Philippe Burty. La definición del término es objeto de debate, pero podrá valer la que a continuación viene:

“El japonismo es el influjo japonés recibido por el arte europeo y norteamericano durante la segunda mitad del siglo XIX. Este influjo se extendió a todas las artes: pintura, escultura, grabado, dibujo, así como a la artesanía, arquitectura, diseño de moda, fotografía, y se ha constatado también en otras áreas, desde el teatro, la música, o la literatura, hasta el arte culinario(*1)”.

Este influjo se extendió por Europa y Estados Unidos, pero llegó también a países tan lejanos de estos como Australia. Se considera que remitió alrededor de la Primera Guerra Mundial. Como exotismo, puede considerarse una manifestación más del “orientalismo”, tomando este término en su sentido más amplio, que estuvo presente en la cultura europea desde inicios del siglo XIX. Durante el medio siglo que duró, sirvió de estímulo en los más variados campos, para cuestionar los estilos y valores tradiciones del arte occidental, pero con el paso del tiempo fue perdiendo frescura y, finalmente, su función(*2).

La revista Le Japon artistique

 Número de mayo de 1889 de la revista mensual Le Japon artistique, editada por S. Bing (Colección Digital de la Universidad de Wisconsin).


Número de mayo de 1889 de la revista mensual Le Japon artistique, editada por S. Bing (Colección Digital de la Universidad de Wisconsin).

Bing, que además de marchante era crítico y articulista, fue la figura central del japonismo, un fenómeno que fue expandiéndose a gran velocidad. Destaca, entre su actividad, la publicación entre los años 1888 y 1891 de la revista de lujo Le Japon artistique, que tuvo versiones en inglés y alemán. Bien provista de láminas a todo color, presentó diversos aspectos de la cultura japonesa, desde los grabados ukiyoe, la artesanía en oro o la cerámica, a la arquitectura y el teatro kabuki. Se publicaron 36 números. En el número de mayo de 1888, Bing elogió el sentido artístico de los japoneses, diciendo que “[el artista japonés] está persuadido de que la naturaleza contiene los elementos primordiales de todas las cosas. Por tanto, para él, no existe nada en la creación, ni siquiera una pequeña hoja de hierba, que no merezca un lugar entre los conceptos elevados del arte”. Son palabras que se sitúan en la misma línea de las opiniones del crítico de arte británico John Robinson, quien, en sus comentarios sobre la cerámica china y japonesa, alabó la pureza de sus motivos, la simplicidad y elegancia de sus formas y su buena calidad como principales características de las producciones japonesas. Similares opiniones siguen vertiéndose a menudo hoy en día al hablar sobre la calidad de los productos japoneses en general, de modo que podemos considerar esos rasgos cualidades intrínsecas de la cultura japonesa.

El principal objetivo de Bing al publicar su revista era ampliar el círculo de amantes del arte japonés y abrir así nuevas vías de comercialización, pero su presentación de Japón como modelo del arte total influyó en muchos artistas. Que el título de revista fuera “El Japón artístico” y no “El arte de Japón” es un detalle cargado de sentido. Supone ver el conjunto de la vida de los japoneses como algo artístico, lo que equivale a conceder una alta valoración a Japón como país.

El japonismo y su influjo posterior

Se dice que el japonismo siguió ejerciendo su influjo sobre la corriente pictórica de los nabis, y en otros muchos campos, como los grabados polícromos para decoración de interiores, los pósters, la cerámica y la arquitectura del art noveau, etc. Émile Gallé, nacido en Nancy, utilizó como motivos en sus creaciones en vidrio insectos y flores. En París, François-Eugène Rousseau, creador de vidrios decorativos todavía más vistosos, tomó por motivos carpas y utilizó grandes diseños florales, muy al estilo de Hokusai.

Es interesante constatar que la compañía americana Tiffany, fundada por el padre del famoso Luois Comfort Tiffany, estableció en 1850 una tienda en París y desde 1860 comenzó a vender artículos que utilizaban motivos japoneses. Las cafeteras, las teteras, los envases de leche, azúcar, etc, mostraban también flores, plantas e insectos como las libélulas, típicamente japoneses.

El influjo de este japonismo en el arte y la artesanía fue expandiéndose hasta alcanzar Europa Oriental y Rusia, y cruzó también el Atlántico hasta Estados Unidos, de donde pasó luego, a través del Pacífico, a Oceanía. Como hemos dicho, la época del japonismo llegó a su fin con la Primera Guerra Mundial, aunque ciertos aspectos se extendieron hasta la época de la Segunda Guerra Mundial. Con la guerra se extendió una imagen de Japón más agresiva y el japonismo perdió popularidad. También puede decirse que el orientalismo que englobaba al conjunto de Asia Oriental perdió frescura y caducó.

(Escrito el 25 de mayo de 2015 y traducido al español del original en japonés)

Fotografía del titular:
La casa de Monet, en Giverny, a las afueras de París.
(*1) ^ Mabuchi Akiko: Japonizumu – Gensō no Nihon. Brücke, 1997, pág. 11.
(*2) ^ Japonizumu Gakkai (Sociedad para el Estudio del Japonismo): Japonizumu Nyūmon. Shibunkaku Shuppan, 2000, pág. 13-14.

Fuente: Nippon.com

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Soneto insular

René Portocarrero: Flora

René Portocarrero: Flora

Descalza en el umbral de la mañana
naces de un fondo de amapolas rotas
y de ti misma convertida brotas
en geranio, en naranja y en manzana.

La dulcísima brisa una ventana
abre al sahumerio de las bergamotas.
Tú, inocente del iris en que flotas
te embriagas de la rosa más lejana.

Pescados rojos, islas de verano
y cifras de calor se dan la mano
en arenas de luz y olas henchidas.

Y un desperezo lento de palmeras
riza en tornasoladas primaveras
la canción de coral en que te olvidas.

Emilio Ballagas
(Camagüey, 1910 – La Habana, 1954)

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La inocencia del haiku

La Inocencia del Haiku

Esta es una noticia que se publicó hace dos años, pero al releerla me pareció útil compartirla, ya que aspiramos a promover cuantas experiencias puedan contribuir a que se practique la escritura del haiku en Cuba. En los últimos días, he publicado varios mensajes dedicados al haiku que escriben nuestras niñas y niños. No está mal entonces recordar cómo lo hacen las niñas y los niños japoneses.
Saludos desde la Zona 1 de Alamar.
JB

***

Niños poetas de Japón nos ayudan a encontrar la inocencia
El especialista Vicente Haya seleccionó 160 composiciones de pequeños de cinco a 11 años

Ericka Montaño Garfias

Periódico La Jornada
Martes 3 de julio de 2012, p. 5

Haiku, composición poética de origen japonés que consta de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas, respectivamente. Esa es la definición que ofrece el Diccionario de la Real Academia Española. Ahora Vicente Haya, especialista en cultura japonesa, ofrece a los lectores la compilación La inocencia del haiku: selección de poetas japoneses menores de 12 años, publicado por la editorial Vaso Roto.

Haya (Sevilla, 1962) es autor de más de 30 libros sobre nipología e islamología, muchos de éstos han sido dedicados al haiku: Santôka (70 haikus esenciales), El corazón del haiku (La expresión de lo sagrado), El espacio interior del Haiku, Haikus japoneses de vuelo mágico o Haiku-dô.

Un pequeño de seis años, autor de este haiku

Un pequeño de seis años, autor de este haiku

Compromiso con los lectores

En La inocencia del haiku, cuya traducción estuvo a su cargo junto con Yurie Fujisawa, Haya escribe en el prólogo cómo desde 1992 se interesó por indagar en la expresión de lo sagrado en el haiku japonés.

Ahora, añade, contraigo un nuevo compromiso editorial con mis lectores al reiniciar con ellos este camino del haiku paso a paso, desde la mirada de los niños, sin tantas palabras, sin tantas explicaciones, sólo haikus, pero minuciosamente seleccionados para que cumplan con su función, como las dosis precisas de una medicina. Y son 160 dosis, 160 haikus cuyos autores tienen entre cinco y 11 años.

El origen del volumen se puede encontrar en una investigación que se inició en 2004, publicada como El espacio interior del haiku, 47 claves del haiku bien construido, en el que incluyó haikus de niños japoneses, entre haikus de Shiki, Buson y Basho. Esos tres haikus de niños los comenté a conciencia, exactamente como hice con el resto de los de la antología.

Sin embargo, reconoce que la mezcla entre autores reconocidos y los haikus de niños fue recibida muy bien en Occidente, pero resultó francamente mal acogida entre los japoneses, particularmente entre los académicos. Les pareció algo remotamente parecido a una burla, una falta de sensibilidad o de inteligencia crítica.

La razón: no se considera el haiku escrito por los niños como algo de valor en sí mismo. No es más que parte de la educación básica japonesa y prueba que se está haciendo lo posible por consolidar las bases de la pervivencia de su cultura en el tiempo. Nada cuyo resultado pueda ponerse, ni en el mejor de los casos, al nivel de los grandes poetas del haiku.

Vicente Haya pone en entredicho las razones de los académicos japoneses, al incluir en su prólogo un haiku de Buson y otro de un niño de nueve años, y reta al lector a descubrir quién es el autor de cada uno.

Por supuesto que el haiku es una técnica, pero muy sencilla, y por supuesto que es un arte, pero al alcance de todo aquel que tenga sensibilidad. En realidad, el haiku es sobre todo plasmación de una inocencia no perdida o recuperada.

Un verdadero haijin (poeta del haiku), dice más adelante, lo primero que debe hacer es bus-car la inocencia dentro de sí. Solo o con ayuda. El haiku que hacen los niños puede ayudarnos a encontrarla.

Para Haya, el haiku no son sólo palabras, y para escribirlos es necesaria una mirada limpia, el saber estar sin esperar nada es esencial, la ausencia de juicio al género humano es esencial. Todo es necesario en el haiku.

Y la mirada de los niños es así, y nos enseñan también a seleccionar de entre la infinidad de objetos poéticos que nos rodean los asombros más elementales, los que pasan más desapercibidos.

Poco a poco, escribe el compilador, los niños van enfermando de nuestras mismas enfermedades, la del consumismo, la del egoísmo, también la de la estupidez, pero mientras hacen ese proceso de pérdida de la infancia aún son capaces de extraordinarias apreciaciones, como podremos comprobar en esta antología. Gracias a lo que estos niños japoneses sintieron alguna vez, y dejaron por escrito, ahora nosotros podemos recuperar esa inocencia que un día perdimos. Ni se sabe ya hace cuánto tiempo.

Ahora, La inocencia del haiku pertenece a ese género de libros que prácticamente es imposible encontrar en las librerías japonesas, en las que sí es posible comprar libros de haikus para niños… escritos por adultos.

 

Fuente: La Jornada

 

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San Francisco de Asis

Giotto: Leyenda de San Francisco. El sermón a las aves.

Giotto: Leyenda de San Francisco. El sermón a las aves.

[…]No quiero desarrollar esta encíclica sin acudir a un modelo bello que puede motivarnos. Tomé su nombre como guía y como inspiración en el momento de mi elección como Obispo de Roma. Creo que Francisco es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad. Es el santo patrono de todos los que estudian y trabajan en torno a la ecología, amado también por muchos que no son cristianos. Él manifestó una atención particular hacia la creación de Dios y hacia los más pobres y abandonados. Amaba y era amado por su alegría, su entrega generosa, su corazón universal. Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo. En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior.

Su testimonio nos muestra también que una ecología integral requiere apertura hacia categorías que trascienden el lenguaje de las matemáticas o de la biología y nos conectan con la esencia de lo humano. Así como sucede cuando nos enamoramos de una persona, cada vez que él miraba el sol, la luna o los más pequeños animales, su reacción era cantar, incorporando en su alabanza a las demás criaturas. Él entraba en comunicación con todo lo creado, y hasta predicaba a las flores « invitándolas a alabar al Señor, como si gozaran del don de la razón ».* Su reacción era mucho más que una valoración intelectual o un cálculo económico, porque para él cualquier criatura era una hermana, unida a él con lazos de cariño. Por eso se sentía llamado a cuidar todo lo que existe. Su discípulo san Buenaventura decía de él que, « lleno de la mayor ternura al considerar el origen común de todas las cosas, daba a todas las criaturas, por más despreciables que parecieran, el dulce nombre de hermanas ».** Esta convicción no puede ser despreciada como un romanticismo irracional, porque tiene consecuencias en las opciones que determinan nuestro comportamiento. Si nos acercamos a la naturaleza y al ambiente sin esta apertura al estupor y a la maravilla, si ya no hablamos el lenguaje de la fraternidad y de la belleza en nuestra relación con el mundo, nuestras actitudes serán las del dominador, del consumidor o del mero explotador de recursos, incapaz de poner un límite a sus intereses inmediatos. En cambio, si nos sentimos íntimamente unidos a todo lo que existe, la sobriedad y el cuidado brotarán de modo espontáneo. La pobreza y la austeridad de san Francisco no eran un ascetismo meramente exterior, sino algo más radical: una renuncia a convertir la realidad en mero objeto de uso y de dominio.

Por otra parte, san Francisco, fiel a la Escritura, nos propone reconocer la naturaleza como un espléndido libro en el cual Dios nos habla y nos refleja algo de su hermosura y de su bondad: « A través de la grandeza y de la belleza de las criaturas, se conoce por analogía al autor » (Sb 13,5), y « su eterna potencia y divinidad se hacen visibles para la inteligencia a través de sus obras desde la creación del mundo » (Rm 1,20). Por eso, él pedía que en el convento siempre se dejara una parte del huerto sin cultivar, para que crecieran las hierbas silvestres, de manera que quienes las admiraran pudieran elevar su pensamiento a Dios, autor de tanta belleza.*** El mundo es algo más que un problema a resolver, es un misterio gozoso que contemplamos con jubilosa alabanza.[…]

* Tomás de Celano, Vida primera de San Francisco, XXIX, 81: FF 460.
** Legenda maior, VIII, 6: FF 1145.
*** Cf. Tomás de Celano, Vida segunda de San Francisco, CXXIV, 165: FF 750.
Fuente:
Papa Francisco: Carta Encíclica “Laudato Si, sobre el cuidado de la casa común.”

 

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Platos y cuencos

Tsukioka Yoshitoshi: La luna de Kasuga

Tsukioka Yoshitoshi: La luna de Kasuga

Sara hachi mo honokani yami no yoisuzumi

Platos y cuencos,
tenues en la fresca penumbra
del anochecer

Bashô

Las vasijas utilizadas en la cena brillan tenuemente en la oscuridad. Pero el frescor tiene un importante papel. Solo cuando el cuerpo y la mente están en perfecto reposo podemos ver los infinitos significados de los incidentes triviales y cotidianos. Bashô habría apreciado profundamente la descripción que hace Katherine Mansfield en su cuento Felicidad, aunque esta fue una percepción de los mismos objetos en un momento de excitación física y mental. Bertha estaba ordenando las frutas, mandarinas y manzanas, peras y uvas blancas y moradas:

Cuando hubo hecho con todas aquellas lustrosas redondeces dos pirámides, se alejó unos pasos para ver el efecto, que era realmente muy curioso. La mesa oscura se fundía en la penumbra de la habitación, y los dos platos -el azul y el de cristal cargados de fruta- parecían flotar en el aire.

 

Fuente:
R. H. Blyth: Haiku. Vol. III. Hokuseido. Tokyo, 1952
Versión libre: JB

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