El Caballero de París

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Arribó a Cuba como muchos otros inmigrantes españoles. Su único ajuar: la negra sotana y periódicos viejos que, por las noches, se convertían en lecho. Cualquier portal como aposento. Esa imagen quijotesca, con sus ilusorias vivencias soberanas, urdió contradicciones en torno a su pasado. Yo tenía castillos…así comenzaba una de sus historias más notables.

Se convirtió en símbolo de la ciudad. Anduvo durante años en constante peregrinación por los barrios habaneros, siempre escoltado por la muchachada. ¡Un vagabundo extraordinario, respetado y admirado por todos!

A la entrada del convento de San Francisco de Asís, en La Habana Vieja, una estatua de bronce perpetúa su memoria. Son muchos los que paran junto a ella y se aferran a su mano izquierda…

Pose de andante
Bruñido el dedo índice
del Caballero…

José Manuel Rodríguez

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2 Responses

  1. jorgebraulio dice:

    José Manuel:
    Me gusta esta estampa…

    Pose de andante
    Bruñido el dedo índice
    del Caballero…

    ¿Por qué lo consideras un haiku?

    Saludos desde Alamar

  2. Josemanuel dice:

    pose de andante
    bruñido el dedo índice
    del Caballero…

    Cuando intento un haiku me estoy enfrentando a cuatro chiripas. Al percibir aquello que interesó a alguno o algunos de los sentidos, o provocó un determinado estado de ánimo, lo que me queda es tratar con las 17 (mas, menos) que quien me lea vea o sienta el suceso. Entonces en esta transcripción puedo tener como producto final, una composición:

    1.buena 2.regular 3.mala 4.no haiku, si no nos atenemos a las normas que lo rigen.

    Creo que no es el caso, pues por su forma cumple con las exigencias del haiku clásico (5-7-5), y por su contenido, algo que está aquí y ahora… No hay metáfora, lenguaje sencillo. No rima… Ahora, lo que sí puede que esté en el parámetro 3.

    Siempre digo, y es cierto, que tengo “haiku” muy malos que son los que más me gustan, pues la mala transcripción que solo yo entiendo me transporta a aquella visión… Quizás en este caso, si no estuviera acompañado de la prosa, le daría otra vuelta… Tantas remembranzas me asaltaron que con el dedo, la mano, la barba brillantes creo podría intentar muchos haiku… Tuve la suerte de ser uno de los que caminaba detrás de él, y oír, sentados a su alrededor, sus historias y la mayor: poderlo contar… Pero muy pocos eran los que deseaban tocarle la mano o la barba… No eran muchos los mayores que se le acercaban, era un vagabundo auténtico…

    brilla la mano
    de la efigie en bronce
    del vagabundo

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