El largo día

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Nagaki hi wo  saezuri taranu  hibari kana

El largo día
no le basta a la alondra
que canta y canta…

 Bashô

 La alondra no canta siguiendo las normas del Sindicato. Este es el Zen de la alondra, visto por un niño, en una vaca:

 A la vaca rojiblanca,
amo con el corazón:
me da toda la nata que puede
para el pastel de manzanas…

 Desde el claro amanecer que oculta las estrellas hasta la noche púrpura que las revela una vez más, la alondra canta, canta. Su avidez por cantar está expresada en estos versos de Issa:

 Yabujiri wa  mada kurai zoyo  naku hibari

 Canta una alondra.
Donde termina el bosque
aún está oscuro.

 Otro de Issa con significado similar:

 Ariake ya  ame no naka yori  naku hibari

 Amanecer…
Una alondra cantando
en medio de la lluvia.

 Comparemos los versos de Bashô con los de Dante (Paradiso, XX, 73-75):

 Qual lodoletta, che in aere si spazia
prima cantando, e poi tace, contenta
dell’ultima dolcezza che la sazia.

 Como la alondra que en el aire se explaya
Cantando y luego calla, feliz
De la última dulzura que la sacia.

 

Fuente:
R. H. Blyth: Haiku. Vol. II. Hokuseido. Tokyo, 1950
Versión libre: JB

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